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Etiquetas:   Perroflauteando   -   Sección:   Opinión

Nadie pero no nada

Los nadies somos esa invisible marea de fondo que da cuerpo a la realidad de todos
Luis W. Sevilla
@LuisWSev
jueves, 18 de septiembre de 2014, 07:37 h (CET)
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal,
sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la
bala que los mata. (Eduardo Galeano)


Porque la democracia cuando es real, al ser el gobierno de la mayoría, es el gobierno de los nadies. Porque los nadies son la mayoría abrumadora que inunda todo pero que sistemáticamente queda invisibilizada. Porque nos elegimos y reivindicamos alguien para conjurar el imborrable recuerdo de que somos nadie, de que somos hijos o nietos de nadie.

Porque una cultura que estigmatiza a los nadies es una cultura dañina que hace que la mayor parte de la población se sienta mal simplemente siendo. Porque reivindicarme nadie, reivindicarnos nadies, es recordar que si soy alguien o algo es sin duda efímero y excepcional, porque muero en la valla de Melilla, intentando llegar a Lampedusa, bajo las bombas en gaza, en las minas de oro o de coltán. Porque soy sinpapeles, expatriado, sin conocer el idioma, refugiado; enfermo de sida, muriendo de hambre, víctima de una sequía o de un expolio.

Porque cuando hemos olvidado que todos nosotros somos nadies y que sólo algunos ellos son alguien es cuando hemos sido el más eficaz y formidable enemigo que hemos tenido nunca.

Los nadies, cuando somos ignorantes (y esa es nuestra condición de nacimiento), somos instrumentos, cosas, superfluos. Valemos solo aquello que se nos puede sacar.

Porque no puedo esforzarme de forma enloquecida en ser mejor esclavo, mejor explotado y vivir el espejismo mientras a la vez veo a mi alrededor cómo van cayendo mis iguales, despreciados porque no se esforzaron lo bastante. No.

Nadie, sí. Pero consciente. Nadie sí, pero no tonto. Nadie, pero no nada.

Solo soy uno más de esos millones de nadies que ya no tenemos nada que perder, ya no podemos más. Y, en un imposible encuentro entre Galeano y Estellés, ahora ya lo podemos todo.
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