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La escritora salmantina que rescata a los personajes de Shakespeare del purgatorio

Entrevista a la escritora Mar Cabezas
Eva Fraile Rodríguez
@reinalectora
martes, 11 de junio de 2019, 14:59 h (CET)

Mar Cabezas, escritora salmantina, y con una amplia labor investigadora detrás, ha escrito una obra de ficción titulada Ophelia & Romeo, en la cual abre un debate entre la demanda de amor, el amor a uno mismo, el amor actual y el amor shakesperiano. Charlamos con la autora para que nos hable más acerca de la novela.


Bienvenida, Mar, muchas gracias por acompañarnos en esta entrevista.

Muchas gracias. Siempre es un placer poder compartir con los demás y hablar de literatura.

Cuéntanos con tus propias palabras de qué trata tu novela.

Mi novela trata de qué hacer cuando crees que lo has perdido todo; si decides recomponer tus piezas o rendirte. Y si decides recomponerte y darle una segunda oportunidad a la vida, entonces, cómo lograrlo. Es también una aventura por un mundo extraño, con grandes dosis de humor, en la que mis personajes deben mantener las apariencias mientras van fraguando una amistad que les permite revisitar sus momentos más dolorosos para darles otro sentido.

Has utilizado personajes famosos sacados de novelas de Shakespeare. ¿Por qué?

Son muchas las razones. Tanto Ophelia y Hamlet como Romeo y Julieta son personajes literarios con una leyenda más o menos real detrás, así que me interesaba jugar con la idea de cómo serían las personas reales que inspiraron estas historias y explorar cómo se sentirían sabiendo que su historia ha trascendido, cómo sería esa sensación de que todo el mundo creyera conocerles. Además, forman parte de nuestro imaginario colectivo. Sin darnos cuenta están por todas partes. Tenemos a Romeo y Julieta en West Side Story, en La Traviata y en tantas historias románticas, del mismo modo que tenemos a Hamlet y Ophelia en El rey León, por ejemplo. Son historias que siempre revisitamos. Son iconos universales cuando pensamos en la idea de morir por amor, de un amor trágico.

Personalmente, Ophelia me impactó desde mi adolescencia. Siempre me ha despertado mucha compasión ya que es alguien cuya vida está dirigida por los demás (su padre, su hermano, su prometido), intenta jugar con las reglas que otros le marcan y acaba siendo devorada por esas circunstancias. De algún modo, Ophelia y Romeo me parecían las “víctimas” de sus respectivas historias en el sentido de que van un paso por detrás de Hamlet y Julieta en la toma de decisiones.

¿Qué mensaje implícito hay en la novela?

El mensaje es un mensaje de amor propio, digamos que perderse a uno mismo nunca es la solución. Algo así como “no mendigues amor y ámate a ti mismo.” Para mí la novela tiene también un mensaje de resiliencia. De la mano de Ophelia y Romeo, el lector puede hacer un viaje desde la desesperación de quien no encuentra una razón para vivir hasta empezar a ver pequeños momentos de luz.

¿Cuánto de necesario es abrir un debate sobre el amor en el siglo XXI?

El amor, cómo nos relacionamos con los demás y con nosotros mismos, es una de las claves de la vida y de la felicidad. Lo filtra todo: cómo nos vemos, qué decidimos, qué damos a los demás, etc. Creo que a pesar de los avances la dependencia emocional sigue siendo un lacra social. Veo “Ophelias” por todas partes, relaciones tóxicas donde una de las partes anula sus deseos, sus sueños y su personalidad por el otro, gente que entiende el amor como sufrimiento.

Por otro lado, creo que a pesar de la liberación sexual sigue habiendo mucho vacío emocional, mucha falta de autoestima y de inteligencia emocional, así que me parecía necesario poner a dialogar a quienes murieron “por amor” con quienes saltan de pareja en pareja, pues quizás a pesar de las diferencias en la superficie, hay algún punto en común que tiene que ver con el amor propio. Si me permites el juego de palabras, veo mucha “amorexia” y es un tema que me preocupa.

¿Cómo se te ocurrió la idea de escribir este libro?

