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Etiquetas:   Poeta   Ensayo   Novela   Antonio Orihuela  

Antonio Orihuela, poeta: "Aquí un insumiso"

Entrevista al poeta Antonio Orihuela
Ángel Padilla
martes, 2 de abril de 2019, 15:32 h (CET)

Antonio, he titulado esta entrevista con la contundente frase que te escuché decir hace un par de años mientras sujetabas un voluminoso libro, de tus obras completas, escogiendo el primer poema a leer. Dijiste eso, y la gente sonrió, como siempre en tus lecturas. El clima que creas es único. Qué difícil elevar la palabra insumiso, con tanta verdad como tú la nombraste, ese día...


Y qué difícil mantenerse a su altura.

Ya son casi veinte años los que llevas coordinando los encuentros poéticos en Moguer, denominados “Voces del Extremo”. ¿Pesa? Aglutinar a los poetas, en un tiempo cada vez más material, inane, es misión maravillosa y necesaria. ¿Siempre ha valido la pena? ¿Ha habido alguna ocasión en que hayas pensado, por lo complejo de organizar un evento de tales dimensiones con tantos poetas -teniendo en cuenta que eres un autor muy ocupado con tu propia obra y en obras conjuntas-, en dilatar en su tiempo los encuentros o en dejar el relevo de su coordinación a otra persona?


Voces es una carga ligera, si no fuera así no habría podido llevarla durante más de veinte años; pero Voces se hizo una carga ligera cuando los poetas que vienen aprendieron a hacerse ligeros, es decir, a disolver sus egos en lo colectivo, y desde ahí compartirse, regalarse, organizarse, disfrutar del estado físico y mental que Voces propicia en tanto espacio de experimentación deseante, de magia, de activismo social y de energía política creciendo desde la imaginación, la atención, la responsabilidad, el compañerismo y la ayuda mutua.

Aun así, nunca sabré con exactitud qué atrae a la gente a Voces, porque a la mayoría de los poetas que expresan su deseo de venir no los conozco, pero sí puedo intuir lo que se llevan, el deseo de extender esas prácticas y ese espíritu que algunos incluso han intentado reproducir en otros lugares de la península, y este año incluso en Francia, en otoño, donde se va a celebrar el primer Voces del Extremo francés de la mano de la poeta Manuela Parra, que además, para que veas cómo son las cosas, ha legalizado antes allí la asociación Voces del Extremo que nosotros en España, donde no tenemos estatuto jurídico alguno.

Está claro que en Voces, si vienes preparado para ello, ocurre algo que nos transforma para la vida definitiva y completamente, y si no estás aún preparado para ello, podrás vislumbrar las dimensiones del fenómeno, tal vez captar algo de la energía que se pone en movimiento, de los cuerpos que se ponen en movimiento, de las prácticas que desde allí crecerán dispersas, intermitentes, atemporales…

Si todo el peso de Voces recayera sobre mí, me sería imposible de montarlo. Más de 150 poetas, cuatro días, casi 50 horas de lecturas, conciertos, performances, acciones, etc. en siete u ocho ubicaciones diferentes… si no fuera por la propia capacidad de la autogestión, organización y coordinación entre los asistentes, Voces no sería posible. Yo en realidad, soy el que menos hago.


Imagino un Parnaso vivo en esta tierra, en esos encuentros de Moguer, de poetas del extremo. Poetas de entre los que -y por el carácter insumiso y combativo de sus obras- ha ido emergiendo años atrás y hoy cristalizado por completo la denominada “Poesía de la Conciencia Crítica”. Es mucho lo que se ha logrado gracias a ese esfuerzo de muchos años, aglutinador, Antonio. ¿Eres consciente de su enorme dimensión -la historicidad de esta gesta es imposible contemplarla, desde este hoy-?


Sinceramente no, es imposible tomar conciencia de la historia cuando lo que está en juego es tu propia vida, nuestra vida en común hecha en el día a día… Es algo que empiezo a atisbar ahora, cuando han pasado veinte o treinta años de determinadas cosas que hicimos, pero en aquel momento las hicimos porque creíamos que teníamos que hacerlas, no pensando en hacerlas para así formar parte de los manuales de literatura. La reflexión teórica vino después, cuando hubo, entre algunos, cierta necesidad de ella. De todas maneras, aún es pronto para encerrarnos en una historia académica y clausurada, porque nuestra tarea ayer y hoy sigue siendo la misma, el mundo no ha cambiado sino a peor, así que nada de lo que dijimos o las prácticas que desarrollamos han perdido vigencia, hay que seguir contestando la naturalización del discurso neoliberal como vida cotidiana, denunciar y desvelar el imaginario capitalista donde estamos confinados en cuerpo e imaginación y, sobre todo, tenemos que seguir produciendo una realidad alternativa, porque como sociedad necesitamos otros mensajes, otros discursos, otros imaginarios donde crecer y desde los que poner en conflicto las lógicas del poder, la propiedad y el dinero. Y es esa red de complicidades que en Moguer se llama Voces del Extremo, pero que tiene otras muchas identidades y formas de manifestarse, la que da sentido a nuestro trabajo en poesía y fuera de la poesía.

¿Podrías contarnos anécdotas de poetas que han recitado en los encuentros de “Voces del Extremo”? Imagino no será difícil, el poeta es un animal individualista, espontáneo e incluso salvaje (pienso en David González, en Lizano, en Falcón, poetas-poetas-)?


