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Etiquetas:   El crisol   -   Sección:   Opinión

La cara de la moneda

Pascual Mogica
Pascual Mogica
domingo, 17 de junio de 2007, 06:48 h (CET)
El pasado día 12 el Congreso de los Diputados aprobaba una proposición no de Ley para acuñar monedas con imágenes femeninas. Esta proposición fue presentada por el PSOE y apoyada por todos los grupos políticos de la Cámara Baja a excepción del PP. El Partido Popular se abstuvo por que no fue admitida una enmienda suya en la que solicitaban la elaboración de una relación de personajes ilustres de la Historia de España.

La aprobación de esta proposición no de Ley posibilitaba el poder dar cumplimiento a la posibilidad de que sea la imagen de Clara Campoamor, la primera que se grabara en las monedas. A este respecto el PP, para intentar justificar su abstención, dijo que esa era una forma oportunista de utilizar la figura de Clara Campoamor que “no fue apoyada por la izquierda cuando pidió el derecho al voto de las mujeres, terminó sus días en el exilio y tuvo que apoyarse en las derechas”. Toda esta pobre y falsa argumentación, que es lo que caracteriza al PP cuando, como siempre, camina con el paso cambiado, me lleva a decir que efectivamente Clara Campoamor tuvo sus dificultades con la izquierda, pero de ahí a pretender hacer creer que el que las mujeres pudieran votar fue gracias a las derechas es algo que intenta distorsionar un hecho histórico. Efectivamente Clara Campoamor, murió en el exilio, pero no fue culpa de la izquierda. Cuando en 1951 intentó volver a España, el dictador Franco le planteó que para ello tenía dos opciones: Dar los nombres de los masones que ella conocía o pasar doce años en la cárcel. Evidentemente Clara Campoamor, no quiso denunciar a los masones que conocía y tampoco, obvio es decirlo, pasarse doce años en la cárcel por lo que en 1972 murió en Suiza. Eso sí fue gracias a las derechas.

Por otro lado cuando el PP plantea el elaborar un listado de personajes ilustres de la Historia de España y a partir de ahí establecer preferencias, muy posiblemente esté pensando en aquellas “gloriosas” dirigentes de la Sección Femenina de la Falange de Franco que llevaron a cabo esa “gran obra”, tanto social como política, formando a la mujer de modo y manera que el día de mañana pudiera ser una esposa fiel, obediente, abnegada y una excelente reproductora de la especie humana a más de una buena madre capaz de “cargar” con la tarea de criar a un montón de hijos. Esta es una parte de la lista de los personajes de la Historia de España que contentaría al PP si fuera aceptada. También supondría para el PP una enorme satisfacción ver el rostro del General impreso en los billetes de quinientos euros, y la faz de algunas pías damas que presidían los célebres roperos con nombres de santos y santas. Todo esto sí lo hubiera aceptado el PP. Seguro.

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Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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