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"Se aprenden muchos conocimientos pero no se atiende a vivir"

Entrevista a la poeta Inma Pelegrín
Ángel Padilla
lunes, 4 de noviembre de 2019, 08:49 h (CET)


Con tu poemario "Óxido" ganaste el Premio internacional Gerardo Diego. ¿De qué trata el libro?


Oxido es esa pátina que nos recubre el paso del tiempo. Habla sobre cómo el paso de los años nos hace diferentes. En cierto modo nos corroe aunque también en cierto modo nos hace legendarios.

Una de las partes está formada por poemas que hablan sobre temas científicos. La ciencia se hace preguntas e intenta responderlas. La poesía responde preguntas que la ciencia unas veces no sabe responder y otras no sabe formular. Es un libro que habla sobre lo que la vida nos da.

Los estudios actuales de la ciencia hablan de poder aumentar nuestro tiempo vital aquí. Incluso de, quizá en un tiempo no demasiado lejano, poder regresar a un punto del pasado, o del futuro... ¿Deliramos?


No lo creo. Es una antigua aspiración del hombre. Quizás sea posible. Hace cientos de años era impensable vivir 90. Hace miles un hombre de 30 era un anciano viejísimo. Igual que se ha alargado la vida podría alargarse aún más. La pregunta es para qué. ¿Para hacer qué?

Como individuo me pregunto si tiene sentido vivir hasta los ciento cincuenta años o los doscientos para seguir desperdiciando la vida.

Creo que tendría que ir acompañado de algunos cambios en nuestra realidad.

Estoy de acuerdo. Me encantó el concepto de 'legendario'. Hay vidas, individuos, de corto paso por aquí y a los que por sus hechos admirables nunca se les olvidará, no fueron ni serán nunca "óxido".


Si, eso quiero decir. Exacto

Cada vez más gente acude a los cirujanos, se cambian el cuerpo, partes de la cara, y vuelven, cada pocos años. Operación, convalecencia; ahorrar y volver. Y la vida pasa haciendo cosas superficiales y banales como esta, sin ser vivida. ¿Cómo es posible que en tantos años de pedagogía se salga de los estudios sin saber algo tan básico como qué es la Vida?


Porque se atienden muchos conocimientos pero no se atiende a vivir. Muchos de mis profesores eran personas horrendas y amargadas. Los menos muy pocos gente excelente y feliz que conocen su lugar y tienen un propósito para su existencia. Se debería enseñar educación emocional, se nos debería enseñar a manejar nuestras emociones.

Estamos en una sociedad narcisista y violenta. Damos más importancia al estar que al ser. Estar bueno nos parece mejor que ser bueno. De ahí lo de las operaciones. Porque se aprenden muchos conocimientos pero no se atiende a vivir... Quería decir. Nos venden timos y los compramos. Ninguno nos escandalizados al ver un anuncio en la tele que te garantiza que se te echas una crema no vas a envejecer. Todos sabemos que es imposible... Aún así la compramos.

Los animales no humanos aceptan la vejez, la muerte y la enfermedad con una entereza inexistente en nosotros. El hacinamiento, el desnorte, el adocenamiento en las ciudades, cada vez más lejos de nuestra esencia natural, ¿nos está trastornado?


Los animales no humanos viven el presente o al menos viven "en" el presente. Al menos según mi experiencia con los animales no humanos que he conocido, aceptan el presente y la realidad tal y cómo es y dentro de esas coordenadas intentan aprovechar en la medida que pueden.

Nosotros estamos desnaturalizados y tampoco creamos, en nuestra mayoría, las condiciones propicias para poder afrontar lo inevitable. Voy a cumplir cincuenta años y de joven nunca se me ocurrió pensar que yo podría hacerme vieja ni lo que ello significa. Simplemente era algo que les sucedía a los demás. Intento vivir el presente y aferrarme a la palabra "todavía".

Y, sin embargo, de entre los estatuarios y postureos imitadores de anuncios televisivos, Greta Tumbherg, El Ejercito de los saris rosas, los y las civiles que se juegan la vida para dar cuenta de los horrores del "Estado Islámico" (y la mentira de los "soldados internacionales de la paz") al mundo; el veganismo, los poetas, los misioneros, la educación contra machismos y racisnos...


Parece que el mundo también se aferra a esa misma palabra nombrada antes por mí. Así las cosas, con una especie humana que lo está desolando todo, "todavía" queda esperanza y esa esperanza se sostiene en la conciencia de algunos individuos o colectividades que luchan por hacer de él un lugar más justo y mejor. Como Jane Goodal, Jadav Payeng, Yacouba Sawadogo o mis amigos Jorge y Pedro que planta bellotas de encinas y todos aquellos que apagan la luz cuando salen de la habitación o que se desplazan en bicicleta.

