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Etiquetas:   Columna   -   Sección:   Opinión

Tan cerca y tan lejos

Óscar Arce Ruiz
Óscar Arce
sábado, 8 de abril de 2006, 21:04 h (CET)
El interés del gran público por el mundo oriental es evidente. Me parece (y me atrevo a afirmar), no obstante, que no deja de ser un interés superficial, hacia lo llamativo que puede ofrecer toda la cultura del Asia oriental; es decir, de lo diferente que pueda tener con respecto a nosotros. Algunos, han decidido incluir en su cotidianeidad elementos de un lejano oriente, que pueden resultar atractivos si se adaptan a nuestra manera de vivir. Dos de esos elementos me llaman especialmente la atención.

El primero, es la conjugación de lo oriental y la afición por el mundo del tatuaje. Nada tengo, en absoluto, contra los tatuajes. Me parece cuanto menos curioso que personas adultas, a las que se les supone un cierto sentido crítico, escriban permanentemente en su piel lo que creen que son palabras o letras chinas o japonesas.

Esta situación me hace suponer que la gente confía en la bondad de los extraños, de unos extraños que dicen que unos trazos de estilo oriental significan “amor”, “honor” o “justicia”. No puedo evitar recordar el caso que apareció por televisión de aquel actor que creía tener tatuada la palabra china con una traducción imponente como las anteriores, y con el tiempo descubrió que lo que los chinos leían cuando le miraban el cogote, era algo así como “coche a motor”.

El segundo aspecto, me llama la atención desde hace algo menos de un mes. Es el tema del tai-chi. No me seduce especialmente la lentitud de movimientos que expresan la unión con el entorno y la armonía interior. Lo que me parece asombroso es que, según escuché no sé dónde, en China está de moda el practicar yoga. Parece ser que, entre los chinos y chinas jóvenes y de mediana edad, el yoga se ha convertido en una actividad tan “cool” como puede ser, por ejemplo, el tai-chi en España.

Mi conclusión fue rápida: nadie se conforma con lo que tiene. Lo que podemos ver de atractivo en el tai-chi o en el yoga, en China solamente se aprecia en el yoga, pues aquél otro lo han tenido desde siempre.

Quizás mi conclusión no está del todo errada, pero no fue esta la razón que recuerdo haber escuchado. A grandes rasgos, diré que los chinos no se consideraban capaces practicar tai-chi más que en la edad adecuada. La tranquilidad y el conocimiento necesarios para coordinar los movimientos corporales con los latidos de la tierra solamente pueden adquirirse con la experiencia de toda una vida. Por eso es inconcebible para ellos que un no-viejo pueda hacer tai-chi como hay que hacerlo. Un viejo tiene ventaja en el acceso a las tradiciones.

En cambio, nosotros suponemos que es imposible que un no-joven acceda a los nuevos valores que mueven nuestra pequeña parcela del mundo. Mientras unos miran a sus mayores con respeto y con la esperanza de ser como ellos algún día, otros no hacen más que acordarse del pasado y maldicen el día que tengan que dejar de ser jóvenes. La diferencia esencial es que unos esperan lo inevitable y otros huyen de ello.

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