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La posibilidad de una isla

La nueva novela de Houellebecq es una reflexión crítica sobre el llamado pensamiento políticamente correcto y la deshumanización de la sociedad actual
Ana Alejandre
jueves, 6 de junio de 2019, 16:32 h (CET)

La nueva novela de este autor sigue la línea de todas las anteriores obras suyas, es decir, es una vuelta de tuerca a su crítica constante al llamado pensamiento políticamente correcto y a la deshumanización de la sociedad actual, pero sin perder el humor cáustico, irreverente, ácido en ocasiones y, en algunos momentos, puede resultar agobiante e, incluso, repugnante para el lector que no deja de sentirse subyugado y desconcertado, por igual, ante una lectura que le deja sin aliento.

La historia la protagoniza, alternativamente, Daniel 1, un hombre actual y sus dos clones, Daniel 24 y Daniel 25 (que viven dos mil años después de su antepasado clonado en su calidad de neo-humanos), quienes, a pesar de su naturaleza inmortal, carecen de algo tan necesario como es la capacidad de reír y de sentir cualquier tipo de emociones, que limita sus propias existencias a un nivel casi robótico. En un determinado momento, encuentran los diarios del ser humano del que son clónicos, Daniel 1, que ofrece en dicho escrito una imagen totalmente aséptica, fría, desapasionada y despiadada de la existencia.

Daniel 1 es un cómico, que ganó la fama por sus monólogos cínicos, y siempre provocadores que tratan de las bajas pasiones humanas. Cuando consigue amasar una fortuna, contrae matrimonio con una redactora de revistas para quinceañeras. Pero su esposa, Isabelle, no es demasiado proclive al sexo y está obsesionada por el paso del tiempo y la pérdida de la juventud, lo que le provoca un estado de ansiedad insoportable. El matrimonio fracasa y Daniel 1 se jubila con tan solo cuarenta y siete años, que coincide con la edad del autor. Después, conoce a una actriz porno con la que entabla una relación basada en el sexo, aunque ella no cree en el amor. Todo esto sirve de punto de partida para desarrollar la historia paralela de Daniel 1 y sus clonados, cuando estos van leyendo el diario del primero y lo contrastan con sus vidas desprovistas de esa humanidad basada en las emociones, en el placer y en el sufrimiento.

Daniel 25 va leyendo las confesiones de su donante biológico, que lo desconciertan y sobrecogen, al comprobar el dolor profundo de su antecesor, lo que le cuestiona si la inmortalidad de la que gozan es verdaderamente un don, o un castigo que los aprisiona en una aparente vida sin sentido, sin finalidad y sin la necesaria y humana capacidad de sentir, sufrir y gozar, que son los elementos fundamentales de cualquier vida que aspire a algo más que la propia subsistencia biológica.

Con este armazón argumental, Houellebec, intenta hacer una reflexión sobre el sentido de la existencia humana, sobre la naturaleza del deseo, el papel que juega en la propia vida, y la importancia fundamental de que todos nos demos cuentas del verdadero valor de lo que tenemos y que podemos perderlo por no saber apreciarlo y cuidarlo lo suficiente.

Toda la novela se alza como una elegía del mundo actual que se encuentra en peligro evidente de desaparecer por ese espíritu de libertad, exigente y excluyente, que lo impregna todo. Este nos va deshumanizando paulatinamente, pero de forma imparable, tendiendo cada vez más muros entre el “yo” y el “otro”, y encerrando a cada individuo en la propia espiral de su propio egoísmo desafiante y defensivo.

En una palabra, esta obra es una reflexión sobre la idea que impera en el mundo actual como es el miedo, esa emoción que aísla cada vez más, y que separa a cada persona del resto de los seres humanos. En este mundo, en el que las emociones se van diluyendo en el piélago frío y tecnológico de las comunicaciones a distancia, internet, las redes sociales y los móviles, en el que cada individuo se siente vivir, cada vez más, en un mundo virtual y no real, en el que perecen las emociones genuinas, las relaciones humanas a distancias cortas y la realidad como experiencia y no como simulación de esta.

Sin proponérselo, Houellebecq, ingresa con esta novela en la actual corriente de la narrativa europea contemporánea, al tratar temas ya recurrentes en dicha corriente literaria como es el caso del tema del éxito del cómico que es superior al suyo como novelista, como es el caso de J.M. Coetzee. También sus reflexiones sobre el futuro de la propia Humanidad han sido temas tratados por otros autores actuales. Todo ello, en un autor que ha querido distinguirse por la constante irreverencia, por la provocación y, a pesar de ello, ha entrado de lleno en los temas actuales de la novelística contemporánea europea. Sus propias obsesiones, odios exacerbados, cinismo, filias y fobias que le han dado tanta popularidad, por estar siempre presentes en su obra literaria, han sido los que, paradójicamente, lo han llevado a un terreno común con otros autores,

También hay que señalar que su escritura adolece, como en sus obras restantes, de una cierta simplicidad en el lenguaje, que carece de una mayor depuración, de un trabajo más concienzudo y exigente. Parece que por estar dedicada su narrativa a un tipo de lectores que buscan la provocación y transgresión por encima de todo, descuida esa parte tan importante en toda obra literaria, siempre necesitada de una mayor exquisitez narrativa, pues el lenguaje es el material sobre el que el escritor, como el escultor, va esculpiendo su obra literaria.

La posibilidad de una isla ha obtenido el Premio Interallié, por su gran aceptación que ha recibido de la crítica y público. Con ella, su autor ha vuelto a demostrar que su escritura sigue igual de irreverente que siempre, la que le hizo ganar el Premio Goncourt 2010, por su obra El mapa y el territorio.

Los lectores encontrarán en esta obra la marca o marchamo de la casa, es decir, la impronta de este autor que es en esta ocasión más mordaz, crítico, irónico y provocador que nunca.

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La posibilidad de una isla, Michel Houellebecq, Alfaguara, 2018


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