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​“Me gusta la ciudad de Toledo a la luz de la tormenta por el Greco”

Liliana Díaz Mindurry responde ‘En cuestión: un cuestionario’ de Rolando Revagliatti
Rolando Revagliatti
sábado, 12 de septiembre de 2020, 09:01 h (CET)

Liliana Du00edaz Mindurry 37   Foto Mayda Bustamante


Liliana Díaz Mindurry nació el 28 de junio de 1953 en Buenos Aires, ciudad donde reside, capital de la República Argentina. Es abogada, egresada de la Universidad Nacional de Buenos Aires. Su obra fue traducida al inglés, alemán, francés, griego y portugués. Entre las distinciones que ha recibido destacamos la Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores en 1989 y 1992; el Primer Premio Embajada de Grecia e Instituto Griego de Cultura por el poemario “Paraíso en tinieblas”, en 1990; el Primer Premio Municipal de Buenos Aires Bienio 1990-1991 de cuento por “La estancia del sur”; el Premio Centro Cultural de México Concurso Juan Rulfo de cuento, en 1993; el Primer Premio Fondo Nacional de las Artes, en 1994; el Premio Planeta de Novela 1998 por “Pequeña música nocturna”. Libros publicados: en el género cuentos, “Buenos Aires, ciudad de la magia y de la muerte”, “La estancia del sur”, “En el fin de las palabras”, “Retratos de infelices”, “Último tango en Malos Ayres”; en el género poesía, “Sinfonía en llamas”, “Paraíso en tinieblas”, “Hamlet en la azotea”, “Wonderland”, “Resplandor final”, “Cazadores en la nieve”, “Guernica”, “Poesía completa”; en el género ensayo, “La voz múltiple y otros textos (una mirada sobre obras y autores)”, “La maldición de la literatura”; en el género novela: “La resurrección de Zegreus”, “A cierta hora”, “La dicha”, “Perro ladrando a la luna”, “Lo extraño”, “Lo indecible”, “Pequeña música nocturna”, “Summertime”, “Hace miedo aquí”, “El que lee mis palabras está inventándolas”, “Cita en la espesura”.

¿Cuál fue tu primer acto de “creación”, a qué edad, de qué se trataba?

No recuerdo el primero, pero de muy chica escribía un diario lleno de mentiras conscientes y había hecho una traducción infantil de “Les fleurs du mal” para un cumpleaños de mi padre. A los once me había iniciado en poemas muy breves.

¿Cómo te llevás con la lluvia y cómo con las tormentas? ¿Cómo con la sangre, con la velocidad, con las contrariedades?

La simple lluvia no me gusta nada. La tormenta es otra cosa: recuerdo una tormenta que vi en Asunción desde un hotel de arriba de la ciudad y me resultó fascinante desde la ventana. Era una cortina de agua con un cielo cargado de relámpagos. Me producía tanto temor como felicidad: había una sensación de catástrofe. Me gusta la ciudad de Toledo a la luz de la tormenta por El Greco. Pero que no me encuentre a la intemperie.

En cuanto a la sangre, es posible que le tenga algo que linda entre el terror y el asco.

Odio la idea de velocidad como eficacia. Suena a capitalismo, a cosas burdas, mal hechas. La lentitud es sensual. Sólo me gustan las respuestas veloces de ciertos ironistas naturales.

A quién le gustan las contrariedades: a un masoquista. No lo soy.

“En este rincón” el romántico concepto de la “inspiración”; y “en este otro rincón”, por ejemplo, William Faulkner y su “He oído hablar de ella, pero nunca la he visto.” ¿Tus consideraciones?…

Como diría Picasso, que la inspiración nos encuentre trabajando.

¿De qué artistas te atraen más sus avatares que la obra?

De Pablo Neruda. De Frida Kahlo. Y no me interesan sus obras.

¿Lemas, chascarrillos, refranes, proverbios que más veces te hayas escuchado divulgar?

“La poesía no se vende porque la poesía no se vende.” Pero no me gustan los refranes: se me suele escapar ése y cuando me doy cuenta me arrepiento por la vulgaridad.

¿Qué obras artísticas te han —cabal, inequívocamente— estremecido? ¿Y ante cuáles has quedado, seguís quedando, en estado de perplejidad?