Por suerte o desgracia, en mi vida personal he conocido a muchas “Ophelias” que se me han escurrido entre las manos… Me habría gustado salvarlas de su río, pero para algunas es tarde. Por eso quería escribir algo que sirviera para hacer un “click” en quienes se encuentran en algún abismo similar. Quería escribir algo contra la dependencia emocional, algo que te dejara con cierta sensación de calma y esperanza y que te permitiera hacer el recorrido de la mano de un personaje que te entiende porque está en esa situación.

¿Por qué la novela comienza en el purgatorio?

Para mí es un símbolo de las segundas oportunidades, cuando piensas que el error es irreversible, que estás acabado. Bueno, y ¿si no fuera el final, y si solo fuera un nuevo comienzo? Es un símbolo de esos momentos en los que el mundo nos parece absurdo, sin sentido y tienes que decidir si recoges tus piezas y las recompones o te quedas allí rumiando eternamente. Si te das cuenta, en el purgatorio conocen a otros personajes con los que tienen mucho en común, pero cada uno está contando su propia historia, en bucle. Es un lugar en el que se ha parado el tiempo, que vive en la parálisis, y creo que muchas veces podemos conectar con esta sensación. Además, era una manera de decirles a mis personajes: el suicidio no te ha servido. Ahora tendrás que buscar otras soluciones.

A parte de Shakespeare, ¿qué otros autores te han inspirado para escribir esta novela?

Creo que hay mucho del humor y la acidez de J. D. Salinger y el simbolismo de Carmen Laforet. También de Irène Némirovsky o la irlandesa Maeve Binchy. Es curioso, pero no solo me han inspirado autores literarios. Me inspira la música, el cine, la filosofía. A veces encuentro inspiración en la ficción para mi labor investigadora y viceversa. Por ejemplo, creo que hay mucho de Billy Wilder y los hermanos Marx en la parte más cómica de la novela al igual que la parte psicológica le debe mucho a la teoría del amor de Sternberg.

¿Por qué has elegido Manchester como ciudad a la cual se trasladan los personajes tras salir del purgatorio?

Manchester, en principio, es una ciudad industrial y que no tiene tanto que ver con ellos. Sin embargo, me parecía ideal para la historia que quería contar en dos sentidos. Por un lado, es una ciudad muy joven, vibrante, universitaria, muy moderna, loca en el mejor de los sentidos, lo que permitía que el contraste con estos personajes clásicos fuera más impactante. Además, vivir allí fue lo que me inspiró gran parte de la historia. Por otro lado, me ayudaba a darle el toque existencialista que recorre la novela. Hubiera tenido más sentido llevarles a Verona o a la ciudad natal de Shakespeare, pero esa hubiera sido otra historia. Estar cerca de Stratford upon Avon me ayudaba a trasladar esa sensación de estar a punto de tocar algo con los dedos y que se te escape. Ophelia y Romeo están intentando buscar un sentido fuera de ellos a lo que les está ocurriendo y parece que no pueden escapar al absurdo de la existencia, a esa sensación de haber caído aquí sin saber muy bien por qué y para qué… Y luego descubres que a veces la vida te pone en un sitio en el que puedes encajar, aunque no pertenezcas a él. Creo que Manchester es casi un tercer protagonista, que sin esperarlo esconde guiños literarios como la casa de las Brontë o el famoso cuadro de Ophelia de Arthur Hughes de su National Art Gallery… En cierto modo, Ophelia ya estaba en Manchester.

¿Hay cierto empoderamiento femenino en tu novela?

Es cierto, de hecho algunos consideran a Ophelia uno de los primeros personajes feministas de la literatura. En cualquier caso, para mí es una historia de reconstrucción, por lo que la veo no tanto como un empoderamiento femenino frente al hombre, sino frente a las dudas, la falta de autoestima y todo aquello que nos hace pensar que no merecemos o que no podemos llegar a ser quienes nosotras mismas queramos ser.

¿Ha cambiado algo en la escritora escribiendo la historia?

Sí, indudablemente. Cuando escribes descubres más cosas sobre tu identidad, al menos, como escritor: qué historias te atraen, por qué quieres dar voz a unas historias y no a otras, etc. Además, de algún modo aprendes a través de los diálogos de tus personajes, por muy extraño que parezca. El ejercicio de ponerte en la piel de cada uno de ellos te hace más empática y cuidadosa con cada historia de vida. Creo que escribir me ayuda no solo a expresar mis preocupaciones, sino a juzgar menos y comprender más. 

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