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Etiquetas:   Entrevista   -   Sección:   Entrevistas

"Escribo siempre sobre las relaciones de poder, de uno o de otro modo, con un argumento o con otro"

Juan Carlos Arce, escritor
Redacción
lunes, 16 de febrero de 2009, 16:36 h (CET)
A mediados del pasado mes de septiembre, SIGLO XXI publicó mi reseña sobre la novela ‘La noche desnuda’ del escritor Juan Carlos Arce (Albacete, 1958), basada en la vida de Andreu Nin, líder político del POUM, un partido que, a pesar de su corta existencia, desempeñó un papel destacado durante la Guerra Civil Española. Tras dar no pocos tumbos en su búsqueda, en la del autor, digo, incluido un error en el número de teléfono del que disponia para contactarlo, que me valió el varapalo verbal de una iracunda señora a la que sorprendí con la boca llena de tortilla de patatas o algún otro guiso similar, conseguí localizar al escritor manchego para conversar de su novela y del llamado género histórico. Éstas fueron sus respuestas a mis preguntas.




Juan Carlos Arce.


Herme Cerezo / SIGLO XXI

¿Qué es escribir para Juan Carlos Arce?

Como las palabras que tienen en el diccionario varias acepciones, escribir tiene también varias definiciones. En un sentido artístico o literario, es elaborar un texto que conmueva el ánimo. En un sentido técnico, escribir es, sobre todo, dos cosas: una, construir una frase que tenga sentido y después otra que también lo tenga y así seguido hasta el final. Y dos, saber recortar el lenguaje y ajustarlo al estilo o al dinamismo de la obra, esto es, saber qué es lo que no hay que escribir. En un sentido personal y subjetivo, un medio de explicarme el mundo, una manera de soportarlo, la forma en que sintetizo los conflictos con la realidad. Supongo que hay muchos más sentidos.

Sus novelas, mayoritariamente, pertenecen a eso que llaman género histórico. ¿Se encuentra cómodo en este terreno?

De otro modo, no habría escrito mayoritariamente novelas históricas. Me gusta convertir a los personajes históricos en personajes literarios. Pero inmediatamente debo advertir que cualquier novela escrita con verbos en tiempo pasado podría ser una novela histórica porque habla de algo que sucedió o que supuestamente ha ocurrido. Por otra parte, cuando Shakespeare escribe "Julio César" o Coriolano" o "Ricardo III" nadie piensa que hace "teatro histórico". Al revés, está haciendo el teatro de su tiempo con un argumento en tiempo pasado. ¿Qué es una novela histórica? ¿Una novela en la que aparecen personajes de la Historia? ¿Cuando la acción o el argumento se sitúan en el siglo XIX y anteriores?, ¿en el principio del XX? ¿Si se habla del año 2004 ya no es histórica? ¿En qué fecha se ha trazado la línea que define al género? Es un poco complicado explicar esto en una respuesta de límites razonables.

Por otra parte, en los manuales de historia encontramos siempre los datos, las razones estratégicas, los motivos, los hechos, las batallas, las fechas, los nombres... Pero esa historia, así contada, no habla de las personas. Por eso, las novelas completan la historia. Yo siempre digo que si queremos saber cómo fue el siglo XIX en España, podemos leer tres mil libros de Historia sobre ese siglo. Pero, para saber de verdad cómo fue, necesitamos leer las novelas de Galdós. Allí se contiene la respiración, el pensamiento oculto, el pulso real de las personas del siglo. En la ficción está cada vez más la verdad. Porque la verdad debe ser completa para llamarse así. Y las novelas históricas completan la verdad de las cosas añadiendo el pulso humano.

Además, en realidad, la ficción está siempre presente en cualquier hecho histórico más o menos remoto. Porque la historia es siempre algo que nos cuentan. Y contar es, desde luego, elegir las palabras para hacerlo. Elegir las palabras, usar unas y no otras, es ya un poco de ficción. Se puede contar el mismo hecho con unas palabras o con otras. Y entonces tendremos, casi con toda seguridad, dos hechos diferentes. Además, cada vez que un hecho histórico vuelve a contarse, se impregna de nuevas visiones, de aportaciones nuevas, de tonos diferentes.

A su juicio, el hombre de hoy ¿ha aprendido algo del pasado para construir el futuro?

La pregunta parece suponer un esquema temporal lineal. Atrás el pasado, delante el futuro. No tengo eso tan claro, sin embargo. Tiendo a imaginar el tiempo en estructuras circulares. Tal vez superpuestas en vertical, pero circulares. Y quiero decir con esto que, de algún modo, la historia, esencialmente, se repite. Se repiten los esquemas. Deberíamos aprender que se repite. No, por tanto: no creo que se haya aprendido del pasado.

