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El semáforo electoral británico

Las tendencias en estas cruciales elecciones europeas
Isaac Bigio
miércoles, 22 de mayo de 2019, 15:24 h (CET)

Azules


En Reino Unido los colores de las dos principales fuerzas de la derecha euro-escéptica son distintas modalidades del azul. El menos claro corresponde a los conservadores, el partido que más tiempo ha gobernado a UK (y a cualquier país del mundo) y al que más parlamentarios y alcaldías posee. El más suave es el del novísimo Partido del Brexit que acaba de fundar Nigel Farage atrayendo donantes y militantes conservadores y distanciándose de su anterior UKIP con sus morados colores y sus poses tan duras contra el Islam, el cual se viene reduciendo a tal grado que fue el partido más duramente castigado en las elecciones locales del pasado 2 de mayo.

Mientras el símbolo conservador es un árbol con el que buscan demostrar que son un movimiento de centro-derecha preocupado por el medio ambiente, el del Partido del Brexit es una flecha que apunta a la derecha. Farage abiertamente va en esa dirección y son conocidas sus objeciones al ecologismo y a problemas sociales.

Al desprenderse de los más ultraderechistas, Farage se muestra más potable ante la audiencia tradicional tory a punto que en estas elecciones apunta a captar a la mayor parte de su electorado. Los tories que hace dos mayos ganan las últimas elecciones generales con un 42.5%, esta vez - según un sondeo que aparece hoy en The Observer – andan por el 9% y en el quinto lugar, lo cual puede conllevar al peor bajón y derrota electoral que hayan tenido en su tri-centenaria historia. Nunca antes los conservadores han recibido solo un dígito en las preferencias electorales. De acuerdo con esta misma encuestadora el Partido del Brexit le cuadriplica, algo que de darse aceleraría la guerra civil y una inminente división del conservadurismo.

Rojos


Frente a los azules hay 3 partidos que le hacen enfrente a nivel de toda la isla británica. Estos son justamente aquellos cuyos colores son los del semáforo.

El rojo es el del laborismo, el cual sostiene que es la única fuerza con la capacidad para detener el ascenso de la extrema derecha anti-inmigrante que encarna Farage. Corbyn hace dos mayos logró algo inusual en la historia del laborismo en las últimas décadas. Hizo que su partido subiera del 30% que sacó en el 2015 al 40% en el 2017, un salto de 10 puntos equivalente a incrementar en un tercio su electorado. Además ha hecho que su partido supere el medio millón de militantes y reclame ser el que tenga más afiliados en toda Europa.

En esos comicios Corbyn tuvo la habilidad de no centrarse en el Brexit y de tratar de ganar a sectores que estaban en contra o a favor de este diciendo que el problema central son las políticas de austeridad que han reducido los beneficios sociales, las obras, las inversiones en educación, salud y seguridad, las pensiones y los salarios. Este mensaje pegó en unas elecciones donde se discutía planes de gobierno y donde entonces la cuestión de la UE no logró convertirse en el centro de la agenda, pese a las intenciones de Theresa May.

Sin embargo, estas elecciones europeas son esencialmente unas en torno al futuro de UK y la UE, no son sobre planes de gobierno o medidas sociales. Corbyn ha entrado a éstas buscando repetir su anterior táctica y, además, habiendo estado manteniendo conversaciones estrechas con la primera ministra para dar paso a un Brexit “suave”. De esta manera su diferencia con May se fue desafilando y él ha sufrido el contagio de su desgaste. El laborismo acaba de tener una división pro-UE (que si bien es pequeña y no parece que va a sacar muchos votos esta vez) le afecta. Con una militancia y electorado que es mayoritariamente pro-UE Corbyn duda en llamar abierta e incondicionalmente a un nuevo referéndum. Mientras que él ha buscado contentar a los pro-Brexit y a los anti-Brexit postulándose como el hombre que pudiese unir al país ante esos dos extremos, su problema es que al final ambos polos pueden reducirlo, tal como viene pasando.

Con esa posición Corbyn ha querido evitar que el Partido del Brexit y que los pro-europeos le quiten electores, pero esto, más bien, ha generado más indefinición y viene empujando a que electores tradicionales laboristas creen que en estos comicios (aunque no en los generales) puedan darse la licencia de optar por los extremos que mejor expresan sus posiciones definidas sobre el Brexit (a favor con Farae y en contra apoyando a liberal-demócratas, verdes o CHUK)

Amarillos


En todo semáforo después de la luz roja viene la amarilla, que es el color de los liberal-demócratas. Este es el partido que más concejales y municipios ganó en las elecciones locales del 2 de Mayo que se dieron en la mayoría de los condados de Inglaterra fuera de Londres. En estos comicios usualmente el partido en el poder sufre el desgaste en beneficio del que lidera la oposición, pero en esta oportunidad el gran bajón tory no fue capitalizado por el laborismo, quien tuvo más pérdidas que ganancias. Según la BBC los azules y los rojos empataron con un 28% de los votos, mientras que los liberal-demócratas subieron del 11% al 19% y aumentaron en un tercio su número de municipios. En Irlanda del Norte la Alianza, una fuerza local muy ligada a los amarillos, fue la sensación en esas mismas elecciones.

Los amarillos han venido recuperándose tras haberse quemado al haber sido parte del cogobierno con David Cameron en 2010-15. Desde el poder ellos rompieron con sus promesas electorales de luchar por la matrícula universitaria gratuita para aceptar alzas sobre ésta. En las elecciones de 2010 Nick Clegg había llevado a los liberal-demócratas a convertirse por primera vez en su historia en la fuerza que dirima entre conservadores o laboristas para ver a quién ponerlo en el gobierno. Clegg optó por los primeros y, a cambio, recibió el cargo de viceministro y otras carteras, lo que hizo que así los liberal-demócratas debuten en el poder.


