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Una Guaidó que también apellida Chávez: la nueva "presidenta" de Bolivia

​Bolivia es un país que antes ha protagonizado explosiones sociales que han sido más radicales que las que recientemente han sacudido a Ecuador y Chile
Isaac Bigio
miércoles, 13 de noviembre de 2019, 09:22 h (CET)

Jeanina Añez Chávez ha sido nombrada por una minoría del parlamento como la nueva “presidenta” de Bolivia. Ella estará destinada a combatir a todo lo que tenga que ver con el bolivariano Chávez.

Tras que se acusara a Morales de haber querido retener la presidencia mediante un fraude, ahora se coloca la banda presidencial una persona que nunca ha competido para tal puesto y cuyo partido fue el menor votado de todos aquellos que llegaron al parlamento en los comicios del 20 de octubre.

Si a Morales se le cuestionaba por querer seguir en palacio con casi 3 millones de votos, la nueva presidenta representa a un partido que obtuvo 12 veces menos cantidad de sufragios y que no cumple los requisitos constitucionales para posesionarse.

Bolivia va a profundizar su gran crisis social.

Relevo




Desde la tarde del domingo 10 a la del martes 12 Bolivia había sido el único país del mundo durante este siglo sin haber tenido un jefe de Estado o de gobierno y ninguna clase de ministros. Al anochecer del martes se proclamó como presidenta Jeanina Añez Chávez, reclamando que a ella le correspondía ese rango debido a ser la segunda vicepresidenta del Senado.

De acuerdo a la constitución boliviana la línea sucesora a un presidente es la siguiente, en este orden: 1) vicepresidente, 2) presidente del senado, y 3) presidente de los diputados. Sin embargo, todos ellos, al igual que el primer vicepresidente del Senado, son militantes del Movimiento Al Socialismo (MAS) de Evo Morales quienes se negaron a querer relevarle en el sillón presidencial.

De acuerdo a dicha carta magna la renuncia del presidente debe ser aceptada por las dos cámaras de la Asamblea Legislativa, pero para ello se requiere que ambas tengan quórum. Más de 2/3 de los parlamentarios están ligados al MAS y no acudieron a dicho congreso. Por ello éste no podía sesionar y tampoco tener la legalidad para aceptar dicha renuncia y menos aún para elegir a su reemplazo.

Fraude




El argumento que había venido dando la oposición de derecha es que Morales era un personaje electo con fraude pues él se postuló a la presidencia a pesar que el referéndum del 21 de febrero del 2016 votó por un 51% a favor de rechazar su pedido a poder postular por cuarta vez y a que él no ganó en la primera vuelta con un poco más del 10% de votos de diferencia frente a su rival, Carlos Mesa, sino con un poco menos de margen. Como en Bolivia se puede evitar ir a una segunda vuelta si el ganador de la primera ronda lo hace con más de 10% por encima de su principal contrincante esta discusión era central.

A pesar que todos en Bolivia reconocen que Morales había ampliamente ganado en el primer turno, lo que los opositores le cuestionaban era que él había manipulado los resultados para agrandar la diferencia original, aunque el MAS responde que los últimos votos que se contabilizaron vinieron del campo, de donde viene Morales y en dónde está su bastión.

Sin embargo, Añez es una persona que nunca ha participado en alguna elección presidencial y que su partido (los “demócratas sociales”) fueron uno de los dos componentes de la Alianza “Bolivia Dice No”, la cual apenas sacó el 4.2% en las elecciones generales del 20 de octubre. Mientras Evo Morales es la única persona en la historia boliviana que inició sus 3 mandatos constitucionales con el 50% de los votos y alguien a quien todos reconocen superó el 45% de los votos en los últimos comicios, la nueva “presidenta” representa a un partido minúsculo que apenas logró la veinteava parte de los sufragios válidos.