¿El género histórico le condiciona a la hora de escribir o, dicho de otro modo, construye Vd. un guión y lo sigue al pie de la letra o le queda espacio para la improvisación, para la aventura literaria?

Escribo con respeto a los hechos y a las fechas. Me informo sobre la época, aprendo, me documento sobre la historia que quiero contar. A partir de ahí, dejo deliberadamente muchas zonas oscuras (que podría iluminar o completar), dejo muchas zonas grises (que podría definir) y trato de olvidar o de no tener en cuenta muchas cosas que he llegado a conocer sobre esa historia. Es decir, que cubro de un velo difuso el conjunto de la historia, precisamente para poder imaginar. Yo hago ficción, literatura, novelas. No hago libros de Historia, ni escribo ensayos. Así que necesito desconocer cosas, abrir territorios a la imaginación. Si no hiciera eso, no habría obra literaria.

Ahora bien, si tu pregunta se refiere a cómo construyo la novela "una vez que he empezado a escribir", esto es, si sé desde el principio todo lo que ocurrirá o voy elaborándola según escribo, debo decir que el esquema general, la estructura básica es completa desde el principio. Pero, naturalmente, en el curso de la escritura, surgen problemas técnicos, perspectivas nuevas, personajes o voces que aportan otros puntos de vista. Y hay que tomar decisiones. Escribir es también decidir. Seguramente, con la excepción de un pintor, un escritor es el artista que más decisiones toma por minuto.

¿Resulta fácil convertir personajes históricos reales, de carne y hueso, en criaturas de tinta y papel dotadas de vida propia?

A mí sí. A mí me resulta fácil. A partir de imágenes reales surge la imaginación. Basta con no conocer personalmente a la persona. Si conoces personalmente a la persona, esa realidad pesará demasiado para convertirla en literaria.

¿Se le ha escapado alguna vez un personaje? ¿Le ha plantado cara a como "padre de la criatura"?

Nunca. Escribir es también gobernar en el interior de la novela.

Con ‘Los colores de la guerra’ ganó Vd. el Premio Fernando Lara en el año 2002 y ahora publica ‘La noche desnuda’, ambos títulos centrados en la época de la Guerra Civil, ¿qué le atrae de ese momento de nuestra Historia?

Atracción por ese momento de la Historia, ninguna. Al revés, siento un enorme rechazo. Pero ese rechazo no es activo, quiero decir, no estoy "interesado" en esa época. Creo firmemente que eso "ya pasó". No quiero contribuir a revisar aquellos momentos. Me gustaría que pudiéramos hablar de aquello con la frialdad con la que podemos hacerlo de los desmanes de Fernando VII. Ahora bien, la gesta de la evacuación del museo del Prado es muy importante. Si se hubiera producido en otra época, por ejemplo, en 1880, yo habría situado mi novela en esa fecha. No es por tanto la guerra el objeto de mi novela, sino la evacuación del Prado. En cuanto a "la noche desnuda", se trata de un asunto que me sirve para hablar del poder. Todas mis novelas contienen un elemento esencial: las relaciones de poder. Escribo siempre sobre las relaciones de poder, de uno o de otro modo, con un argumento o con otro. Relaciones de poder en la pareja, en la vida, en el trabajo..., siempre hay alguien que "puede" y alguien que "no puede", probablemente un aspecto de la vida que nunca he llegado a comprender del todo. Por otra parte, entre "los colores" y "la noche desnuda", he publicado "la orilla del mundo" y "el aire de un fantasma". La primera transcurre en la actualidad. La segunda, entre el XIX y el XX.

‘La noche desnuda’ engancha y acrecienta el interés página a página. ¿Cómo se consigue eso?

Naturalmente, esa pregunta no tiene una respuesta fácil. Al menos, no puede tener una respuesta clara. Quizá porque soy escritor. El escritor debe manejar el ritmo. El ritmo es esencial en la literatura, tan importante como en la música. Exactamente igual de necesario y de importante. Nunca te fíes de la literatura que hace alguien que no sabe bailar o que no se conmueve con Bach.

Su novela se centra en Andreu Nin, líder político del POUM, ¿cómo se lo tropezó y qué le atrajo de su personalidad para dedicarle una novela?

Hace muchos años cayó en mis manos un pequeño artículo de prensa sobre su figura. Me interesó. Después, andando el tiempo, la casualidad me sirvió un reportaje más amplio. Y supe que tenía sustancia literaria. Pero no pensé hacer una novela entonces. Ni siquiera me propuse hacerla en el futuro. Sin embargo, de algún modo desconocido para mí, esa idea debió ir creciendo sola en mi cabeza, supongo, en un rincón de mi cabeza... Cuando eso pasa, llega un día en que tienes que sacarla de donde está. Y el medio para hacer eso es escribirla.

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