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Etiquetas:   Buñuelos de viento   -   Sección:   Opinión

Nueve de marzo, timo de la estampita

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
sábado, 16 de febrero de 2008, 03:11 h (CET)
La verdad es que, plenamente sumergido en esta larguísima campaña electoral que estamos padeciendo y entendiendo perfectamente el entusiasmo de unos y otros, no puedo dejar de abrir la boca de asombro ante la actitud del resto de la masa ciudadana. Quede claro que “unos y otros” son los partidarios más fervientes de unos y otros. De socialistas y populares, quiero decir.

Que los incondicionales socialistas y populares se entusiasmen hasta el orgasmo con sus representantes y sus mítines se puede entender porque afiliados, simpatizantes y militantes han nacido para arrastrar su acrítico cerebro detrás de sus líderes. Pero que varios millones de ciudadanos estén ya, cuando falta tanto, siguiendo con atención mítines, entrevistas y ofertas varias de compra de votos sólo puede tener una explicación: que el ser humano necesita creer en los milagros cuando ha perdido toda esperanza.

A ver, levanten el dedo: ¿Alguno de mis lectores cree que el próximo día nueve se va a solucionar una parte, sea siquiera pequeña, de los problemas de España? ¿En serio hay alguien que piense, sin haber empinado el codo, que España va a salir ganando? Porque tal y como están las cosas, estas elecciones como pasó en las anteriores y pasará en las siguientes, las vamos a perder la inmensa mayoría de ciudadanos.

Sea el partido que sea el que resulte triunfador va a necesitar imperiosamente un tercer partido que le preste su apoyo. Ni PP ni PSOE van a alcanzar la posibilidad de gobernar sin apoyos externos. Sea cual sea el que resulte elegido por los ciudadanos habrá de pasar necesariamente por la ventanilla del negociado de los partidos nacionalistas. Y con ellos habrá que llegar a un acuerdo a cualquier precio, sería absurdo pensar en repetir pocos meses después unas elecciones que iban a arrojar similares resultados. De nuevo.

Y ahí estamos, cien mil moscas atrapadas en un frasco de rica miel nacionalista. Sin salida. Ni para atrás ni para adelante. O se pacta con los nacionalistas o no hay gobierno. Bélgica pura, oiga usted.

Y ahí estamos varados, que son un reducido grupo de privilegiados españoles los que decidirán por todos. Nueve de marzo, timo de la estampita, ya digo.

Porque serán ellos, los representantes de unos pocos millones de ciudadanos, los que con sólo unos cientos de miles de votos impondrán asuntos del máximo calado nacional. Perdón, quise decir “estatal”. Recordemos cómo Aznar aprendió catalán en la intimidad de la noche a la mañana, cómo se pactan asuntos generales, desaladoras en vez de trasvase del Ebro, inversiones en infraestructuras, Presupuestos Generales del Estado, desarrollo de estatutos de españoles de primera categorías, como el vasco y el navarro que ofrece privilegios fiscales que los demás no podemos disfrutar… ¿pero no somos todos iguales ante la Ley?

Y además el precio lo ha de pagar el partido gobernante… con el dinero de todos. Con las leyes de todos. Porque las leyes que se hagan habrán de contar necesariamente con el visto bueno de quienes apoyen al gobierno. ¿Si quiere gobernar el PP va a impedir que se desarrolle el actual estatuto catalán si lo primero que le van a exigir es que retire su recurso ante el Tribunal Constitucional? O cuando se negocien los presupuestos generales del Estado, ¿quién defenderá por ejemplo a los castellanos, o a los asturianos o andaluces, desprovistos de partidos nacionalistas que acudan a la mesa de negociación?

Oiga, déjese de rollos, el nueve de marzo vamos a perder todos. Otra vez. Y van…

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