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Opinión

Etiquetas:   Buñuelos de viento   -   Sección:   Opinión

Esta columna queda cancelada

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
miércoles, 12 de marzo de 2008, 07:23 h (CET)
Cansado de pertenecer a la España de
“Escenas de matrimonio”,
“Sin tetas no hay paraíso”,
el voto útil,
el Friki Zerolo,
Circunflejo Zapatero,
Rajoy,
Pepe Blanco,
Patxi López,
“Oiga, que yo tengo derechos”,
Zaplana,
Pedro J. Ramírez,
Kevin José, mi vecino el de arriba,
“Usted no sabe con quién está hablando”,
“Oiga, que aquí todos somos iguales”,
los padres de Kevin José,
Federico,
Jesulín de Ubrique,
Martínez Pujalte, su bigote y su cínica sonrisa,
los artistas de Zapatero,
“¿Y por qué iba yo a dimitir?”,
Llamazares,
Rodolfo Chikilicuatre,
esta puñetera bipolarización partidaria,
la foto de las Azores,
Prisa y
el director de personal de mi empresa,
durante el día de hoy esta columna permanecerá
CERRADA POR DECEPCIÓN


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La Constitución española no necesita ser interpretada respeto a la vigencia, en todo el territorio español, de la lengua que hablan más de 500 millones de personas: el castellano.

Banalización

Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

El riesgo feminista

Hace unos días el arribafirmante escribió sobre los peligros del neomachismo
 
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