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Etiquetas:   Mujeres del Siglo XXI   -   Sección:   Opinión

¡Por fin, una idea brillante!

Remedios Falaguera
Remedios Falaguera
sábado, 25 de octubre de 2008, 21:44 h (CET)
El amor de madre es el combustible que le permite a un ser humano hacer lo imposible (Marion C. Garretty).

Acabo de leer en Europa Press que el pasado jueves se inauguró en una carcel de Palma de Mallorca la primera Unidad de Madres de España, en el que las mujeres condenadas podrán convivir con sus hijos menores de tres años.

Dicen que este centro penitenciario pretende ser “una antesala de la libertad”, y para ello, el complejo ofrece un aspecto similar al de un parvulario “entre rejas”: salas de estar con juegos para niños de 0 a 3 años, cocina donde poder preparar biberones y papillas, salas con cunas; enfermería, farmacia, servicio de pediatría, y además, cursos ocupacionales para la reinserción de las reclusas.

Pues, ¿qué quieren que les diga? ¡Por fin, la señora Mercedes Gallizo ha tenido una idea brillante!

En efecto, cualquier proyecto que sirva para humanizar las prisiones, cualquier programa de atención que incentive a las reclusas y a sus familias a un cambio de actitud, me parece una idea brillante.

De hecho, el que los niños de hasta 3 años puedan convivir con sus madres en este ambiente amargo y hostil es mejor que nada. A pesar de que muchos afirman que “el niño se ve aislado del entorno familiar y social y recibe modelos inadecuados para su crecimiento madurativo”, y que se empobrece el número de estímulos necesarios que el niño necesita para su desarrollo”, el roce hace el cariño.

Soy de las que piensa que la cantidad de tiempo que pasemos con nuestros hijos, aunque sea compartiendo penas e inquietudes, es tan importante como la calidad de tiempo y del entorno. La cárcel no es un lugar para los niños, es verdad. Pero una cosa es privarles de la libertad, y otra muy distinta, es privarles de la dignidad que como seres humanos se merecen.

No pretendo exculparles de su pena. Si los cargos que se les imputan lo merecen, deben cumplir su pena. Es lo justo. Pero todas aquellas mujeres que aprietan entre sus brazos a sus hijos, a pesar de los miedos y la incertidumbre de su situación, se merecen lo mejor.

Es más, todos deberíamos alegrarnos por ellas, ya que gracias a esta Unidad de Madres viven cautivadas, entre los muros de hormigón y las rejas de su celda, por esos pequeños momentos y los grandes acontecimientos de la vida de sus hijos, “meditándolos en su corazón”, como ya hizo la Virgen Maria, para no olvidarlos jamás.

Tal vez, solo Dios lo sabe, ese hijo que le mira y le sonríe, sea un rayo de luz y esperanza para arrepentirse, cambiar de vida, para recuperar su autoestima, para reintegrarles de nuevo a la sociedad,…en definitiva, para ser mejor persona.

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