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Etiquetas:   Cristianismo originario   -   Sección:   Opinión

¿Cómo evitar las pequeñas y grandes guerras?

Vida Universal
martes, 28 de enero de 2014, 07:51 h (CET)
Actualmente la vida diaria no se caracteriza precisamente por la paz. Son muchos los conflictos armados que continuamente sacuden a pueblos y naciones, sin olvidar las peleas y enfrentamientos que en la vida diaria cada uno pueda tener. ¿Y cómo salir de nuestro comportamiento belicoso?, ¿cómo situarnos por encima de los pensamientos que nos hacen estar contra los demás?, ¿cómo liberar la cabeza de las tensiones que dan lugar a enfrentamientos?

Existe un aspecto importante que puede ayudarnos cada día a tener éxito al respecto: el auto-cuestionarse, es decir la observancia de uno mismo, por ejemplo con la pregunta ¿cómo me comporto durante el día? Sí realmente analizamos las situaciones que han sucedido en el día, nuestro comportamiento, y sí miramos con algo de distancia qué es lo que acaba de pasar, qué acabo de contestar a la otra persona, podré descubrir que son casi siempre las mismas o parecidas cosas las que me enfadan, las que me alteran hasta incluso hacerme subir por las paredes.

Sí por ejemplo me altera una persona que siempre quiere tenerlo todo a toda costa, o que quiere darse importancia, me podría preguntar: ¿quiero yo también tenerlo todo y darme importancia?, puedo comenzar a trabajar en esos puntos. Es decir, primero me cuestiono a mí mismo y me observo con sinceridad, entonces dejaré de querer buscar mi viga en el ojo del prójimo y la buscaré en el mío. Después puedo hablar con la otra persona y aclarar la situación, pero primero me miro a mí y descubro mi parte. Esto surge de la autoobservación y del cuestionarse a uno mismo. Jesús de Nazaret solía hablar en parábolas, en imágenes, para que las personas pudiéramos comprenderle. Con la parábola de la viga nos mostró cual es el camino para descubrir que tenemos cosas parecidas o iguales a las que criticamos en los demás.

¿Cómo es posible que veamos en el otro con tanta nitidez su pequeña parte y no seamos capaces de ver que somos mucho peor?, ¿por qué nos altera tanto la actitud o el comportamiento de los demás?, porque en nosotros está lo mismo en mayor o menor medida, se trata de la ley de la analogía, una gran oportunidad para mirar y aprender sobre lo que tenemos que reconocer en nosotros mismos. La parábola continua: “saca la viga de tu ojo y luego ayuda a tu hermano a sacar la paja del suyo”; esto normalmente lo hacemos al revés, abatimos a nuestro vecino, pareja o compañero con argumentos que en definitiva nos impiden vernos a nosotros mismos, creyendo que además le estamos ayudando. De eso se deducen peleas y discusiones, lo que en definitiva no deja de ser el comienzo de una guerra.

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