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Etiquetas:   Cartas a un ex guerrillero  

Simplicidad y honradez

Sor Clara Tricio
Sor Clara Tricio
lunes, 28 de enero de 2008, 07:36 h (CET)
Querido Efraín: Existen gentes cuya simplicidad llega hasta el punto de ignorar lo que es honrado. Esta simplicidad no es la de la inocencia, ya que no conduce a la virtud de la honradez; pues, en la medida en que no saben ser cautos por su honradez, su simplicidad deja de ser verdadera inocencia.

De ahí que el apóstol Pablo amonesta a los discípulos con estas palabras: “Querría que fueseis listos para lo bueno y simples para lo malo”. Y dice también: “Sed niños para lo malo, pero vuestra actitud sea de hombres hechos”.

De ahí que Cristo, que es la misma Verdad en persona manda a sus discípulos: “Sed sagaces como serpientes y simples como palomas”. Manda las dos cosas de manera inseparable, para que así la astucia de la serpiente complemente la simplicidad de la paloma y, a la inversa, la simplicidad de la paloma modere la astucia de la serpiente.

Por esto, el Espíritu Santo hizo visible a los hombres su presencia, no sólo con figura de paloma, sino también de fuego. La paloma, en efecto, representa la simplicidad, y el fuego representa el celo. Y así se mostró bajo esta doble figura, para que todos los que están llenos de él practiquen la simplicidad de la mansedumbre, sin por eso dejar de inflamarse en el celo de la honradez contra las culpas de los que delinquen.

Todo el que anhela la patria eterna vive con simplicidad y honradez: con simplicidad en sus obras, con honradez en su fe; con simplicidad en las buenas obras que realiza aquí abajo, con honradez por su intención que tiende a las cosas de arriba. Hay algunos, en efecto, a quienes les falta simplicidad en las buenas obras que realizan, porque buscan no la retribución espiritual, sino el aplauso de los hombres. Por esto, dice con razón uno de los libros bíblicos sapienciales: “Ay del hombre que va por dos caminos”. Va por dos caminos el hombre pecador que, por una parte, realiza lo que es conforme a Dios, pero, por otra, busca con su intención un provecho mundano.

Bien dice el libro de Job, que “temía a Dios y se apartaba del mal”: porque los elegidos inician su camino de simplicidad y honradez por el temor, pero los lleva a la perfección el amor. En efecto, se apartan radicalmente del mal, cuando, por amor a Dios, empiezan a detestar el pecado. Cuando practican el bien movidos sólo por el temor, todavía no se han apartado totalmente del mal, ya que continúa pecando por el hecho de que querrían pecar si pudieran hacerlo impunemente.

Acertadamente, pues, se afirma de Job que temía a Dios y, al mismo tiempo, se apartaba del mal; porque, cuando el amor sigue al temor, queda eliminada incluso aquella parte de culpa que subsistía en nuestro interior, por nuestro mal deseo.

Os envío los mejores deseos, y con la esperanza de que sigáis todos bien, recibir un cariñoso saludo, CTA.

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