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Etiquetas:   El crisol   -   Sección:   Opinión

Sobre machotes y floreros

Pascual Mogica
Pascual Mogica
sábado, 23 de agosto de 2008, 14:23 h (CET)
Leo en el periódico El Plural, haciendo mención a su publicación en el diario El Mundo, que Fernando Sánchez Dragó se ha referido a la ministra Bibiana Aído y a la secretaria de Organización del PSOE, Leire Patín, diciendo de la primera que es “una de las cuatro españolas que más le ponen” y sobre la segunda ha manifestado que “tampoco me importaría jugar un rato con la Pajín, me conformaría con lo que su apellido sugiere”.

Cierto es que las palabras se han hecho para usarlas pero en modo alguno se justifica su uso para hacerlo de forma soez, grosera y ofensiva. Lo que si es cierto es que esta forma de expresarse hiriendo a la dignidad de las personas es muy propia de individuos cuya afinidad con la derecha es, en muchas ocasiones, más que manifiesta.

Aunque hace ya bastantes años, estoy seguro de que muchos recordarán aquella frase del que fuera presidente de Cantabria, Juan Hormaechea (1987-1990) que fue depuesto por una moción de censura, cuando refiriéndose a la entonces diputada del PP, Isabel Tocino, dijo que “Isabel Tocino es una monja alférez, si se va desnudando lentamente, esa mujer no me sirve a mi ni para hacerme una paja” dijo algunas cosas más que por pudor no quiero reproducir aquí.

Pero mira por donde esto es lo que “mola” en la derecha. Aún a pesar de haber sido retirado de su cargo mediante aquella moción de censura, Hormaechea volvió a presentarse en las siguientes elecciones a la presidencia de Cantabria y con los votos de su partido independiente, el UPCA, y el apoyo del Partido Popular fue investido presidente, ocupando el cargo desde 1991 a 1994. En esta ocasión no fue una moción de censura la que le bajo del sillón ya que fueron los tribunales de justicia que le condenaron por prevaricación.

En fin, aquello de ¡Viva el sexo machotal! que algunos gritaban cuando el franquismo, sigue vivo. Será por que el franquismo no ha muerto para algunos. En cualquier caso no oigo las protestas de las mujeres del Partido Popular ante tan insultantes y agresivas palabras a la dignidad de la mujer. Ya lo dije hace poco: Las mujeres del PP tienen muy bien asumido su papel de simples floreros.

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Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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