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Etiquetas:   Cristianismo originario   -   Sección:   Opinión

Discriminación y explotación en los conventos

Jose Vicente Cobo
Vida Universal
miércoles, 29 de octubre de 2008, 11:10 h (CET)
En las iglesias y en la Biblia se encuentran sorprendes pasajes y citas de profundo calado sexista-machista, los que a pesar de ser inconstitucionales, siguen vigentes en las iglesias porque ni son derogados ni anulados, tampoco el Estado o en su defecto el Poder Legislativo, quienes deberían intervenir, tampoco los prohíben. Sin embargo parece que cada vez más personas con una forma libre de pensar, son capaces de diferenciar con claridad entre las enseñanzas sencillas de Jesús de Nazaret y lo que a lo largo de 2000 años se ha colado como cristiano a través del pensar, sentir y actuar de personas y que se le a atribuido a Jesús o a Dios mismo como Su palabra.

Una cita de San Agustín, doctor de la Iglesia y canonizado por ésta no deja lugar a dudas: «La hembra es un ser de menor valor que no fue creado por Dios a Su imagen y semejanza. Corresponde al orden natural de cosas, que las mujeres sirvan a los hombres». Y mucho antes de éste, San Pablo sentó acertadamente las bases para una discriminación futura en esta cita: "Pues el hombre no procede de la mujer, sino la mujer del hombre. Tampoco se creó al hombre a causa de la mujer, sino la mujer a causa del hombre". (Epístola a los Corintios). No parece difícil en base a estas palabras imaginar las consecuencias futuras que ha padecido la mujer a lo largo de 2000 años.

De la infalibilidad de la Biblia y de la Iglesia ya ha hablado bastante el clero, también de que cada palabra escrita en la Biblia procede de Dios, lo que provoca auténtico malestar, porque se sabe que la Biblia es obra humana y que sobre todo ha sido modificada y corregida por los hombres y por sus ideas. La pregunta sería: ¿por qué siguen sobre todo las mujeres perteneciendo al seno de esa Iglesia que las ha ninguneado? La respuesta es por ignorancia y por miedo. La catedrática de historia de las religiones Uta Ranke Heinemann dijo: "En una dictadura corriente no se puede decir lo que uno piensa y quiere, pero en la iglesia hay que pensar y querer lo que no se quiere pensar ni querer, y todo eso bajo la amenaza de un castigo justo. Eso es la dictadura total. No es un lavado de cerebro, sino una amputación de cerebro».

A pesar de todo la mayoría de los trabajadores voluntarios de la iglesia son mujeres. La fundación Friedrich-Ebert ha publicado los resultados de una interesante investigación con el título: "Los hombres dirigen y las mujeres llevan el peso de la Iglesia". Lo que se puede comprender perfectamente porque en la referida institución no hay igualdad de derechos, lo que no extraña porque hasta el siglo XIX se discutía sobre si las mujeres tenían alma o no, ¿por qué entonces siguen las mujeres dispuestas a seguir llevando aún el peso de la Iglesia?

Quizás la peor explotación de trabajadoras y la desigualdad dentro del seno de la iglesia siga produciéndose en los conventos, a pesar de que en el año 1996, dos mil monjas secundaron una carta dirigida al Papa cuyo texto (Periódico eclesial “Kirche Intern” Junio/96), decía: "A nosotras las mujeres se nos mantiene en constante dependencia, como menores de edad. Los curas obtienen un provecho máximo para ellos mismos a partir de nuestro trabajo barato y no tienen reparos en ponernos bajo presión moral si no cumplimos sus injustas exigencias. Nosotras las religiosas, nos preguntamos a menudo si nuestra vida tiene que consistir en ser servidoras de curas que viven en el celibato quienes no nos consideran seres humanos. De nosotras sólo se espera que cumplamos las exigencias del clero, que cree que estamos sólo para hacer lo que nos ordenan ellos. Es chocante que incluso en pleno siglo XX los hombres crean que el plan divino sólo puede ser transmitido por hombres". Estas mujeres no recibieron respuesta ninguna, lo cual es también una respuesta. Jesús de Nazaret nunca habló de conventos. Además nunca dijo que había que aprovechar el trabajo barato de las mujeres. Y tal como escriben estas monjas, tampoco dijo que el plan divino sólo podía ser transmitido por hombres.

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