No obstante, al final del cogobierno fueron los amarillos quienes quedaron electrocutados y con el foco quemado pues bajaron de 57 a 8 parlamentarios, para ser desde entonces la cuarta fuerza en la cámara de los comunes, y ya no la tercera como lo venían haciendo. Clegg perdió su curul y se fue a trabajar a Facebook.

Ahora, sin embargo, el hecho que los laboristas se nieguen a oponerse al Brexit y que no demanden un nuevo referéndum ha hecho que éste esté ayudando a sus rivales liberal-demócratas a despegar. Si el Partido del Brexit le quita votos al conservadurismo atacándolo por no haber podido materializar ya la ruptura con la UE y seguir en ésta, los amarillos le vienen quitando votos a los rojos apareciendo como la opción para quedarse en la UE.

Verdes


El amarillo usualmente es un color transicional en todo semáforo. El siguiente color puede ser el verde, el del relativamente nuevo partido ecologista que en las elecciones al municipio de Londres del 2016 y a las del parlamento europeo del 2014 superó a los liberal-demócratas. Los verdes tienen 3 euro-parlamentarios y 2 miembros de la Asamblea de Londres (frente a uno de los amarillos), pero solo una parlamentaria frente a 11 amarillos. En las elecciones locales del 2 de mayo los verdes más que triplicaron su número de concejales (subieron de 87 a 273), pero todavía muy lejos de los 1,351 de los amarillos.

Verdes y amarillos comparten su oposición al Brexit y el pedir seguir en la UE y llamar a un nuevo referéndum. Empero, no ha sido posible realizar un bloque común pro-UE entre ellos pues ambos libran una feroz disputa por cuál debe ser la cuarta fuerza en Inglaterra. No es tanto un problema de competencia de marcas sino de orientaciones políticas.

Los verdes se centran más en la defensa del medio ambiente y en problemas sociales, mientras que son el partido que logró hacer que la Asamblea de Londres vote en 2009 la amnistía a los indocumentados. Ellos cuestionaron todas las guerras que hizo Tony Blair con Gordon Brown durante los 13 años de administración laborista y luego las medidas de austeridad que ellos hicieron y luego acentuaron los conservadores ayudados inicialmente con sus ministros liberal demócratas.

Los amarillos son una fuerza más de centro que busca un capitalismo social, mayores libertades a los homosexuales y a las minorías, y alicientes a la libre empresa. Son una fuerza cuya estrategia consiste en ganar la mayor cantidad posible de curules para ser el fiel de la balanza y poder gobernar con los laboristas, los conservadores o los nacionalistas en Escocia y Gales. Los verdes, en cambio, jamás van a cogobernar con los tories y en Londres fueron muy hostiles al alcalde Boris Johnson.

Por el momento el amarillo viene avanzando, pero es posible que mucha gente que empieza a dejar de votar rojo por ser pro-UE emigre a los verdes, que es un partido más social e izquierdista (aunque no socialista). Otra gente que hoy piensa votar amarillo puede ser como una transición para regresar al semáforo rojo, pues mucha gente que hoy dice que en las elecciones europeas sufragaría por los liberal-demócratas en las generales lo haría por los laboristas.

Algo que hubiese consolidado a los liberal-demócratas es si ellos hubiese podido haber sumado a su lista electoral a los disidentes del laborismo y del conservadurismo que han creado el Grupo Independiente, el cual carece de un símbolo y color claros, pero que ha decidido crear una sigla (CHUK) parecida al nombre de su líder (Chuka Umunna, quien aspira a ser el Obama británico). Si este grupo se hubiera asociado a los amarillos ambos unidos hubieran podido haber golpeado a Corbyn y haber relegado al laborismo al tercer lugar, mientras que bien pudieron haber hecho una alianza con la palabra Remain con la cual hubieran polarizado estas elecciones entre ellos y el Partido del Brexit. Chuka, en cambio, prefirió correr con su propia sigla, lo cual probablemente vaya a terminar haciendo un gran favor a su rival Corbyn.

Amarillos escoceses


Otra tonalidad de amarillo identifica al Partido Nacional Escocés (SNP), el cual tiene la misma ventaja que poseen los liberal-demócratas: que tienen una posición muy definida en pro de la UE y de un nuevo referéndum (pero, además, un planteo en favor de la independencia escocesa, lo opuesto a lo que quieren los conservadores, laboristas y liberal-demócratas, pero no los verdes).

La gran desventaja que tienen los dos grandes partidos británicos (conservadores y laboristas) es que ambos están muy partidos. A los electores no le gustan los partidos partidos, sino los partidos relativamente unidos.

En Escocia el SNP espera dar una paliza a sus eternos rivales conservadores y laboristas por no salir en defensa de los 2/3 de votantes escoceses que apoyaron quedarse en la UE durante el referéndum, mientras que ahora Farage viaja a ese país (donde es impopular) a querer capitalizar a ese tercio que votó contra la UE.

Mientras los liberal-demócratas como partido nunca han gobernado el Reino Unido y el voto por ellos es siempre similar al del color amarillo del semáforo (uno transicional o que media), en Escocia el SNP lleva tres gobiernos consecutivos y estas elecciones pueden afianzar su prestigio y sus intentos de dar paso a dos nuevos referéndums (uno para quedarse en la UE y otro para salirse de UK), por lo que el voto al SNP puede ser la señal amarilla que se viene el pare al Reino Unido y la división de éste.

Un eventual avance de los amarillos liberal-demócratas y del SNP a a fortaleces al campo pro-UE y va a presionar a que los rojos se muevan en esa dirección, incluso a costa de producir una crisis en el laborismo e intentos para buscar un nuevo liderazgo frente a Corbyn.       

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