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Etiquetas:   Entrevista  

'Los españoles del siglo XVII eran muy temerosos de Dios, muy supersticiosos'

Félix G. Modroño, escritor
Redacción
miércoles, 5 de marzo de 2008, 06:07 h (CET)
"Un viejo carro, lleno de paja, trataba de recorrer sigiloso el entramado de calles que conducía a la zona alta de la ciudad. El aliento del caballo percherón que tiraba de él se difuminaba en la tiniebla, propiciada por una funesta luna nueva". Así arranca ‘La sangre de los crucificados’, publicada recientemente por Algaida Editores. Sobre ella conversamos con su autor: Félix G. Modroño (Vizcaya, 1965).




Félix G. Modroño.


Herme Cerezo / SIGLO XXI

¿Qué le ocurre al apellido González que Montero Glez lo apocopa y usted lo reduce a la letra G?

Simplemente es un tema de diseño de portada, de hecho en la solapa aparece completo. Alguien me propuso quitarlo dejándolo simplemente en Félix Modroño, pero no voy a hacerlo porque mi primer apellido es tan válido como cualquier otro y no voy a renunciar a él en absoluto.

¿Cuánto tiempo ha estado documentándose para escribir la novela?

Mucho más que escribiéndola: un año largo consultando y leyendo entre cien y ciento cincuenta libros para ambientarme sobre la época: cómo escribían, cómo prendían el fuego, cómo vestían, que comían... Sin embargo, lo más costoso fue meterme en la piel de aquellas gentes y conocer sus miedos, sus creencias, qué pensaban de Dios, como afrontaban la muerte...

Además de los libros, ¿utilizó otras fuentes documentales, como por ejemplo la película ‘Crónica del rey pasmado’?

Hace años que la vi y mira que he pensado en esa película, porque me hubiera gustado volverla a ver para ubicarme y rememorar el papelón de Gabino Diego como Felipe IV. Pero no la repasé. Lo cierto es que no hay demasiado cine español sobre aquellos años. Y es una lástima porque daría para muchos metros de celuloide.

¿Cómo eran los españoles del siglo XVII?

Eran muy temerosos de Dios, muy supersticiosos. Como anécdota le diré que Carlos II era epiléptico y para curarle la enfermedad no se les ocurrió otra cosa que ponerle un pichón muerto sobre su cabeza. Y esa idea provenía de los médicos más importantes de la época.

¿Por qué un abogado metido en el mundo financiero, de repente, rompe a escribir?

En parte por necesidad, para evadirme del sistema y de la presión diaria a la que todos estamos sometidos. Es un mecanismo de defensa al que he llegado de rebote, porque yo hacía fotografías y escribía relatos cortos. Hasta que se me ocurrió esa historia y me pregunté que por qué no iba a escribir una novela. Y lo hice.

¿Rompe mucho al escribir?

No, no corrijo mucho, soy bastante ágil en la escritura. Procuro escribir cuando estoy inspirado. Si no lo estoy también trabajo, pero al día siguiente lo primero que hago es corregir lo que hice la víspera.

¿Escritor diurno o nocturno?

Soy escritor noctámbulo. Para mí la noche es fundamental para escribir. Primero, por motivos laborales, ya que trabajo de día, y segundo, porque siempre he sido de hábitos nocturnos: estudiaba de noche, salía de noche...

Y ahora que ya ha experimentado ambas cosas, ¿en qué terreno se siente más cómodo: en el relato breve o en la novela?

Hombre, una novela es más larga y sus planteamientos son radicalmente distintos. Los que han leído mis relatos dicen que soy un buen escritor de relatos cortos y me aseguran que es más difícil escribir relato breve que novela. Pero yo no sé si estoy de acuerdo con esto. De todos modos, la verdad es que no sé por qué los relatos cortos son considerados un género chico, cuando realmente merecerían un mayor número de lectores.

¿Por qué escogió la estructura de thriller?

En la novela, el hecho fundamental son los asesinatos y la investigación de los mismos. Se desarrolla en 1682, obligado por la leyenda en la que me basé para construir la historia. Y a medida que avanzaba en mi estudio, iba atrapando mejor la trama. Digamos que he ido cubriendo pequeños vacíos históricos con su escritura.

¿Qué técnicas utilizaban los "ceseís" de la época?

Básicamente la intuición y el sentido común, que son las principales características de mi personaje, Fernando de Zúñiga.

Va un poco de sobrado don Fernando, ¿no?

Aparentemente. Se trata de una persona que está muy por encima de la media de la época. Tenga en cuenta que en aquellos años, el noventa por ciento de la población era analfabeto y él era doctor por la Universidad de Salamanca. Lo que resulta evidente es que desde luego humilde no es y, si resulta algo pretencioso, es porque podía serlo.

¿Qué tiene don Fernando de Zúñiga de Félix G. Modroño?

Supongo que tiene bastante. No sé si Fernando de Zúñiga sería como yo hoy o yo como él en el siglo XVII, pero es evidente que tiene muchas cosas mías.

¿Le ha salido un contrincante a Alatriste?

No, no, estamos hablando de palabras mayores. Pérez-Reverte es uno de mis ídolos y jamás podría llamarle contrincante. Está ambientada en una época similar, pero Alatriste es más guerrero, más peleón, más espadachín que don Fernando de Zúñiga, más parecido a Poirot o a Holmes.

En ‘La sangre del crucificado’ la calidad de la escritura crece capítulo a capítulo.

Es posible, a medida que avanzaba me iba enriqueciendo y la historia ganaba en intensidad. Es lo mejor que me pudo ocurrir porque así no pude dejarla hasta el final.

Hay un buen trabajo de mezcla de castellano antiguo y actual, ¿le ha costado mucho hacerlo?

Es un aspecto que he cuidado mucho porque no quería aburrir con el lenguaje de época, que puede resultar tedioso para el lector común. Pero a la vez tampoco quería introducir cosas que no pudieran decir o pensar personas de entonces.

‘La sangre de los condenados’ es cinematográfica.

Sí, además escogí bien los lugares pensando en que si alguien se anima a llevarla al cine los paisajes los tiene solucionados.

¿Habrán más novelas de don Fernando de Zúñiga?

De momento, estoy disfrutando con la primera y dependiendo de la aceptación que tenga entre los lectores, sí habrá una segunda novela protagonizada por este mismo personaje.

Y si no hay esa aceptación, ¿continuará escribiendo?

Ya le he cogido el gusanillo a esto y aunque sea con otro registro seguiré haciéndolo.

Convenza a los lectores para que se acerquen a su libro.

‘La sangre de los crucificados’ es una novela que puede interesar a muchísima gente. Una de las mayores satisfacciones que tengo es que personas que hacía tiempo que no leían o que no acostumbraban a hacerlo, se han enganchado de principio a fin con sus páginas. Creo que arrastra al lector porque contiene una parte de intriga, otra de formación e, incluso, en determinados momentos hasta se puede reflexionar con ella.

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