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Etiquetas:   Fotografía y periodismo   -   Sección:   Revista-arte

El espectador del espectáculo

Jesús-Pau Vázquez Vilardell
Redacción
jueves, 28 de diciembre de 2006, 00:21 h (CET)
El CCCB acogió hasta el pasado 17 de diciembre la World Press Photo, un pequeño flujo de imágenes de carácter fotoperiodístico premiadas en el concurso más prestigioso de fotografía de prensa. Observar tales imágenes, ya sean expuestas o a través de su web (www.worldpressphoto.nl), es una oportunidad única en la que el espectador puede extraer conclusiones sobre la incertidumbre entre dos tipos de lenguajes; el lenguaje que nos conduce a la existencia de lo visible y el lenguaje narrado. Se trata, pues, de que el espectador pueda jugar con el espacio a través de la "aventura de la representación", en donde la percepción del propio visitante se hace la partícipe número uno de la exposición. En este sentido, la percepción se alza como la gran protagonista del evento porque a través de ella el espectador realiza el juicio de la información, para, a posteriori, intentar corroborarla con la información del autor de la fotografía. He aquí el conflicto entre la imagen y la información que se produce de forma inherente en toda la exposición.

La World Press Photo es fruto de la selección de aquellas imágenes que por su tratamiento fascinan, seducen y atraen la percepción del espectador. No es de extrañar que el espectador sucumba ante el intento de mantener una opinión con fundamento de las situaciones que perciben sus ojos puesto que se lo impide la falta de información y el abuso fugaz de imágenes sin vínculos temáticos entre sí, propios de la cultura posmoderna. Es por ello que la World Press Photo es un buen ejemplo de la "condición posmoderna de Lyotard", en la que el espectador puede replantearse los problemas epistomológicos de la imagen e incidir en la intensidad con la que el espectáculo intenta dar cuenta al mundo de la noticia.

Hoy, la fotografía y el titular en el periodismo actúa de reclamo y se rige como consecuencia al abandono de los viejos métodos de transmisión de la información, el impacto visual cumple una nueva función social en detrimento de la información y permite el consumo inmediato y su presencia en la masa. Dado este hecho es fácil pensar cuáles son sus dimensiones manipuladoras y qué ha significado la inclusión de la imagen en el papel que la narración ha estado cumpliendo hasta entonces.

Evidentemente, es cierto que el mayor cambio socioeconómico, tecnológico y cultural ocurrido en la historia como lo ha sido la Revolución Industrial, causó una metamorfosis en el tratamiento de la noticia y en su carácter ideológico. A finales del siglo XIX se hace elocuente la gran capacidad de reclamo de la imagen -a través de los estímulos perceptivos que éstas producen-, y en concreto, la fotografía de hechos que retratan la realidad es la más fiel representación de la realidad perceptible hasta el momento. Según Jean Baudrillard, la imagen "no busca más que la prostitución, la exterminación de todo lo real por su doble" que nos conduce a una situación de "simulacro" por lo que nada podemos saber de la realidad porque la "imagen misma es lo real" y el proceso de imaginarnos a la realidad desaparece -desilusión-. Junto a este auge en los procesos de difusión de la información se produce paralelamente la transición a la cultura posmoderna. En palabras de David Morley: "la transición hacia la sociedad de la información, en la cual el sector de servicios sustituye a la industria de producción, el ordenador sustituye al torno y el ramo de la información sustituye a la producción de artículos".

Actualmente, el proceso de informar consiste en regar a la población a través del degoteo hasta acabar empapándolos de imágenes en el mundo "posmoderno" en el que nos hemos adentrado. Cualquier quiosco de Barcelona está atestado; en ellas vaga la percepción sin una protección previsora, sin un filtrado capaz de hacer frente a la embriaguez de imágenes de prensa, "vacías" de realidad. El espectador absorbe, retiene, consume todas las imágenes que percibe una a una, para acabar realizando la elección de la "noticia" acorde con aquellos estímulos que atrajeron su atención. El fotoperiodismo muestra lo que el espectador desea ver, un flujo de imágenes que sintetizan los acontecimientos que han acaecido en las últimas 24 horas, junto a una información narrada pero, sin embargo, ésta se reduce a desglosar el hecho particular que reproduce la imagen. Por lo tanto ¿sería posible afirmar que el factor persuasivo y de manipulación para determinar en qué medio deseamos enjuiciar la información reside en la imagen?, ¿esta perdiendo la información narrada el valor trascendental de la noticia? y, consecuentemente, ¿está la información en un "primer orden" ficticio? Si antes la noticia era el caramelo ahora el caramelo es la imagen, la noticia es el envoltorio que sirve para descifrar sus ingredientes.

La reeducación de la percepción y el "poder disciplinario" de Foucault.

Este involuntario juicio de la información son producidos de forma sistemática y automática tras la participación, en la terminología de Foucault, del "poder disciplinario" -la persona encargada de tratar la psicología y efectividad de la imagen acorde a unos intereses institucionales-. El sistema educativo no ayuda a comprender y valorar adecuadamente las cualidades perceptivas de la imagen. Por eso es necesario cuestionar si estos valores culturales que nos permite aceptar un mensaje son fiables o, por el contrario, consecuentes de una percepción analfabeta. Es por este motivo que es necesario un proceso de reeducación de la percepción. Dadas estas circunstancias, la reeducación de la percepción en su eje no es posible. Es más, en el caso utópico de que el poder disciplinario de Foucault invirtiese tiempo y dinero resultaría inútil debido a que el discurso procedería del propio poder -que es quien se encarga del correcto funcionamiento de los engranajes o sistemas del saber-, es decir, la reeducación de la percepción no puede llevarse a cabo con las armas de la modernidad, las grandes teorías que contienen la verdad absoluta y los grandes sistemas de producción capitalista dejaron de ser progresistas hace muchos años.

Por otro lado, la posmodernidad ejerce su propia función, da cuenta al mundo de cuáles son los problemas insolubles del eje -o esfera-, por este motivo, la exposición World Press Photo puede ayudar al espectador a identificar esas imágenes de los medios públicos que dan espectáculo y que tanta fascinación y banalidades producen. Bien es cierto que el principal objetivo del visitante de la exposición es su inmunización frente a tal espectáculo. Por ahora resulta inviable que desaparezca y es inútil buscar maneras de cambiar las formas de manipulación de la masa a través de la percepción. De todas formas, el fotógrafo permanecerá siempre impasivo ante cualquier posibilidad utópica de cambio puesto que su capacidad creativa para metamorfosear el arte de la fotografía y su versatilidad le permitirán estar preparado. El fotógrafo es artista y como tal puede hacer frente a cualquier tipo de cambio en su modo de hacer.

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Jesús-Pau Vázquez Vilardell. www.worldpressphoto.nl

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