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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Cursos para curar la ignorancia evangélica

Alicia Martínez (Madrid)
Alicia Martínez
lunes, 31 de diciembre de 2007, 05:09 h (CET)
¿Puede uno salir de la ignorancia y tener una vida completamente normal?

Sí. Hay que tener una firme voluntad y prescindir de determinadas compañías, dejar de consumir panfletos de todas aquellas asociaciones ultraconservadoras con modelos homófobos, vinculadas, mayormente,al protestantismo -también hay católicas-, y dejar de visitar iglesias, centros, escuelas y webs en las que sus dirigentes, disfrazados con el barniz teológico, conculcan la indignidad de la persona por su sexualidad.

Nos estamos refiriendo a esas Iglesias Evangélicas que en nuestro país exportan su imbecilidad flagrante y montaraz del sexo y del pecado sexual, sin más conocimiento científico y pedagógico que el del dinero que les puede reportar la muy inculta y poco cultivada población inmigrante de Latinoamérica.

Ahora, en un alarde incitador de desconocimiento premeditado, importan cursos de EEUU para <> en España o <>. Se pretende, por así decirlo, <> a los homosexuales, partiendo de la base de que hay otra forma de vivir y que cambiar es posible. Es decir, esas organizaciones protestantes, en el papel de educadores de la marginación, consideran a las personas con diferente identidad sexual como todo un colectivo a agrupar, proteger y educar entre los niños, los desgraciados, los enfermos para, así, presenciar el orden natural de la belleza.

Hace ya muchos años que la OMS (Organización Mundial de la Salud) dejó bien claro que la homosexualidad no es una enfermedad. Como consecuencia, todo lo que sea alterar la tendencia natural de las personas en relación al sexo mezclando a un hipotético Dios, es una verdadera estafa y constituye una aberración que desorienta y deforma el diseño natural de las cosas. El homosexual ha de aceptarse a sí mismo y convencerse de que forma parte de una comunidad tan natural y decente como el heterosexual. Que no existe vacuna alguna contra lo que la biología individual de cada uno ha dispuesto. Que el amor y la aceptación social como una realidad de hecho se hacen imprescindibles para no violentar la supuesta "debilidad" teórica del homosexual. Todo lo demás, son carencias de unas Iglesias que juegan con los más profundos valores del hombre para someterle a unos dictados que permitan su control social.

Es más, en nuestra historia evolutiva, todo un conjunto de hombres y mujeres, por razones fundamentalmente de tipo biológico e incluso social, han preferido continuar sus relaciones con semejantes de su propio sexo, no siendo empujados en la pubertad, por la necesidad de reproducirse, a relacionarse con otros de distinto sexo. En tal sentido, hasta el homosexual se hace más creativo e inteligente que la media de los hombres, pues, no olvidemos, que los humanos nunca perdemos la curiosidad ni nuestra capacidad inventiva, lo que nos diferencia de otras especies.

Discriminar a la persona homosexual es desconocer la variada realidad biológica de nuestra especie. Violentar esa natural tendencia, es perjudicar a la sociedad, creando auténticos monstruos que en nombre de un Dios inexistente y educador practican en su intimidad todo lo contrario.

Recupérese el sexo de cada uno, practíquese de forma natural, libre y no solapadamente, denunciese la doble moral de los hipócritas pastores y predicadores evangélicos que realmente necesitan reciclarrse en el conocimiento de las personas y dejemos el pecado sexual y el vicio que pudre sus mentes a esos mensajeros de la paz cristiana, que ambicionan en demasía el dinero de los ignorantes para llenar sus bolsillos. Son ellos, los que necesitan de verdad, recibir cursos de estilo de vida y conocimiento para no estafar.

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