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Opinión

Etiquetas:   Tiempos modernos   -   Sección:   Opinión

Norte y sur

Mar Berenguer

martes, 17 de octubre de 2006, 23:50 h (CET)
El mundo ha progresado proporcionalmente más en los últimos cincuenta años que en toda la historia, pero la desigualdad entre las naciones es una de las características que mejor definen a la sociedad contemporánea. Este fenómeno se traduce, sobre todo, en las grandes diferencias existentes entre los pueblos en el acceso a bienes y servicios básicos, y es consecuencia de los procesos económicos que, con resultados divergentes, se han experimentado en las últimas décadas, lo que ha dado lugar a que a día de hoy, el 80% de la población mundial viva en la pobreza.

Tras el 0,7% PIB y la controvertida campaña publicitaria del robo del escaño de Zapatero, Naciones Unidas, en el Día Mundial contra la Pobreza, declara que el mundo no ha realizado progresos suficientes para cumplir los objetivos marcados para el año 2015 y hace un llamamiento para acabar con la pobreza y el subdesarrollo, e insta a los gobiernos internacionales a que cumplan "sus compromisos para las condonaciones de las deudas externas de los países en vías de desarrollo". Asimismo, la FAO demanda el aumento de la inversión en la agricultura para potenciar la lucha contra el hambre  y en su último mensaje resalta la necesidad de potenciar el desarrollo y la inversión en la agricultura para poner fin a la hambruna que afecta a más de 850 millones de personas en todo el mundo.

Las campañas transgresoras y la concienciación social mediante el conocimiento profundo de la problemática, son sin duda la cuna de las revoluciones ilustradas del siglo XXI. Pero el paso inminente y definitivo, está en la acción, y es la obligación moral reconocida mutuamente de manera firme e irrevocable de los ciudadanos y quienes les gobiernan en la elaboración de un proyecto común y supranacional en el que se comprometa capital material y humano; en la aportación de conocimientos e infraestructuras que sirvan de fundamento a un desarrollo viable que conduzca a una sociedad globalizada; pero no global en cuanto a cultura e información que simplemente pongan en evidencia las carencias de unos y la vanidad de otros; sino global en cuanto al goce universal de derechos fundamentales y del acceso a bienes y servicios necesarios para vivir dignamente.

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