Los “demócratas sociales” son un partido boliviano que ha copiado el mismo nombre del que fuera el partido de la dictadura militar brasileña de 1964-85 (el Partido Demócrata Social que inicialmente se fundó como Alianza Renovadora Nacional). Al igual que sus pares brasileños éstos se hacen llamar hoy simplemente como los “demócratas”.

Óscar Ortiz, el líder de tal partido es también el presidente de la Unión Democrática Internacional para Latinoamérica, organización donde se encuentran el Partido Republicano de Donald Trump en EEUU, el BJP indio, los conservadores británicos, colombianos y de otras naciones, los socialcristianos de Ángela Merkel en Alemania o los de Ecuador, Perú y otras partes, los partidos que apuntalan al presidente chileno Sebastián Piñera, los colorados que gobiernan al Paraguay y el PRO del presidente saliente de Argentina Mauricio Macri.

En las elecciones generales de hace menos de 4 semanas el partido de la nueva “presidenta” boliviana apenas obtuvo 260,000 votos para su plancha presidencial (casi 12 veces menos que los 2’ 890,000 de Morales) y se redujo al partido más pequeño en la Asamblea pues apenas logró 1 de los 36 senadores y 3 de los 130 diputados.

Bajo las acusaciones de fraude resulta que ahora llega a la presidencia boliviana alguien quien nunca candidateó para tal puesto y que en las últimas elecciones generales su partido fue ampliamente derrotado en casi todas las 112 provincias del país y que apenas obtuvo un cuarto de millón de votos y la bancada más minoritaria.

Y todo ello pese que es altamente discutible que la cadena de sucesión presidencial vaya hasta la segunda presidencia del Senado, el cual la nomine sin quórum y estando ausentes al menos 2/3 de los parlamentarios.

Gueiler




Añez es la segunda mujer que se coloca la banda presidencial en La Paz. La anterior fue Lidia Gueiler quien lo hizo hace 40 noviembres atrás. Entonces ella era la presidenta de la cámara de los diputados y el parlamento votó por ella tras que el pueblo derrotó el golpe del general Alberto Natusch del primero de noviembre. Gueiler militaba en una de las dos fracciones del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), las cuales eran las dos fuerzas mayores del electorado y del congreso, apareciendo como una figura transaccional entre estas dos.

A diferencia de Gueiler, Añez nunca ha presidido ninguna cámara congresal, no es miembro de los 3 partidos más votados en las últimas elecciones y tiene graves problemas de legitimidad constitucional. El parlamento que supuestamente nominó a Añez fue boicoteado por al menos 2/3 de sus miembros (los que pertenecen al MAS), incluyendo los presidentes de sus dos cámaras y en el actual no existe una bancada del partido de Carlos Mesa quien, según cifras oficiales, quedó segundo con el 36.5% de los votos.

Poco antes que Añez sea ungida por una minoría del parlamento, llegó a las inmediaciones de ésta una marcha de entre 50 a 100 mil personas que caminaron durante muchos kilómetros desde la ciudad de El Alto para hacer un cabildo abierto donde resolvieron rechazar a esta senadora acusandola de ser una racista.

Añez, antes de haber sido nominada a la presidencia, ya aparecía en videos dado instrucciones al general Williams Kaliman, comandante en jefe de las FFAA, para que se sume a la policía nacional para reprimir a los disturbios.

Chávez contra Chávez




Nuevamente tenemos que Washington promueve una táctica similar a la empleada en Venezuela. Mientras que en Caracas Donald Trump abiertamente impulsó a que el presidente de los diputados Juan Guaidó se auto-proclame presidente en una demostración, ahora crea otro “presidente” cuyo objetivamente es supuestamente convocar a elecciones inmediatas pero cuya misión es deponer a un gobierno autoproclamado socialista que incomoda a los intereses norteamericanos.

Mientras Guaidó tuvo una mayoría en la Asamblea venezolana e inició su “presidencia” paralela con grandes manifestaciones callejeras, Añez representa a una tenue minoría en la Asamblea Legislativa de Bolivia y nunca ha liderado una gran concentración de masas.