Como decía más arriba, el problema de Voces es que no deja sitio para la egolatría, y no quiere decir esto que no hayan pasado por Voces poetas con grandes egos, pero el ambiente es tan maravillosamente colectivista, tan mágicamente colectivista, que los egos o bien se disuelven en esa experiencia de lo común, tal vez inédita en sus vidas, o sencillamente retroceden ante lo que consideran un peligro para su individualidad y en este caso nunca más vuelven.


David González ha estado en Voces siempre que su economía se lo ha permitido, Enrique Falcón supo darle, junto con otros compañeros valencianos, un impulso nuevo a Voces desde Valencia, reconectando y vinculando movimientos sociales y movidas asociativas dentro de la ciudad, y Jesús Lizano dijo algo así como que vamos a Voces a encontrarnos, a ver lo divertido y lo curioso que es reconocerse también en otras personas, otras voces, otras estéticas y, sin embargo, alcanzar, a pesar de esto, la certeza de que todos somos la misma cosa, que en todos late un mismo deseo de mundo.

Tus poemas, muchos de ellos en particular, han sido usados como emblema de manifestaciones, incluso como frases de una generación. Uno examina en los sitios de internet que reflejan tu andadura literaria y podría perderse en tanta obra tuya publicada. Son innumerables los libros de poesía que distintas editoriales te han publicado. Y me consta que eres un poeta leído, y seguido por la gente que lee poesía. De hecho, creo que de los poetas actuales más leídos y seguidos. ¿Cuáles son tus obras de las que te sientes más orgulloso, o quizá que consideres nucleares de tu producción?


Estoy contento con lo que he dado a imprenta hasta ahora, aunque a algunos hijos primerizos me cuesta más reconocerlos, y creo que he escrito una obra bien conocida en sus aspectos más críticos con lo exterior, lo público, con el nosotros, ahí están los libros Esperar Sentado o El amor en los tiempos del despido libre, con dos ediciones, pero también he dado a luz libros como Narración de la llovizna o el último, Disolución, donde el foco se vuelve hacia el mundo interior que también debemos iluminar y armonizar en tanto individuos, si queremos que algo cambie en lo colectivo.

¿Hay algún libro que siempre quieres escribir y nunca tienes tiempo o la mente adecuada para sentarte a plasmarlo?


Afortunadamente no. Cuando concibo un proyecto soy muy disciplinado con él, y aunque a veces sé que la tarea me va a llevar años no por eso me arredro.

Antonio, “Piedra, corazón del mundo” es el título de uno de tus tantos libros maravillosos, pero duros. Reales. ¿Hacia dónde camina el ser humano? ¿Nuestra poesía contiene el poder de antaño para danzarle el corazón a la Resistencia, menos, más aún porque se necesita esperanza?


Caminamos hacia el desastre, y lo peor es que estamos viendo el abismo y solo se nos ocurre pisar aún más el acelerador.

La poesía es todopoderosa encarnada en los movimientos sociales, acompañando a las luchas y consolando en las tragedias, explicando el mundo y dando noticia de otro mundo posible, pero nuestra poesía también puede ser letra muerta si la reducimos a literatura.

En tus textos eres de los poetas -casi todos coinciden en denominarte el mayor- de la Conciencia Crítica, manifiestas una gran preocupación por el medio ambiente y la merecida crítica a las ciudades, a su cemento, a su falso “bienestar”, esa propaganda que el pueblo ha creído a costa de todo lo bello, que cae a millones en este planeta, sin posibilidad de retorno...


No me molestan las etiquetas siempre que no se utilicen para dar por sabida, explicada y sentenciada una posición. La poesía crítica llega hasta hoy hecha con la realidad de hoy. Voces del Extremo recoge una preocupación que compartimos humanistas, pacifistas, ecologistas, animalistas y decrecentistas, y que se cifra en la necesidad de tomar conciencia de nuestra ecocida forma de vida y buscar paliativos al desastre mundo que se nos viene encima.

¿En qué andas ahora? ¿Qué obra u obras escribes? (Si se puede saber.)


Habitualmente tengo cuatro frentes abiertos, uno ensayístico, ahí voy alojando pequeños ensayos y reflexiones en voz alta sobre política, ecología, literatura, etc. para el que no tengo fecha de cierre, aunque sí título, Puntos Ciegos. Trabajo también en dos poemarios, uno de carácter más colectivo, abierto a las realidades que nos acosan y las omisiones que nos destruirán, que se llamará Lavar Carbón, y otro de carácter más intimista, que no tiene título; y finalmente sigo escribiendo o mejor dicho pintando y borrando libros, mi faceta menos conocida, en esta línea he hecho un libro para un Homenaje a Antonio Gómez que he titulado Dear Antonio Gómez, un libro del que he arrancado todas las páginas hasta solo dejar las palabras Dear y Man, y espero publicar pronto otro titulado No, donde he borrado todas las palabras de una novela titulada No, publicada en los años sesenta, menos los “no” que aparecían en ella.

Si te digo militarismo. Venta de armamento, soldados, banderas...


Es triste que homos tan inteligentes no hayan aprendido nada de sus parientes los bonobos.

¿Podremos romper las cadenas, Antonio?


Primero hay que verlas, sentirlas, que te duelan… después llega lo más difícil, que llegues a odiarlas al punto de querer desasirte de ellas.

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