Muchos poetas me han estremecido; ahora me acuerdo de Jorge García Sabal y lo rescato porque pocos lo conocen. De qué sirve nombrar famosos.

La buena poesía siempre produce perplejidad.

¿Tendrás por allí alguna situación irrisoria de la que hayas sido más o menos protagonista y que nos quieras contar?

Tantas: el mundo es irrisorio por donde se lo mire.

¿Qué te promueve la noción de “posteridad”?

Pienso en cementerios.

“¿La rutina te aplasta?” ¿Qué rutinas te aplastan?

La rutina del lugar común y de lo transitado en la escritura.

¿Para vos, “Un estilo perfecto es una limitación perfecta”, como sostuvo el escritor y periodista español Corpus Barga? Y siguió: “…un estilo es una manera y un amaneramiento”.

No sé qué es un estilo perfecto. Es siempre un modo de escribir, una voz, una individualidad. Un amaneramiento será en algún caso, no siempre.

¿Qué sucesos te producen mayor indignación? ¿Cuáles te despiertan algún grado de violencia? ¿Y cuáles te hartan instantáneamente?

La injusticia unida a la estupidez. Me harta la literatura al servicio del mercado, la cursilería, el oportunismo.

¿Qué postal (o postales) de tu niñez o de tu adolescencia compartirías con nosotros?

La azotea de mi casa de la infancia: allí iba a pensar o a llorar.

¿En los universos de qué artistas te agradaría perderte (o encontrarte)? O bien, ¿a qué artistas

hubieras elegido o elegirías para que te incluyeran en cuáles de sus obras como personaje o de algún otro modo?

Querría haber acompañado a Dante, a Eneas o a Ulises en los viajes de ultratumba.

El silencio, la gravitación de los gestos, la oscuridad, las sorpresas, la desolación, el fervor, la intemperancia: ¿cómo te resultan? ¿Cómo recompondrías lo antes mencionado con algún criterio, orientación o sentido?

Amo el silencio, me llevo bien con la oscuridad, las sorpresas me gustan en los textos, la desolación en los desiertos, el fervor en la lectura de mis favoritos, la intemperancia en ningún momento. Los gestos, para trabajarlos en una novela donde se quiere sugerir lo contrario de lo que dicen los personajes.

¿A qué artistas en cuya obra prime el sarcasmo, la mordacidad, el ingenio, la acrimonia, la sorna, la causticidad… destacarías?

Demasiados. Resumo: Miguel de Cervantes.

¿Qué apreciaciones no apreciás? ¿Qué imprecisiones preferís?…

Lo polisémico del poema deriva de una imprecisión o ambigüedad que, a su vez, paradojalmente es lo preciso y lo lúcido del poema: sus abismos de sentido.

¿Viste que uno en ciertos casos quiere a personas que no valora o valora poco, y que en otros casos valora a personas que no quiere? ¿Esto te perturba, te entristece? ¿Cómo “lo resolvés”?

Yo no quiero a personas que no valoro. Si quiero es que valoro. Si te referís a lo meramente literario, podría suceder, pero no me sucede tanto. Sí puedo valorar del punto de vista literario a poetas o escritores que en lo afectivo me son desagradables. No me perturba.

¿El mundo fue, es y será una porquería, como aproximadamente así lo afirmara Enrique Santos Discépolo en su tango “Cambalache”?

No me gusta lo muy enfático. Todo es en un sentido sí y en otro no, para mi visión. Paradojal, digamos.

Por la fidelidad y entrega a una causa o proyecto, ¿qué personas (de todos los tiempos y de todos los ámbitos) te asombran?

Sólo me asombra Gandhi.

¿Qué te hace “reír a mandíbula batiente”?

Partes de El Quijote y fragmentos de “La hora de la estrella” de Clarice Lispector. Seguramente mucho más, pero ellos me vienen en primer lugar. Algo de Oliverio Girondo también.

¿Cómo afrontás lo que sea que te produzca suponerte o advertirte, en algunos aspectos o metas, lejos de lo que para vos constituya un ideal?

Me entristece.

El amor, la contemplación, el dinero, la religión, la política… ¿Cómo te has ido relacionando con esos tópicos?

