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Etiquetas:   -   Secci√≥n:   Opini√≥n

Einstein y Platón entran en un bar...

La delgada línea roja entre Ciencia y Filosofía
Juan Ignacio Barrasa López
@juan_barrasa
jueves, 8 de septiembre de 2016, 08:39 h (CET)
Einstein y Plat√≥n entran en un bar. Cuando el camarero alza la vista y ve a ambos acercarse a la barra, sabe que las cosas se van a poner feas‚Ķ El resto de clientes habituales se esfuman r√°pidamente intentando evitar ser v√≠ctimas de un duro ataque dial√©ctico. Pero a ellos dos les encanta ese juego. Luchan por quedar como el ‚Äúgallo‚ÄĚ del corral frente al resto de parroquianos.

‚Äú¬°Hombre, Einstein! ¬ŅC√≥mo te va? Te veo regular‚ĶYa no eres la ‚Äúsombra‚ÄĚ de lo que eras‚Ķ‚ÄĚ, dijo Plat√≥n en tono sarc√°stico. ‚ÄúBueno, ya deber√≠as saber que eso es relativo. De los dos, yo soy quien tiene mejor f√≠sico‚ÄĚ, respondi√≥ Einstein. Aquello era s√≥lo el comienzo. Ambos se enzarzaron en una enconada discusi√≥n acerca de la importancia de sus respectivas √°reas de estudio frente a las carencias de las de su adversario. Mientras Plat√≥n argumentaba que la Ciencia es incapaz de explicar algunos de los conceptos que ella misma ha creado y, por tanto, debe asumir que en muchas ocasiones se apoya en la filosof√≠a, Einstein respondi√≥ con una frase de su amigo Richard Feynman: ‚ÄúLa Filosof√≠a de la Ciencia es tan √ļtil para los cient√≠ficos como la ornitolog√≠a para los p√°jaros‚Ķ‚ÄĚ.

‚ÄúNo me hagas tirar de la cuerda‚Ä̂Ķ, respondi√≥ Plat√≥n. ‚ÄúYa sabes a lo que me refiero. Expl√≠came entonces esa fant√°stica Teor√≠a de Cuerdas de la que tan orgullosos est√°is‚ÄĚ. A Einstein le cambi√≥ el gesto s√ļbitamente. Sab√≠a que Plat√≥n acababa de meter el dedo en la llaga. Apur√≥ un √ļltimo trago de su cerveza y abandon√≥ el local murmurando: ‚Äú¬°No tengo tiempo (ni espacio) para discutir con este individuo!

Habr√≠a sido genial poder ser testigo de un encuentro como este. Por desgracia, aquellas dos grandes mentes nacieron separadas por muchos siglos de diferencia. Aunque estoy seguro de que, de haberse conocido, habr√≠an sido m√°s amigos que enemigos. Pero en cuanto al tema que hoy nos ocupa, desde luego que habr√≠a generado un encendido debate entre ambos. Hace tiempo le√≠ un texto que defin√≠a de forma muy gr√°fica los conceptos de filosof√≠a, metaf√≠sica, teolog√≠a y ciencia. El texto dec√≠a que la filosof√≠a es como entrar en un cuarto oscuro buscando un gato negro. La metaf√≠sica ser√≠a como entrar en un cuarto oscuro buscando un gato negro que no est√° ah√≠. La teolog√≠a entrar√≠a en un cuarto oscuro buscando un gato que no est√° ah√≠, pero gritar√≠a ‚Äú¬°lo encontr√©!‚ÄĚ e intentar√≠a convencer al resto de que es cierto. Finalmente, la ciencia consistir√≠a en encender la luz del cuarto para ver qu√© demonios hay dentro‚Ķ Pero, ¬Ņqu√© ocurre cuando la ciencia no encuentra el interruptor? O quiz√°, simplemente no tenga a su disposici√≥n bombillas lo suficientemente potentes como para iluminar el cuarto‚Ķ

Probablemente nos encontremos actualmente ante una de las mayores disyuntivas entre Ciencia y Filosof√≠a que ha tenido que encarar la Ciencia moderna, y que tiene que ver con esa teor√≠a a la que Plat√≥n se refer√≠a en la discusi√≥n del bar: la ‚ÄúTeor√≠a de Cuerdas‚ÄĚ. Durante varias d√©cadas la f√≠sica ha intentado unificar en una √ļnica gran teor√≠a dos de sus campos fundamentales: la f√≠sica cu√°ntica y la relatividad general. O, simplific√°ndolo burdamente, la f√≠sica que ocurre a peque√Īa escala (at√≥mica y subat√≥mica) y la que ocurre a gran escala. A trav√©s de varias aproximaciones matem√°ticas, la f√≠sica te√≥rica ha generado una teor√≠a que parece dar respuesta a este conflicto. Seg√ļn la teor√≠a de cuerdas, todo el universo est√° repleto de diminutas cuerdas unidimensionales, cuya diferente vibraci√≥n da lugar a distintos tipos de part√≠culas (salvando las distancias, podr√≠a compararse con las cuerdas de la guitarra, cuyas vibraciones generan notas diferentes). El concepto de cuerdas unidimensionales ya es dif√≠cilmente comprensible fuera del √°mbito matem√°tico. Pero a√ļn m√°s complejo es el hecho de que, para que esta teor√≠a sea cierta, es necesaria la existencia de siete dimensiones. Seg√ļn los f√≠sicos de cuerdas, tras el Big Bang cuatro dimensiones se expandieron a gran escala (a saber, las tres dimensiones espaciales y el tiempo). Las otras cuatro habr√≠an quedado encerradas en peque√Īas burbujas multidimensionales conocidas como espacios de Calabi-Yau (en honor a sus descubridores).

