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Etiquetas:   Vitali Shentalinski   Rusia   Novela  

La palabra arrestada

Una obra de investigación histórico-literaria rigurosa exhaustiva, y profusamente documentada en los archivos literarios del KGB, que analiza el terror y la persecución de los escritores, artistas, científicos y profesores universitarios por parte del régimen soviético en la época de Stalin
Ana Alejandre
martes, 23 de abril de 2019, 11:53 h (CET)

Vitali Shentalinski, periodista y editor de radio y televisión, autor de la trilogía basada en una rigurosa investigación que forman los títulos Esclavos de la libertad (2005), Denuncia contra Sócrates (2006) y Crimen sin castigo (2007), cuya investigación amplia en esta nueva e impresionante obra que ofrece la verdad de la persecución, de los intelectuales rusos represaliados en la Unión Soviética durante el gobierno de Stalin, y en la que reproduce, de forma exhaustiva y fehaciente, basada en la documentación oficial guardada en los archivos secretos de la Lubianka los procesos a los que fueron sometidos los escritores rusos de la talla de Isaak Bábel, Ósip Mandelsltam, Mijail Bulgákov, Marina Tsvietáieva, Andrei Platónov, Anna Ajmátova, Maksim Gorki y Boris Pasternak, ocho de los más importantes nombres de los muchos miles de intelectuales que fueron víctimas de una represión criminal de sus vidas y obras por procesos sumarios, injustos y arbitrarios, sin más fundamento que la propia paranoia estalinista contra todo lo que le sugería una actitud o talante antisoviético, o un peligro para su gobierno dictatorial, basado en el terror y la dura y férrea línea de gobierno de la que nadie se sentía a salvo.

Shentalinski tuvo la iniciativa en 1988, en pleno estallido de la perestroika, de presionar a la Organización de Escritores, a los más altos mandatarios del Partido y a la opinión pública para poder hacer públicos los terribles datos de la represión llevada a cabo contra infinidad de intelectuales rusos, cuya verdad estaba por descubrir y permanecía a cubierto en los archivos de la infame Lubianka. Fue el primero que consiguió abrir dichos archivos de la KGB y de la Oficina de la Fiscalía de la URSS, que durante años permanecieron abiertos a la consulta pública, aunque hoy vuelven a estar cerrados por decisión gubernamental. Con ello consiguió echar luz sobre el cruel destino de tantos miles de rusos que vieron su destino trágicamente destruido por procesos atroces en los que los instructores inventaban los hechos que les convenía a sus torticeros fines, para así declarar culpables a seres inocentes de supuestas confabulaciones antisoviéticas que sólo estaban en el ánimo de quienes formaban parte de la maquinaria estatal más sanguinaria de la historia.

Todas estas purgas políticas aún no han sido consideradas oficialmente por la opinión occidental como crímenes contra la Humanidad, por la presión de los movimientos de izquierda internacionales, como si la historia interminable de terribles crímenes cometidos por la URSS, cuna de la ideología de extrema izquierda, les confiriera a dichos actos execrables un salvoconducto de legitimidad que se les niega a otras ideologías políticas que han hecho mucho menos daño, pero ante las que se mantiene una opinión negativa y duramente crítica por la que se les niega cualquier posible exculpación

En la historia nunca ha existido un régimen político que ha masacrado de forma tan feroz, indiscriminada y sin tregua a los intelectuales y a los artistas del propio país, como fue el totalitarismo soviético que dejó miles de víctimas entre sus filas, tanto de escritores, artistas, científicos, investigadores en diferentes campos y profesores universitarios. Es decir, los representantes más genuinos de la inteligencia; que fueron silenciados o asesinados: A todos ellos se sumaron millones de personas anónimas que fueron castigadas de forma inhumana, enviándolas a los famosos campos de trabajo soviéticos, sin haber cometido ningún crimen contra el Estado; pues todo era, simplemente, una infame estrategia para conseguir esclavos sin ningún derecho ni dignidad que trabajaran hasta la extenuación y de forma gratuita para el Estado soviético.

Esta obra tiene un valor testimonial inconmensurable, porque sus datos están recogidos en los archivos oficiales y no se basan en simples opiniones de autor, sino en hechos incontestables, documentalmente probados, que muestran y permiten comprender en toda su magnitud el terror impuesto por un Estado totalitario, cuyos actos aún merecen un juicio basado en el conocimiento del horror que encierran y que muestran el verdadero cariz del Estado soviético que sometió a millones de sus ciudadanos a la más ignominiosa y terrible caza del ser humano y que todavía necesita ser revisada, enjuiciada y declarada públicamente como un crimen contra la Humanidad, al igual que el cometido por el régimen nazi, al que supera con creces en el número de víctimas.

Obra esta, pues, que es de aconsejable lectura para quienes deseen conocer mejor y en mayor profundidad el alcance del terror impuesto por el Estado soviético que intentan ignorar, obviar, o disminuir en su gravedad quienes creen que el comunismo y sus aledaños ideológicos están exentos de toda culpa histórica, a pesar de los millones de muertos inocentes que fueron víctimas del terror impuesto por esta ideología que intenta hacer creer que ofrece libertad, dignidad y progreso a los pueblos a los que quiere someter al totalitarismo más feroz y a la negación de todo derecho y dignidad a los ciudadanos.

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