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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Un ejercicio de ego gratificación

Robert J. Samuelson
Robert J. Samuelson
martes, 29 de septiembre de 2009, 06:29 h (CET)
WASHINGTON - Lo que está impulsando el gran debate de la sanidad en 2009 no es el clamor popular que despierta el seguro universal. "Muchos estadounidenses vuelven a resistirse ante la perspectiva de la reforma sanitaria", escribe Andrew Kohut, estadístico del Pew Research Center. Un nuevo estudio encargado por el Wall Street Journal revela que el 41 por ciento de los encuestados se opone a las propuestas del Presidente Obama y el 39 por ciento es partidario de ellas (el resto está indeciso). El hilo conductor es la búsqueda psicológica de la gloria por parte de los políticos.

"Estimados colegas, esta es nuestra oportunidad de hacer historia", imploraba su presidente Max Baucus mientras el Comité de Economía del Senado abría la vista de evaluación de su proyecto de ley. Los políticos, en sus momentos de auto-bombo más desaforado, se ven a sí mismos como instrumentos del destino colectivo como nación. Anhelan ser recordados como los arquitectos y agentes de las grandes transformaciones sociales y económicas. Ellos quieren estar en la ceremonia de aprobación, quieren que su nombre figure para la posteridad.

Los estadounidenses de a pie tienen motivos para oler a gato encerrado en este ejercicio de ego gratificación colectiva que se ha apoderado de Obama y de muchos de sus aliados en el Congreso. Hasta cuando los objetivos son dignos - como en este caso - la tentación de exagerar, simplificar y edulcorar las cosas suele ser irresistible. La promoción que hace Baucus de su obra es un ejemplo de ello en toda regla.

Un estudio "concluyó que cada año en los Estados Unidos, la ausencia de seguro médico se cobra 45.000 vidas", declaraba ante el comité. "Nadie debería fallecer por no poder pagar la atención médica. Este proyecto de ley corregirá eso."

Hubo más. "Estas reformas supondrán ahorros reales para los estadounidenses", decía Baucus. La Oficina Presupuestaria del Congreso "nos dice que la reforma de las primas (de protección) y los mercados supervisados por el gobierno federal contenidos en nuestra propuesta rebajarán de manera drástica el precio de las pólizas en el mercado individual." Además, la ley no aumentará el déficit presupuestario y "empieza a paliar el déficit en un plazo de 10 años."

Ojalá todo esto fuera irrefutable. Pero las afirmaciones tajantes que pronuncia Baucus están cogidas con alfileres. Es dudoso que más seguros vayan a salvar 45.000 vidas al año. Desafortunadamente, contar con un seguro no significa automáticamente que el estado de salud de la gente vaya a mejorar. A veces más atención médica no ayuda. A veces la gente no va al médico cuando debe, ni sigue las instrucciones (posología de las medicinas, modificar hábitos de vida). De hecho, muchas personas ni siquiera se dan de alta en un seguro al que tienen derecho. Un estudio del Urban Institute estima que 10,9 millones de personas con derecho a acogerse a Medicaid o al Programa de Protección de la Salud Infantil en 2007 no se acogieron.

La cifra de 45.000 personas citada por Baucus es en sí misma una estadística Inconstante que se basa en muchos supuestos. Se basa en un estudio realizado sobre 9.004 personas de edades comprendidas entre los 17 y los 64 años que fueron objeto de seguimiento entre los años 1988 y 1994. Hacia el año 2000, 351 habían muerto; de ellas, 60 no tenían seguro. Las tasas de mortalidad bruta entre los que tienen seguro (el 3 por ciento de los cuales fallecen) y los que no lo tienen (3,3 por ciento) están dentro del margen de error estadístico. Después de ajustar matemáticamente los porcentajes a la edad, la renta y los demás factores, los autores concluyeron que no estar asegurado eleva un 40 por ciento el riesgo de muerte. A continuación extrapolaron esto a la población entera valiéndose de dos técnicas, proyectando una 35.327 muertes prematuras y 44.789 la otra.

Todo este elaborado castillo de naipes estadístico descansa sobre una base real muy pobre. La idea no consiste en negar que los que no tienen seguro están más expuestos (que lo están) ni que el seguro adicional no sería de ayuda (lo sería). La idea es que la estimación de la medida es extremadamente difícil. Los defensores exageran los beneficios. Recuerde: Los que hoy en día no tienen seguro, sí reciben atención médica.

¿Qué hay de la afirmación de las pólizas más baratas? He aquí el análisis real que hace la Oficina Presupuestaria del Congreso: "Las primas en los nuevos mercados de seguros tenderán a ser superiores a la media de las primas del mercado de seguros a particulares sujetos a la normativa actual – suponiendo de nuevo estables los demás factores - porque las pólizas nuevas tendrán que asegurar enfermedades anteriores a la firma de la póliza y no pueden negar cobertura a las personas con elevadas necesidades sanitarias". La Oficina añade que no puede hacer predicciones del precio de las primas porque está sujeto a la influencia de muchísimos factores.

Es cierto, como dice Baucus, que la Oficina Presupuestaria estima que los nuevos impuestos y el ahorro en Medicare sufragarán el coste de su proyecto original. Sin embargo, muchos de los "ahorros" en Medicare posiblemente llevan a engaño. El Congreso probablemente los anule, como hizo en el pasado. En esa categoría se encuentran los alrededor de 200.000 millones de dólares en "ahorro" a lo largo de más de 10 años fruto de la bajada de las minutas por consulta de los médicos (incluidas en la fórmula "de crecimiento sostenible"). El Congreso ha impedido repetidamente que estos recortes se materialicen. Otros 180.000 millones en "ahorro" fruto de la bajada en las compensaciones a hospitales y demás centros de salud son igualmente sospechosos. Juntos, estos elementos constituyen aproximadamente la mitad del plan.

Los estadounidenses preocupados por esta legislación pueden no conocerla en profundidad y hasta pueden estar mal informados. Sin embargo, su escepticismo está justificado. La retórica grandilocuente oscurece la realidad poco halagüeña. Las propuestas no obligan a acometer grandes cambios estructurales en el sistema de asistencia capaces de frenar el derroche en sanidad, que es el problema central. Los proyectos de ley que el Congreso está considerando en la actualidad pueden mejorar de manera marginal la sanidad de los estadounidenses, pero agravan las perspectivas presupuestarias federales y deprimen el gasto público y privado. Cualquiera que puedan ser los motivos de orgullo fruto de estas legislaciones, se esfumarán rápidamente ante los continuos problemas del sistema sanitario.

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Es un filósofo presocrático que ha especulado acerca del mundo y de la realidad humana
 
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