S√≥lo hay un ‚Äúpeque√Īo problema‚ÄĚ, y es que esta teor√≠a es imposible de demostrar emp√≠ricamente. Seg√ļn el modelo te√≥rico, estas cuerdas tendr√≠an un tama√Īo de 10 -30 m (distancia de Plank). El aparato m√°s potente que existe en la actualidad, el famoso colisionador de hadrones (LHC) que demostr√≥ recientemente la existencia del bos√≥n de Higgs, tiene un l√≠mite de detecci√≥n alrededor de 10 -15 m.

No voy a profundizar en la teor√≠a de cuerdas porque, sinceramente, ni yo mismo soy capaz de comprender toda su complejidad. Pero mencionar√© que la f√≠sica postula otras teor√≠as demostradas matem√°ticamente, como la Teor√≠a de los Multiversos (nuestro universo no es el √ļnico que existe‚Ķ), que tampoco pueden ser demostradas experimentalmente. Y es aqu√≠ donde los propios cient√≠ficos comienzan a preocuparse y plantearse si realmente estas teor√≠as son ‚Äúaut√©ntica‚ÄĚ Ciencia. El pasado mes de Diciembre tuvo lugar en M√ļnich un congreso donde importantes cient√≠ficos y fil√≥sofos debatieron acerca de este problema. El germen de esta reuni√≥n fue un incendiario art√≠culo publicado en Nature en 2014. Sus autores, el cosm√≥logo George Ellis y el astr√≥nomo Joseph Silk, lamentaban el ‚Äúpreocupante giro‚ÄĚ que estaba tomando la f√≠sica te√≥rica. Seg√ļn los autores, algunos cient√≠ficos consideran que, si la teor√≠a es suficientemente elegante y explicativa, entonces no es necesario demostrarla experimentalmente. Pero, obviamente, esto queda totalmente fuera del m√©todo cient√≠fico y mucho m√°s cercano a la filosof√≠a.

Para que una teor√≠a cient√≠fica sea considerada v√°lida, es requisito indispensable que exista alg√ļn experimento que permita comprobar si dicha teor√≠a es falsa, como muy bien argument√≥ el fil√≥sofo Karl Popper en los a√Īos 30. Est√° claro que no podemos afirmar categ√≥ricamente que la Teor√≠a de Cuerdas sea falsa simplemente porque no tengamos actualmente la tecnolog√≠a suficiente para poder demostrarla. El mismo Einstein declar√≥ en el momento que propuso la Teor√≠a de la Relatividad:

‚ÄúEstoy convencido de que el conocimiento puro puede atrapar a la realidad‚ÄĚ, y muchos a√Īos despu√©s, su teor√≠a fue demostrada al observar la curvatura de la luz al aproximarse a una estrella. Hasta ah√≠ estamos de acuerdo. El problema es que los f√≠sicos te√≥ricos est√°n actualmente empleando los principios de lo que se conoce como estad√≠stica Bayesiana, donde la probabilidad de que una predicci√≥n sea cierta se basa en datos anteriores y posteriormente se revisan dichas estimaciones a medida que se obtienen nuevos conocimientos. Pero, a falta de datos experimentales, algunos cient√≠ficos est√°n empleando factores exclusivamente te√≥ricos, como la consistencia interna de la teor√≠a o la ausencia de alternativas plausibles, para actualizar esas estimaciones. Es en estos casos donde existe una delgada l√≠nea roja entre Ciencia y Filosof√≠a.

Tras el congreso de M√ļnich no parece haberse sacado mucho en claro. Algunos asistentes propon√≠an una actualizaci√≥n del actual m√©todo cient√≠fico. Pero, como bien se√Īal√≥ el historiador de la Ciencia Helge Kragh, ‚ÄúHist√≥ricamente ya se ha sugerido con anterioridad la necesidad de encontrar nuevos m√©todos para la Ciencia, pero los intentos de reemplazar la testabilidad emp√≠rica por otros criterios han fracasado siempre‚ÄĚ.

S√≥lo el tiempo nos dir√° si estas teor√≠as son ciertas. O quiz√° nunca podamos demostrarlas. O puede que necesitemos reinventar el m√©todo cient√≠fico. ¬ŅVen? ¬°Ya me estoy poniendo a filosofar! Mejor me voy a encender la luz de mi laboratorio‚Ķ
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