Creo que sólo la palabra respeto puede conseguir el milagro que necesita el planeta. Respeto por el otro, por las vidas (sea del tipo que sea), por el lugar en el que nos desarrollamos y nos da de comer y respirar. Sin respeto... así nos va.

¿Qué es la poesía?


Paul Valery dice "Si un pájaro supiera explicar lo que canta, por qué lo canta y cómo lo canta, dejaría de cantar". Creo que eso es la Poesía.

La poesía es lo que no podemos explicar sin dejar de ser nosotros mismos. Es el vano intento de explicar lo inefable, una sucesión de aproximaciones a lo imposible, al milagro. Por lo tanto, aunque nunca llegamos a decir lo que pretendemos hay lectores que consiguen escucharlo. La poesía siempre se encuentra entre las cosas que no dice un poema.

Y siempre está en cuanto nos rodea y nos hace más felices. La poesía nos ayuda, si no a hallar respuestas, a hacernos las preguntas apropiadas, al menos a mí me sirve para eso. Me ayuda a comprender y a ser más feliz.

Hace unas décadas los poetas eran valorados y hasta adorados en este país. Hasta la Generación del 27 y poco más, el pueblo respetaba al poeta. Hoy la gente escucha la palabra poesía y siente que se habla de algo ajeno a ellos. Sólo unas minorías cultas siguen sustentándola, pero incluso en ella el Capitalismo ha metido su farsa: coronando una hilera de malos poetas superventas, en el cauce del libro objeto. ¿Podrá revertirse esta situación?


Verás, yo digo la palabra música y me viene a la cabeza que estuve el otro día en un concierto de Ara Makilian, me encantó, había 8 músicos virtuosos, escogidos de entre los músicos (cada uno de una punta del mundo) y también me viene a la cabeza, por ejemplo, una orquesta sinfónica en donde sus componentes combinan vocación, talento y genialidad (todo ello cualidades de nacimiento combinado con años de estudio técnica, reflexión, práctica y muchos conocimientos). Allí ninguno toca de oído.

En mi pueblo hay unas cuadrillas de señores que tocan la guitarra y cantan parrandas, manchegas y cosas así, a la vez que tocan con una cuchara una botella de anís. Son muy animados y disfrutan mucho haciéndolo y son invitados a toda fiesta que se precie.

¿Se puede decir que ambas cosas son música? No lo sé, lo que sí sé es que ambas cosas no se parecen en nada. Con la poesía pasa lo mismo.

Si me dices que hay escritores que escriben “de oído” y que tienen muchos seguidores no me extraña porque seguro que en mi pueblo la inmensa mayoría prefieren cantando a la tía Jarpila que a Ainoa Arteta.

Creo que el número de seguidores o simpatizantes no debe influir en nuestra obra. Cuando me siento tentada a hacerlo me doy una vuelta por alguno de los canales con millones de seguidores (sean o no de poesía) y veo lo que hacen (hincharse a comer hasta morirse, tirarse por un cortao etc etc). Se me pasan las ganas al momento.

Estoy favor de que cada cual haga lo que le apetezca y lo disfrute como mis vecinos con su botella de anís, creo que es positivo. Otra cosa es que quieras creerte que estás haciendo una maravilla.

Si juntamos los trapos con las servilletas y no las distinguimos, pues eso, nos liamos. ahhhh y como ejemplo lo mismo me da una orquesta sinfónica que los músicos que acompañan a Bruce Springteen o a Roberto Carlos.

¿Me cuentas algo más?


Te regalo un poema del poemario que quiero publicar pronto:


MATADERO MUNICIPAL


Escucho desde aquí cómo gritan los cerdos.

Un instante después

observo sus cadáveres

que, siendo transportados por la cinta,

descienden hasta un hombre.


Su trabajo consiste

en colocar grilletes

a sus patas traseras

para izarlos luego con la grúa

y que queden colgando al desangrarse.


Los cerdos ya no piensan,

o creo que no piensan

o quisiera creer que ya no piensan.


Sí me pregunto, en cambio,

qué pensará ese hombre,

que con el lanzallamas

hace quemar sus flancos indefensos,

cuando muerde el olor a pelo churruscado.


El obrero metódico

repite el movimiento:

agarrar, empujar, poner grilletes,

izar, hacer arder, dar al botón

en una y otra y una y otra

y una y otra vez.

Los cerdos, sin embargo,

únicamente mueren

una vez cada uno.


Hoy es jueves, por tanto,

sólo se sacrifican

ciento treinta ejemplares.

Como todo va bien, sonará pronto

la sirena que anuncia

el fin de la jornada.

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Ángel Padilla 04/nov/19    10:36 h.
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