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Ancelotti, ¿Es éste el hombre?

Luciano Sabatini
Luciano Sabatini
domingo, 23 de abril de 2006, 20:19 h (CET)
Un equipo debe heredar su estilo y su forma de plantarse sobre el campo del técnico que lo dirija. Éste, es en última instancia el responsable de dotar de su impronta personal a los jugadores, y si al final el equipo no rinde, bien puede ser por que el entrenador no ha sido capaz de trasmitir de la mejor manera sus ideas a los suyos, o por que estas no son las adecuadas, para un partido, para unos jugadores, para un equipo.

Aceptada la superioridad del Barcelona en el campeonato doméstico y en Europa, el Real Madrid se ve abocado a una forzosa renovación, para combatir y evitar por más años la hegemonía rival y sus consecuentes fracasos. La necesaria reconstrucción debe estar guiada por un técnico que moldee la plantilla siguiendo un patrón deportivo. Por todo esto, el club blanco debería tener especial cuidado en la elección del hombre que dirigirá su futuro deportivo los próximos años. El elegido es el italiano Carlo Ancelotti, y esta decisión del Sr. Martín merece una singular reflexión.

Ancelotti, como jugador, era uno de esos delanteros tanqueta rondadores del área, que ganó con dos Copas de Europa en 1989 y 1990 con el gran Milan de Van Basten y compañía. No era un estilista del juego, sino más bien un jugador duro y directo, pero que comenzó a cambiar en su concepto futbolístico tras su retirada en 1992. Arrigo Sacchi, el que fuera su entrenador en la etapa más gloriosa en el equipo rossonero, se convirtió en su maestro, al que acompañó como seleccionador de Italia al Mundial de USA 1994. Su prestigio como jugador pronto le daría la posibilidad de estrenarse como técnico al año siguiente en la Reggiana, a la que rescató de la Serie B consiguiendo el ascenso a la máxima categoría del fútbol italiano. La familia Tanzi, que por entonces era dueña de la mayoría de las acciones del Parma, le ofreció la dirección del equipo, con el que cuajaría una espléndida temporada clasificándola segunda tras la todopoderosa Juventus. De ese equipo parmesano sacaría a dos grandes jugadores que más tarde acabarían en la propia Juve bajo su mando, Gigi Bufón y Fabio Cannavaro. Por entonces el fútbol del bueno de Carlo obedecía a un rígido sistema defensivo en el que los centrocampistas de corte tenían una notable preponderancia. A tenor de los resultados, en 1999 la Juve le contrató como sustituto de Marcelo Lippi, y fue con el equipo turinés cuando su esquema sufriría una notable transformación, optando por una mayor capacidad ofensiva. Dio a jugadores como Del Piero o Zidane una total libertad para crear fútbol; la pelota agradecida y los resultados acabarían llegando. Solo la mala fortuna le arrebató la liga en el año 2000 en la última jornada. La directiva juventina no tuvo paciencia, y el año siguiente decidió destituirle. Fue entonces cuando Ancelotti aprovechó la llamada del equipo de sus amores, y pasó a dirigir al Milan de Berlusconi. Éste tenía entre manos el ambicioso proyecto de crear un equipo campeón de Europa, y le puso un cheque en blanco para fichar jugadores.

Es en el equipo milanista donde Ancelotti se ha hecho con un nombre en la élite mundial de los entrenadores. ¿Reconocimiento merecido? En el haber hay que decir que ha transformado el juego del Milan, un equipo austero acostumbrado al “catenacio”, un el que impuso el juego de toque y la elaboración de la jugada. Los rossoneros se destaparon como uno de los conjuntos transalpinos a los que más les gusta tener la pelota, y esa misma corriente ha ido contagiándose a otros equipos del Calcio, como el Chievo o la Lazio. Con su buen juego, su equipo se ganó el apelativo de “Real Milan”, en una época en la que domina el panorama europeo el preciosista juego del Real Madrid. Tuvo la habilidad de convertir a un media punta llegador como es Pirlo en magnífico medio centro, y ha ido dando cabida a los buenos jugadores como Kaká, Seedorf y Shevchenko, en detrimento de los menos dotados técnicamente. Merito concedido; no obstante me pregunto que hace jugando un hombre como Gatusso, que venía de una escuela de rugby y parece que no ha cambiado de tercio. Además, la presión parece haber hecho mella en el entrenador italiano, y está pecando de cierto conservadurismo. Un solo dato: semifinal de la Champions, pierde en casa frente al Barcelona, y se juega la baza de los cambios dando entrada a Maldini, Ambrosini y Cafú: impropio de un entrenador de un equipo grande.

Las premisas para que un entrenador cuaje y ofrezca un rendimiento en un equipo son tres: que posea un buen concepto futbolístico, que conozca la competición y los jugadores a los que va a dirigir, y que defienda y sienta los colores de la casa. Carlo Ancelotti ha evolucionado como técnico y se ha vuelto un defensor del buen juego, partiendo desde la pelota, uno de uno. En su contra cabe decir que un entrenador que no ha salido de Italia no conoce las vicisitudes de una liga tan compleja como la española, en la que los equipos y los campos son muy variopintos y distintos de norte a sur. Por otro lado, Ancelotti ya ha ganado en el 2003 la Copa de Europa, ahora Champions, con el equipo de su vida, el Milan, y de venir al Madrid, no lo haría ni con especial hambre de títulos ni por el amor a los colores, sino por el poderoso caballero, don dinero.

Pongo en duda, entonces, que Ancelotti sea en entrenador adecuado para los merengues, y me pregunto si este fichaje presidencial no tiene el mismo tono y color que cada uno de las adquisiciones que hizo Florentino durante su criticada gestión. Otra vez, se empieza la casa por el tejado.

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