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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Fe en evolución

Kathleen Parker
Kathleen Parker
martes, 12 de mayo de 2009, 10:11 h (CET)
KEY WEST, Fla. -- Si William Jennings Bryan hubiera conocido a Francis Collins.

Bryan, que murió apenas cinco días después de llevar la acusación en el juicio del profesor darwiniano de Tennessee, habría vivido más tiempo. Aunque ganó el caso, su muerte súbita sugiere que el proceso, durante el que fue objeto de las acometidas de la prensa, podría haberle pasado factura.

¿Y, quién sabe? Puede que nunca hubiéramos debatido si debe impartirse la evolución en la escuela pública o no si Collins no hubiera estado de por medio. El momento lo es todo.

Si el tal Collins no le resulta familiar, debería sonarle. Es el médico-genetista que encabezó el Proyecto Genoma Humano del Instituto Nacional de Salud y es respetado por sus descubrimientos de genes de enfermedades. Lamentablemente, vino al mundo alrededor de ocho décadas tarde para Bryan. Pero podría haber llegado justo a tiempo para formar parte del espíritu de la época para los miles (¿millones?) más que tienen problemas para creer en Dios y en Darwin a la vez sin que, en palabras de Collins, se les fundan las neuronas.

Collins, cristiano evangélico educado en casa hasta sexto, quiere subir el nivel del discurso sobre ciencia y fe, y ayudar a los fundamentalistas -- tanto de la religión como de la ciencia -- a ver que las dos cosas pueden coexistir. A tal efecto, creó la Fundación BioLogos y puso en marcha el mes pasado una web -- BioLogos.org -- para avanzar una alternativa a las opiniones radicales que dominan el debate.

Sí, afirmaba ante una sala repleta hasta la bandera de periodistas, se puede creer en Dios y a la ciencia. De hecho, dice Collins, lo último no demuestra la existencia de un Creador ni deja de demostrarla.

Esto no significa que Collins se cuente entre aquellos que promueven el creacionismo o, más recientemente, el diseño inteligente. Él insiste simplemente en que la fe en Dios no imposibilita la aceptación de la evolución.

Aunque su propia fe es firme, Collins entiende la duda, el escepticismo y hasta el ateísmo. En tiempos fue ateo, fiel solo de lo que la ciencia era capaz de demostrar. Como estudiante de medicina, sin embargo, tropezó con las preguntas para las que la ciencia no tiene respuesta. Al tratar a los desahuciados, también comenzó a preguntarse cómo abordar su propia muerte. No con tanta paz como sus pacientes creyentes, supuso.

Habiéndose doctorado y obtenido la distinción, Collins es no obstante un científico con poca paciencia con los insisten en que la evolución sea solo una teoría que se puede seguir o no. La mayoría de los genes humanos, precisa, son parecidos a los genes de los demás mamíferos, “lo que apunta a un pasado común.”

Sin embargo, una encuesta de Gallup difundida el año pasado concluía que el 44% de los estadounidenses piensa que Dios creó a los seres humanos en su forma actual en algún momento de los 10.000 últimos años.

“No se puede llegar a esa conclusión sin rechazar todas las pruebas de la ciencia,” dice Collins.
El problema de no creer en la evolución como no se cree, por ejemplo, en los duendes o los cerdos voladores tiene repercusiones más allá de lo obvio -- que Estados Unidos seguirá quedando por detrás del resto de naciones en cultura científica. Collins dice que muchos jóvenes formados en el creacionismo sufren una acusada crisis de identidad al llegar a la universidad, sólo para descubrir que la Tierra tiene 4.500 años de edad. Hablando de desaprovechar cerebros.

Collins dice escuchar a docenas de jóvenes muy afectados. Los más susceptibles a la crisis son los niños que han recibido educación en sus casas o que han asistido a centros cristianos. De todos los grupos y variantes religiosas, los Protestantes evangélicos son los más reticentes a suscribir la idea de la evolución. Sus objeciones no han cambiado mucho desde que Billy Sunday las articulara por primera vez hace casi 100 años y disipara el miedo a que la aceptación de la evolución niegue a Dios.

Para Collins, Darwin sólo supone una amenaza si se piensa que Dios sigue el camino fácil. Collins no parece pensar eso. Su estudio de los genes le ha conducido a concluir que Dios está al margen de la naturaleza y del tiempo. Es grande, en otras palabras. La idea de que Dios creó el mecanismo de la evolución tiene un sentido aceptable.

Bien, si pudiera convencer a sus correligionarios.

Con la Fundación y la página web, Collins espera que los alumnos escolarizados en casa y otras entidades cristianas de educación aborden sus dudas científicas. Entre otros proyectos, se propone desarrollar un plan de estudios que combine ciencia con religión. También espera ayudar a los científicos fundamentalistas a ver el error de sus formas.

Al margen de la opción de cada uno o de la ausencia de ella, ayudar a evolucionar a los fundamentalistas sólo puede ser bueno para la civilización -- una causa en la que hasta los ateos pueden creer.

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Diario SIGLO XXI dispone de los derechos de publicación en exclusiva para medios digitales españoles de este y muchos otros columnistas del Washington Post Writers Group.

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