A pesar que en Argentina la internacional donde milita Añez ha perdido las presidenciales el 27 de octubre y que en Chile su representante Piñera viene siendo jaqueado por grandes movilizaciones, ella asume el mando de un país que no la conoce y que ha votado masivamente en contra de su partido en las últimas elecciones generales.

Mientras la policía y el ejército de Chile y Ecuador acaban de reprimir a sus respectivos pueblos en medio de estados de emergencia o toque de queda para defender gobiernos muy impopulares, en Bolivia estas mismas instituciones han depuesto al presidente más votado de la historia nacional y vienen imponiendo el toque de queda y represalias con disparos de balas contra manifestantes que apoyan a quien obtuvo el primer puesto en las presidenciales.


Jeanina Añez Chávez tiene como apellido materno el mismo paterno que tuvo quien en Venezuela fue el fundador del “socialismo latinoamericano del siglo XXI”. Sin embargo, ella va a hacer todo lo posible por erradicar todo vestigio de chavismo en su país y la región. Su llegada al poder ha sido saludada como un nuevo paso hasta lograr sacar del poder a los “!socialistas” en Venezuela, Nicaragua y Cuba.

Golpe




Cuando Morales se proclamó vencedor de las presidenciales algunos sectores sindicales y de la izquierda cuestionaron ello aduciendo trampas y el hecho que uno de los postulados de las revoluciones mexicana y boliviana fue luchar contra las reelecciones. Hoy, sin embargo, está claro que lo que se viene gestando es una forma de golpe en el cual diversas bandas paramilitares han estado quemando casas, tomando rehenes y golpeando, donde la policía se ha rebelado contra el presidente constitucional y luego abalea a quienes le apoyan, y donde finalmente el comandante en jefe de las FFAA sale a declarar ante la TV que el presidente debe renunciar.

Bolivia ha entrado nuevamente a una época de inestabilidad y de graves conflictos, como los que había hasta hace 14 años atrás cuando todos los gobiernos previos al de Morales tenían bajo respaldo electoral y podían durar poco tiempo.

Queda por verse qué tipo de elecciones va a convocar Añez, a quien gran parte del país no va a reconocer como presidenta. Carlos Mesa pide que Morales no sea habilitado para participar lo cual podría generar un gran ausentismo.


Fernando Camacho, el líder del Comité Cívico Pro Santa Cruz quien pide poner bajo rejas a Morales y gran parte de su entorno y quien ha creado un gran movimiento ultraderechista apoyado por grupos armados, se siente presidenciable.

Tanto Camacho como el pastor coreano conservador Chi Hyung Chung buscan emular al presidente brasileño Jair Bolsonaro con una prédica fundamentalista religiosa y fuertemente anti-socialista. Ambos consideran que Mesa es muy “moderado”, pese a que él durante el tiempo que fue vicepresidente y luego presidente (2002-2005) continuó el modelo neoliberal instaurado en 1985 y produjo cerca de un centenar de muertes en las represalias a las protestas contra sus intentos de entregar el gas boliviano a corporaciones privadas chilenas.


Morales al replegarse e instruir a sus congresistas a no aceptar reemplazarlo ha buscado crear las condiciones en las cuales se genere un gran descontento social que clame por su retorno.

La fuerza inicial que Mesa tuvo en las presidenciales era que él aparecía como el único que podía llevar a Morales a una segunda vuelta en la cual él pudiera derrotarlo. Sin la presencia de Evo él quiere alentar a que Mesa se desinfle y a la división entre sus opositores, algo que seguro ha de darse.

Mientras la derecha va a buscar hacer que Bolivia rompa con 14 años de políticas nacionalistas y populistas que incentivar el rol del estado en la economía y en la distribución social, los sindicatos (que en este país tienen muchas tradiciones) van a querer imponer sus propias agendas y crear nuevas direcciones.

Bolivia es un país que antes ha protagonizado explosiones sociales que han sido más radicales que las que recientemente han sacudido a Ecuador y Chile. Hoy la caja de pandora se ha vuelto a abrir.

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