De todo eso que me nombrás me llevo bien con la contemplación. El amor mezcla sufrimiento y placer, así que me llevo de forma cambiante. Tengo un lado místico, pero no religioso. El dinero me interesa sólo para lo necesario, no me obsesiona y soy lamentablemente escéptica en lo político, tema que me preocupa.

¿A qué obras artísticas —espectáculos coreográficos, films, esculturas, música, pinturas, literatura, propuestas teatrales o arquitectónicas, etc.— calificarías de “insufribles”?

Hay una gran cantidad de espectáculos insufribles. Como le decía Virgilio a Dante: “Non ragioniam di lor, ma guarda e passa”.

¿Qué calle, qué recorrido de calles, qué pequeña zona transitada en tu infancia o en tu adolescencia recordás con mayor nostalgia o cariño, y por qué?…

El Largo do Boticário, en Río de Janeiro, descubierto en mi infancia y siempre inolvidable.

¿Cómo reordenarías esta serie?: “La visión, el bosque, la ceremonia, las miniaturas, la ciudad, la danza, el sacrificio, el sufrimiento, la lengua, el pensamiento, la autenticidad, la muerte, el azar, el desajuste”. Digamos que un reordenamiento, o dos. Y hasta podrías intentar, por ejemplo, una microficción.

No escribo microficciones sino muy raramente y de esa lista sólo me interesan

el bosque, la ceremonia, la danza, el sacrificio y la visión.


"Donde mueren las palabras” es el título de un filme de 1946, dirigido por Hugo Fregonese y protagonizado por Enrique Muiño. ¿Dónde mueren las palabras?…

Uno de mis primeros libros de relatos se llama “En el fin de las palabras”. Lo indecible, el éxtasis determina esa muerte.

¿Podés disfrutar de obras de artistas con los que te adviertas en las antípodas ideológicas? ¿Pudiste en alguna época y ya no?

Para mí la buena literatura, la buena poesía es amoral y lo ideológico es una discusión fuera del arte.

¿Cómo te cae, cómo procesás la decepción (o lo que corresponda) que te infiere la persona que te promete algo que a vos te interesa —y hasta podría ser que no lo hubieras solicitado—, y luego no sólo no cumple, sino que jamás alude a la promesa?

La decepción es la moneda diaria. Es raro que alguien no haya vivido eso cientos de veces. A esta altura de mi vida me sirve para descartar gente, y no me daña demasiado. Cuando uno es joven no lo puede soportar.

No concerniendo al área de lo artístico, ¿a quiénes admirás?

En general, a filósofos y pensadores como Platón, Kierkegaard, Heidegger, Nietzsche. También a Kant, aunque es árido de leer. Figuras como Sócrates y Jesucristo. Los que dieron giros al pensamiento: Galileo, Marx y Freud.

¿Tus pasiones te pertenecen o sos de tus pasiones? Pasiones y entusiasmos. ¿Dirías que has ido consiguiendo, en general, distinguirlos y entregarte a ellos acorde a la gravitación?

La pasión es una violencia maravillada. El entusiasmo (entheos: en Dios) es necesario para crear.

¿Qué artistas estimás que han sido alabados desmesuradamente?

César Aira y Osvaldo Lamborghini, para hablar de escritores de nuestro país.

¿Acordarías, o algo así, con que es, efectivamente, “El amor, asimétrico por naturaleza”, tal como leemos en el poema “Cielito lindo” de Luisa Futoransky?

No. El amor es misterio indefinible.

¿El amanecer, la franca mañana, el mediodía, la hora de la siesta, el crepúsculo vespertino, la noche plena o la madrugada?

El amanecer para la belleza, la mañana para la alegría, la tarde para la tranquilidad, el crepúsculo para la meditación, la noche para el amor y la creación. Suprimo mediodía y siesta.

¿Qué dos o tres o cuatro “reuniones cumbres” integradas por artistas de todos los tiempos y de todas las artes nos propondrías?

Platón, Dante, Cervantes, Shakespeare, Juan Sebastian Bach, Ígor Stravinski, Astor Piazzola, Francisco de Goya, Vincent Van Gogh, Kandinsky, Beckett, Kafka, Thomas Bernhard, Borges, Juan José Saer, Andréi Tarkovski, para delirar un poco.

Seas o no ajedrecista: ¿qué partida estás jugando ahora?…

Siempre, como en “El séptimo sello” de Ingmar Bergman, uno juega contra la muerte.

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