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Etiquetas:   Reales de vellón   -   Sección:   Opinión

La propiedad privada en China

Sergio Brosa
Sergio Brosa
martes, 20 de marzo de 2007, 09:54 h (CET)
Comentaba en esta misma columna (4-XII-2006) a raíz de la especulación del suelo y el coste de la vivienda que en China, el suelo es propiedad de todo el pueblo chino, por lo que es administrado por el Estado y se evita así, al menos teóricamente, la especulación sobre el suelo que tanto afecta al precio de las viviendas en España particularmente, hasta el extremo que los inversores y promotores inmobiliarios, a la hora de adquirir un solar para la edificación de viviendas, dado que el techo total a construir en cada solar viene fijado por la autoridad municipal que gestiona el plan general de la zona y el parcial en el que está enclavado el solar de que se trate, la primera operación es calcular la repercusión de su precio sobre el metro cuadrado de la vivienda a construir, pues los costes de construcción son conocidos y están controlados.

Hace quince años, tuve la oportunidad de trabajar con un destacado inversionista inmobiliario de Singapur, Leslie Tan que me contaba de sus tribulaciones con el gobierno chino, pues tenía el proyecto de realizar una inversión en Shanghai, capital económica de China y el problema radicaba en la imposibilidad de acceder a la propiedad del suelo. Y se preguntaba Leslie Tan cómo podían los chinos hacer negocios con semejante sistema de propiedad.

Aquel proyecto no se hizo y esta pasada semana, China ha regulado mediante una ley, la propiedad privada que estaba ya recogida en su constitución desde hace años como concepto, pero no regulada formalmente. En cualquiera de los casos, se trata de una normativa que recoge todos los aspectos de la propiedad estatal y los patrimonios privados, manteniendo la prohibición de la compraventa de la propiedad rural que se rige por normas particulares, supeditadas a la colectividad y la familia.

Es claro que existe una controversia entre los distintos sectores sociales que representan intereses diversos, pero que el gobierno ha resuelto de una forma compensada. Desde hace años, se está dando en China un fenómeno que podría calificarse de “occidentalización”, en un sentido peyorativo de la expresión, al haberse adoptado un sistema encubierto de capitalismo feroz que está produciendo una clase de multimillonarios espontáneos que no es sino debido a la ausencia de una normativa específica que regule la actividad económica en forma adecuada y propicie un crecimiento equitativo, justo y no desequilibrante.

Actualmente han proliferado los Leslie Tan que pretenden extender sus negocios a China, aprovechando la escasez de casi todo, menos de consumidores potenciales. El análisis estratégico es sencillo: atendiendo a los potenciales compradores, cuántas unidades se pueden vender de lo que sea. Las cifras, aunque teóricas, por la capacidad adquisitiva del chino medio, son escalofriantes y todos los estudios concluyen en la urgencia de instalarse en China. Y ello crea un desarrollo incontrolado por no legislado que favorece el enriquecimiento de unos pocos en perjuicio de la mayoría.

Pero es que el cambio que se está produciendo en China en los últimos años rompe todos los esquemas que Mao incrustó en el país, tras la revolución de 1947, con la colectivización de los medios de producción, en forma de monopolio de estado, junto a la supresión de la propiedad de la tierra. Todo se convirtió en propiedad pública.

Posteriormente, la reforma económica de 1978 con Den Xiaoping, introdujo los rudimentos de una economía de mercado, observando que si se permitía un cierto enriquecimiento de la población, fruto del esfuerzo de su trabajo, todo el país prosperaría. Se mantuvo la propiedad estatal de la tierra, pero se adjudicaron concesiones de tierras rústicas a familias por un tiempo determinado, a fin de permitir que sus frutos revertieran en los propios trabajadores concesionarios. Al mismo tiempo, los medios de producción adquirieron cierta pátina de propiedad privada para favorecer la creación de negocios incipientes que fueron dando origen, con el tiempo, a una clase floreciente de empresarios.

Posteriormente, en 1999, una reforma constitucional determinó que la economía privada era importante para el desarrollo de todo el país, cuando hasta entonces sólo tenía la consideración de complementaria. Y poco después se legisló sobre la inviolabilidad de la propiedad privada adquirida legalmente.

Los cimientos de una economía libre de mercado están ya asentados y si bien el estado sigue dirigiendo el camino a seguir, no es menos cierto que hay grandes ayudas estatales para todos aquellos emprendedores nacionales que hayan desarrollado un proyecto empresarial con tintes de verosimilitud, a fin de que desarrollen tales proyectos, pues las economías de escala que se generan revierten en todo el país.

La atracción de la industria occidental se hizo sobre la base de que las empresas que querían establecerse en China, debían aportar tecnología que pasaría a ser del dominio chino. La contraprestación era que el gobierno corría con toda la inversión necesaria.

Así, algunos avispados empresarios europeos, con tecnologías patentadas en todo el mundo, accedían a la oferta de cesión tecnológica y luego negociaban la compra del 100% de la producción de “sus” plantas en China, pues el precio del producto allí fabricado era más barato que el obtenido en Europa o EE.UU. con lo que su venta en sus mercados mundiales, les proporcionó un beneficio adicional que les compensó sobradamente por el regalo de la tecnología.

Ahora, la situación es imparable y China ha de equipararse al resto del mundo que reconoce y regula la adquisición de la propiedad privada y su protección. En otro caso, cómo van a poder hacerse negocios en China.

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