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Etiquetas:   Alemania   -   Sección:   Opinión

El museo de belleza post mortem del Dr. Gunther von Hagens

José Antonio Jato
José Antonio Jato
martes, 21 de noviembre de 2006, 00:22 h (CET)
El último grito procedente de la extravagante cultura del espectáculo que experimentamos en los últimos años nos llega procedente de la localidad alemana de Guben. En esta ciudad de unos 23.000 habitantes situada en la frontera germano-polaca, el controvertido anatomista Gunther von Hagens ha encontrado el recoveco idóneo para inaugurar un museo-taller espeluznante. Se trata de una antigua fábrica de textiles que albergará y expondrá, a partir de ahora, las mejores piezas de una colección estable de cadáveres humanos “plastinados”.

Agárrese fuerte al ordenador, apreciado lector, porque la noticia merece un breve paréntesis. Imagínese, que dentro de poco y gracias al médico y empresario von Hagens, cualquier hijo de vecino, podrá disponer en su hogar de una momia cuando le apetezca. Los precios no son aún del todo asequibles, pero los argumentos para adquirir un cadavér humano, y el buen marketing persuadirán paulatinamente al consumidor: se adquirirá como objeto artístico, quizás con el deseo de invertir de forma inteligente, o simplemente para disfrutar en el domicilio de un mero artículo de diversión. Con la caída de precios cualquiera podrá sorprender a sus amigos regalándoles un artilugio a la vez escatológico y original, con motivo de un cumpleaños. Sólo es cuestión de dar tiempo al tiempo, porque este nuevo nicho de mercado está haciendo furor.

Eso significa que gracias al olfato mercantil de von Hagens, el mundo redescubre las posibilidades lucrativas del mercadeo con la inmortalidad. La demanda según declara Gunther von Hagens va en alza. El anatomista alemán, con ínfulas de artista no ha dejado ningún cabo suelto, y en la apertura de su museo privado “Plastinarium” en Guben ya ofrece reliquias a los visitantes tales como láminas corporales de seres humanos, según él, de una “belleza comparable a los vitrales de una iglesia”, que cuestan cien euros . Por los frontales humanos el visitante ha de desembolsar unos 7000 euros.

La sala de exposicion del museo despliega un catálogo de trabajos no menos tenebroso: láminas donde se muestran membranas humanas, ennegrecidos pulmones de fumador, placentas, fetos, o bien cuerpos enteros despellejados de tal forma que transparentan, desde el hígado hasta el esternón. El “Plastinarium” evoca a los añorables museos de cera, aunque la comparación es odiosa, dado lo opuesto de ambas filosofías empresariales.

Un apartado distinguido de la exhibición es aquel en el que von Hagens ha puesto toda la carne en el asador. Allí se exponen las creaciones predilectas del “médico-artista”, escenas donde en solitario o junto a otras, las momias de von Hagens encarnan escenas teatrales o cinematográficas. El escultor de cadáveres, declarado admirador de James Bond ha plasmado en homenaje una escena de la película “Casino Royale”, donde el agente 007 jugaba una partida de cartas. En otras composiciones "plásticas" las momias adoptan poses atléticas, montan a caballo heróicamentente, o en bicicleta.

El macabro programa incluye un último apartado para que los visitantes no se pierdan como un grupo de operarios unen piezas descarnadas, diseccionan cuerpos, y extrahen con el bisturí o serruchos órganos de cadáveres ya tratados, o intestinos, y demás lindezas forenses.

Pero como sucede en cualquier empresa, la idea viene de lejos. El sofisticado e innovador proceso de conservación de cadáveres fue inventado por von Hagens en 1977, y aplicado por aquel entonces con éxito en la prestigiosa Universidad de Heidelberg. El método consiste en sustituir al vacío los fluidos corporales por un polímero de plástico que da rigidez a los órganos.

“Plastinator”- como denominan sus detractores al Dr. von Hagens- se ve como un 'escultor de cadáveres, capaz de embellecerlos'. Su obsesión es la "belleza post mortem" de la anatomía humana. Juega a ser Dios, pero en los negocios es un diablo. El boyante y terrenal filón que ha descubierto y que lo ha convertido en millonario tiene también obstáculos. Si bien la “materia prima” es inagotable, la prosperidad continuada de la empresa depende en buena medida de la continua consecución de donantes, que lógicamente han de dar su visto bueno previo.

La cifra de donantes que desean ganar la inmortalidad "plastinados" no es que sea insignificante, pero tampoco la empresa puede demostrar que haya cola. La generosidad de los interesados acaba justo a la salida del museo. Por eso Gunther von Hagens ha trasladado previsoramente su “centro de producción” a la ciudad portuaria de Dalián, en la República Popular China. "Plastinator" posee unas instalaciones de 30 mil metros cuadrados, no muy lejos de donde se encuentran tres temidos centros penitenciarios. La prensa alemana considera que esa cercanía no es fruto de la coincidencia.

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