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Etiquetas:   Reales de vellón   -   Sección:   Opinión

Microcréditos; beneficencia o financiación

Sergio Brosa
Sergio Brosa
martes, 27 de enero de 2009, 09:34 h (CET)
Aunque beneficencia y financiación pueda aparecer como un oxímoron, no siempre ha de serlo. Los microcréditos, esos pequeños préstamos a personas que viven con menos de 1 dólar al día, son a la vez beneficencia y financiación.

En efecto, los conocidos préstamos del catedrático de economía Dr. Muhammad Yunus (Chittagong, 1940) premio Nobel de la Paz en 2006 por esta modalidad crediticia, nacieron por la necesidad de hacer el bien, beneficencia, a aquellas personas honradas, de nulas garantías económicas, pero íntegras, que tenían el acceso vedado a las instituciones de crédito convencionales y les era imposible recurrir a los prestamistas por sus elevadas tasas de interés.

A primeros de los años 70, instituciones como Bank Dagang en Bali, Asociación Opportunity Internacional en Colombia que trabaja con su socio local Oportunidad Latinoamérica Colombia, OLC, en la colocación de microcréditos, el fomento al ahorro, capacitando y asesorando a población con desconocimiento sobre cuestiones administrativas y empresariales. ACCION International en Brasil con idéntica misión o el Banco Grameen de Bangladesh, de Muhammad Yunus transformaron la beneficencia a la antigua usanza en una forma de financiación de micronegocios personales, contribuyendo a la generación de auto empleo y estimulando el crecimiento de microempresas. Con el tiempo han ayudado a salir de la pobreza extrema a millones de familias en todo el mundo.

Los microcréditos tienen un capital de entorno a 100 dólares y la experiencia ha demostrado que los mejores prestatarios de esta modalidad crediticia son las mujeres que, en los países en los que se ha implantado, son quienes normalmente llevan la carga familiar y su responsabilidad para sacar adelante la prole es mucho mayor que la de los hombres normalmente, cuyos quehaceres personales les impiden en la mayor parte de las ocasiones permanecer mucho tiempo en el seno familiar, como no sea para la procreación.

Los microcréditos llevan aparejada una responsabilidad por parte del acreditado que en los créditos convencionales de las instituciones financieras se conoce como créditos finalistas. Lo que significa que tienen un objeto determinado y no es posible, salvo incurriendo en el despropósito, ser destinados sus fondos a cosa distinta del motivo por el que se solicitaron y fueron concedidos. Además de la obligatoriedad de su devolución con una pequeña carga de interés, muy por debajo del nivel de intereses de las instituciones convencionales.

Esta diferencia fundamental existente entre los microcréditos y la beneficencia tradicional hace que el beneficiario del préstamo asuma la responsabilidad de acometer el micronegocio proyectado, llevarlo a cabo con éxito y en el período de tiempo convenido devolver el crédito. La beneficencia viene limitada a emplear el dinero en la cobertura de las necesidades básicas, sin que haya de producir efecto multiplicador alguno. Y una vez agotado el subsidio, vuelta a empezar sin haber solucionado el problema de fondo que es la carencia de ingresos sostenibles.

La filosofía que encierra el microcrédito, considerar capaz de emprender un micronegocio a una persona que vive por debajo del umbral de la pobreza, dignifica a la persona, por lo que es un acicate para que destine el esfuerzo necesario para sacar adelante el proyecto del que se trata.

Por el contrario, el “mantengo” de Puero Rico, por ejemplo, subvención del gobierno estadounidense a los borícuas (portorriqueños de varias generaciones) mantiene en el trabajo a apenas la tercera parte de la población activa de la isla. Con tal de que no se desplacen al continente, el gobierno de EE.UU. da una subvención a fondo perdido a los residentes, de manera que ello les desincentiva para buscar trabajo, pues con el mantengo y alguna chapucilla colateral o ni siquiera eso, les da para vivir sin trabajar. De manera que el incentivo a la creación de puestos de trabajo mediante el asentamiento en Pueto Rico de nuevas industrias se ve cercenado por el propio mantengo.

La cotidianidad suave pero aburrida del subsidio gratuito no sólo envilece a la larga a quien lo percibe, anulando su iniciativa y rebajando o haciéndole perder su propia estimación al sentirse inútil e improductivo ante su familia y la comunidad a la que pertenece sino que puede acabar por hacerle sentir presa de la angustia, como quien está conectado a una máquina que le mantiene con vida.

En nuestro país tenemos otras formas de mantengo. El PER (Plan de Empleo Rural) de Andalucía que activó el PSOE en tiempos de la presidencia de Felipe González. Era tan poca la exigencia administrativa para cobrar el PER que peones agrarios o no, todo el que quería prácticamente podía ser receptor de la subvención. Ahora se ha transformado en el Programa de Fomento del Empleo Agrario.

La subvención a los ayuntamientos de 8.000 millones de euros para fomento del empleo municipal acordada por el gobierno dentro del paquete de medidas para afrontar la crisis, fácilmente puede convertirse en otra forma de mantengo, siempre que los ayuntamientos no lo destinen a enjugar otros agujeros financieros.

Otras subvenciones a fondo perdido como la Renta de Emancipación del Ministerio de la Vivienda para el alquiler de vivienda que supone la subvención de 210 euros mensuales durante 4 años a menores de 30 años que tengan unos ingresos inferiores a 22.000 euros anuales, son también una forma de regalar dinero sin contraprestación alguna. La gente mayor que se encuentra con problemas para el alquiler de una vivienda no tiene subvención alguna.

Todo este tipo de ayudas gratuitas no suponen fomentar la cultura del esfuerzo y acaban por fomentar la cultura de la pereza, la desidia y el abandono en brazos de papá estado que ya se ocupará de ellos. Es lo que la nación debe hacer por nosotros y no lo que podemos hacer nosotros por la nación; lo contrario a lo que dijo JFK.

Pero con un gobierno como el de ZP que gusta de mantener viva la falsa idea de la explotación del trabajador porque cree que le supone réditos electorales, en lugar de ser consciente de que los empresarios y emprendedores se juegan su capital en sus empresas y fomentan el empleo, no habrá forma de hacer frente a la crisis, como así está reconociendo la UE. Las medidas extraordinarias, además de potenciar el subsidio de desempleo efectivo, deben ir canalizadas a los sectores productivos que son los que tienen la capacidad de forjar el efecto multiplicador necesario para generar empleo y hacer renacer de sus propias cenizas a tanta ave fénix como está habiendo en el tejido industrial de todo el país, evitando que otras sigan la misma suerte: la presentación voluntaria de concurso de acreedores.

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