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Etiquetas:   ARQUITECTURA Y DISEÑO   -   Sección:   Revista-arte

El arquitecto de las formas: Gaudí

Verónica Fabregat Sebastiá
Redacción
miércoles, 30 de enero de 2008, 12:07 h (CET)
"¿Quién os hará la casa, Doménech, Gaudí o Puig y Cadalfach?"

Hablar de Gaudí, tarea que resultaría compleja y tediosa, es hablar de modernismo y genialidad casi a partes iguales, aunque la balanza se decantaría hacia la genialidad, por supuesto. Pero este no es el caso que nos ocupa. En estas líneas vamos recorrer de forma superficial la voluptuosidad y la armonía que desprende la Casa Batlló diseñada por Gaudí en Barcelona.

La Casa Batlló es el máximo representante del modernismo catalán y fue construída entre los años 1905 y 1907. En pleno apogeo de la arquitectura modern style como consecuencia de la Exposición Universal de París de 1900, y que supuso la mayor concentración de multitudes y mercancías jamás vista. También hay que resaltar las críticas irónicas que surgieron en la prensa y en las tiras cómicas de los periódicos franceses que calificaban a la obra de Gaudí como “la pâtisserie Barcelone”, derivado de la similitud de las formas arquitectónicas con la pastelería, con materiales tan fluidos y maleables como el azúcar, la nata, la crema o el chocolate. A pesar de esto el modernismo arquitectónico tuvo mucho éxito, y por qué no, consecuencia de la atractiva imagen de sus formas –de la misma manera que nos atraen los pasteles en el escaparate. Pero la metáfora de la pastelería es aún más profunda: en el hecho de la “ímplicita necesidad que la arquitectura tiene de exhibir ante los ojos de todos la independencia de sí misma, de sus tradicionales virtudes, para poder ocupar el lugar de privilegio que le corresponde en los nuevos escaparates de la representación burguesa […] y la venustas ha quedado reducida a la subjetividad de un gusto excéntrico por principio” . Y Gaudí fue el arquitecto que llevó al extremo está condición que el mercado exige a todos los productos que en él circulan: “la de ser representaciones convincentes de que todo es posible”.

No hay lugar a dudas que lo consiguió en todas sus obras pero queda patente en la Casa Batlló alejándose de todos los cánones tradicionales y con la inmensa variedad de formas y detalles que inundan todo el espacio, desde la fachada a las habitaciones interiores.



Fachadas de la Casa Batlló


La fachada y especialmente su color, ha sido comparado en muchas ocasiones al mar, ya que no es sólo azulada y verdosa, sino que tiene la luminosidad del agua consecuencia de los esmaltes del trencadis. Y que la luz del sol convierte en un baile de luz y sombras. Los balcones representan una concha desgastada, mientras que las barandillas, de hierro colado y pintadas de marfil y oro, parecen antifaces. Así, mientras que la concha se asocia con el aspecto marino de la fachada, el antifaz lo hace con su forma de cortina, de manera que el trencadis de colores se convierte ahora en el confeti lanzado por un gigantesco disfraz de carnaval. El remate de la fachada lo forman una torre cilíndrica que culmina en la cruz de cuatro brazos y una cubierta ondulante recubierta por el lado de la calle con grandes piezas cerámicas de distintos tonos azules eléctricos que forman escamas.



Vestíbulo.


Ya en el interior nos encontramos con el vestíbulo que conduce a dos escaleras, una privada, que lleva directamente al piso principal en el que vivían los Batlló, y otra pública, que permite acceder al resto de apartamentos. El arrimadero alterna azulejos de colores muy claros, azul cielo y grises, y formas lisas con otras en relieve que parecen desgastadas por el agua y los elementos. La luz cae cenitalmente y se desliza por el estuco del vestíbulo y por la cerámica del patio, por las ondulaciones de las paredes y el techo, o por los abombamientos de los muros, a través de huecos alargados, redondeados, curvados. La conjunción de todo ello produce la sensación de una cueva cuya atmósfera azulada evoca la de una imaginaria gruta submarina. Mientras tanto la escalera de los vecinos distribuye los distintos apartamentos, que son dos por planta, y se desarrolla alrededor del ascensor y entre los huecos de los dos patios de luces. El tratamiento cromático de las paredes, revestidas de cerámicas lisas y en relieve que van aumentando gradualmente su intensidad desde los colores blanco, gris perla y azul celeste de las plantas bajas, hasta los azul marino y cobalto de las más altas.



Escalera general.


Su cromatismo no es lo único que caracteriza la singularidad espacialidad del patio. Mediante la proyección escalonada de algunos salones del piso principal y del primer piso, Gaudí ha conseguido darle una sección más estrecha en la parte baja y más ancha en el remate, como si en esa forma de embudo representase la cantidad de luz que el patio es capaz de recoger y encauzar. También en relación con la luz que pueden captar, las ventanas son más amplias en las plantas bajas y disminuyen de tamaño en las altas.

El piso principal era la residencia de los Batlló que se distribuía en dos partes, por un lado los salones públicos y por otro lado, el comedor y los salones privados. Los salones principales se abren a la calle. El techo del salón central es un cielo raso de yeso que forma un remolino que, además de constituir una nueva referencia marina, alude, como tantas veces a la idea de generación de la naturaleza.



Salon piso.


Las ventanas de madera están diseñadas para no mostrar ningún tipo de montante dejando así libre la vista de la calle. Los cerramientos, siempre de madera de roble, tienen formas variadísimas, y sus marcos curvados se adaptan a la blandura de los huecos. Además, Gaudí ideó un sistema de carpinterías de funcionamiento especialmente complejo. En algunas de las ventanas, además de las hojas acristaladas, pueden abrirse unas pequeñas rejillas de madera, independientes, que permiten la creación de corrientes de aire, obteniéndose así una ventilación controlada de todos los espacios de la casa.

Vemos como el arquitecto no dejaba ningún detalle a la ligera llevando hasta los extremos la minuciosidad en el trabajo y en el diseño. Hoy en día esto sería impensable por muchas razones, no existen promotores con la suficiente paciencia para asumir los “riesgos”, el tiempo necesario para llevar a cabo la construcción, el tiempo “perdido” por el arquitecto en la obra, etc. Todo ha evolucionado parece que sabemos lo que queremos y lo que nos gusta. Nos hemos convertido en diseñadores o arquitectos, y pretendemos controlar el proceso por el mero hecho de pagar. Hay algo de razón en todo esto, pero ahí un límite y no debemos sobrepasarlo: el trabajo del profesional que reflexiona y que llega a conclusiones a partir de su experiencia y su buen hacer (aunque sea complicado encontrar a profesional, “haberlos hay los”, simplemente hay que pagarlos).

Lahuerta, J. José; Pla, Ricardo y Vivas, Pere (2002): Casa Batlló. Triangle Postals, Barcelona.

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