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Etiquetas:   Pobreza   -   Sección:  

Soweto, Mandela y un pao más en Sudáfrica

Isabel García-Ajofrín Romero-Salazar
Redacción
miércoles, 28 de febrero de 2007, 23:00 h (CET)
En el presente agotamos nuestro tiempo reparando los errores del pasado, por eso, si no hubiésemos fallado entonces, cuánto tiempo y cuanto sufrimiento ahorraríamos. Es así el caso de Sudáfrica; país terriblemente dañado durante el apartheid y que ahora se esmera en corregir lentamente los fallos. Las medidas adoptadas hasta el momento son leves y se deciden con sumo cuidado por miedo a que el remedio se vuelva en contra. Se trata de la redistribución de tierras que la minoría blanca se adjudicó durante el apartheid y ahora pretenden ser devueltas a la población.

Pues África no fue siempre como la conocemos ahora; fue fuerte y la naturaleza generosa con ella. Hubo grandes imperios como el de Egipto, el de la región de Níger, el de Ghana o Mali. Sin embargo, frenaron su fuerza y la humillaron; la despojaron de sus riquezas, sin piedad y sin sentir pesar por ello; y ahora, en desventaja, tiene que levantar cabeza.

Sudáfrica tampoco era la misma de ahora. El país africano más lejano de Europa, fue curiosamente la entrada de europeos en África. El Cabo de Buena Esperanza, fue nombrado de esta manera por el marino portugués Bartolomé Días que lo alcanzó en 1487. Una década más tarde se atravesaría para llegar a la India, dando comienzo a la Ruta de las Especias y un siglo después, sería el lugar de parada de los comerciantes europeos de especias, por ser el punto medio del trayecto. De esta manera se cambió para siempre el destino de Sudáfrica. Los asentamientos poco a poco, se hicieron permanentes y sus miembros, un grupo de holandeses calvinistas fueron llamados boers (campesinos) y crearon una lengua propia: el afrikáans.

La población blanca era una minoría pero decidieron adueñarse de los derechos de una tierra que les era ajena. Los británicos se habían sumado a los bóers para ampliar el imperio pero tras la independencia de Gran Bretaña en 1934, los bóers dispusieron y apoyaron en leyes un régimen racista y moralmente insostenible llamado apartheid.

Aquí comienza un periodo lamentable en la historia del hombre donde unos pocos decidieron el destino de casi un país entero y convirtieron cruelmente a sus gentes en víctimas.

La discriminación de los negros por parte de los blancos en Sudáfrica había estado siempre presente pero en 1948 la práctica se convirtió en ley. Se desplazó a la población negra a los suburbios de las ciudades e incluso se les prohibió acceder a la educación superior y se les negó el voto. Estaban castigadas así mismo, las relaciones sexuales y matrimonios interraciales. Hasta que la rabia contenida estalló en Soweto. Este barrio de Johannesburgo destinado a la población negra fue el lugar de inicio de una serie disturbios en los 70 que se extenderían por todo el país y que daría comienzo a la lucha por los derechos de los negros en Sudáfrica.

Pero Thabo Mbeki, actual presidente de Sudáfrica, no quiere ni muchos menos un nuevo episodio de Soweto; también evita seguir los pasos de Zimbabwe y lo que pretende es acercarse al ejemplo de Namibia.

Pues Zimbabwe y Namibia sufrieron igualmente los daños del apartheid pero las reparaciones no han resultado de la misma manera en ambos.

Robert Mugabe, presidente de Zimbabwe, pretendió una mejora del país con la redistribución de tierras pero las consecuencias fueron el debilitamiento de la economía y la huida del país de la población blanca. En este caso, los expropiados no cobraron indemnización alguna y se critica que las tierras obtenidas se están utilizando como lugar de recreo; esto sumado a la escasez de lluvias se convirtió en una caída de la producción alimentaria en un 50%.

Namibia sin embargo ha logrado una reforma con éxito. Primero se obligó a vender las tierras no productivas, luego otras tierras y finalmente se expropió a los que se negaron a vender pero con grandes sumas de dinero.

Por eso Sudáfrica actúa con sigilo para no repetir los errores de Zimbabwe. La primera acción de redistribución de tierras en Sudáfrica fue el 26 de enero de 2007, con la expropiación en Northern Cape de una finca de 25.200 hectáreas, perteneciente a la Iglesia Evangélica Luterana de Sudáfrica. El gobierno pagó por ella tres millones de euros, sin embargo la iglesia asegura que su precio real es más del doble.

De esta forma, el enfrentamiento o al menos las quejas entre gobierno y terratenientes parece inevitable pero sin duda, la reforma dará comienzo a un nuevo periodo en el país, donde hasta ahora la minoría blanca es propietaria del 90% de las tierras. Fue Nelson Mandela, presidente de Sudáfrica desde 1994 y hasta 1999 quien abrió el camino a la consecución de derechos para los negros y lo hizo promulgando la no violencia. Por ello, debe seguirse su ejemplo. En Soweto se derramó demasiada sangre.

A pesar de ello, el trayecto se insinúa largo y no falto de dificultades pues las ideas racistas y los rencores no desaparecen tan fácilmente. Como dijo M. Scott Peck: “La verdad os hará libres pero primero os hará endiabladamente enfadados.”

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