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Etiquetas:   Conflictos y dilemas   -   Sección:   Opinión

Dios perdona siempre, el hombre a veces, la Naturaleza nunca

Francisco Montesano
Francisco Montesano
sábado, 4 de marzo de 2006, 05:36 h (CET)
La contaminación de las aguas de superficie provenientes de las aguas residuales industriales y de aguas negras sin tratar es una de las causas principales de daños a la propiedad, pérdidas de espacios para recreación y daños ecológicos alrededor de las principales áreas urbanas y de varios lagos y lagunas interiores. Para encarar el problema, es necesario motivar a las industrias a reducir la generación de descargas por medio de la imposición de las tasas correspondientes y alentar la cooperación entre la industria y los gobiernos a través de planes de acción para el saneamiento ambiental. También es preciso ampliar la capacidad de tratamiento de las aguas negras y se deberá hacer un mejor uso de la capacidad natural de dilución y de purificación de los ríos.

Esta aseveración que realizan los ambientalistas a nivel mundial, en este momento en que se desarrolla una disputa seria y profunda entre Argentina y Uruguay, por la instalación de dos plantas celulosas frente a la ciudad argentina de Gualeguaychú, podría muy bien ser aplicada por las autoridades de Entre Ríos para sostener su postura.

Lamentablemente fue hecha dentro de un contexto de denuncia por la contaminación a saber en México; Guatemala; Bolivia; Colombia; Indonesia; Malasia: Chile; Venezuela: Panamá; China; India; Canada; Brasil; Argentina; etc. En todos estos países hay epidemias de Cólera, Fiebre tifoidea, Poliomielitis, Meningitis, Hepatitis, Shigelliasis, Leptospirosis, etc.

Todo ello nos está indicando que no debemos perder tiempo y conminemos a los Estados a que tomen conciencia de que solo él puede llevar a cabo una rigurosa descontaminación y purificación del Agua, El Estado es el que debe exigir a las empresas purificar sus vertidos, entregando las maquinarias y los métodos de descontaminación, comprados con los impuestos recaudados para tales fines y no multando con cantidades irrisorias, sino clausurando o cerrando empresas que no cumplan con los requisitos de un vertido saneado y limpio.

El conflicto de las papeleras ha despertado lamentablemente un sentimiento nacionalista de argentinos y uruguayos, el cual es preciso detener. Dos naciones sudamericanas, integrantes ambas de un Mercado Comun y con políticas de conjunto, deben ante todo recurrir a todos los medios diplomáticos para solucionar este tema.

También es importante que los argentinos pongamos la atención en un Documento que emitió el Banco Mundial en el año 1995, denominado "Contaminación Ambiental en la Argentina, Temas y Opciones para su Gestión", en el cual se describen aquellos problemas de contaminación más manifiestos en el país, y cuyo objetivo es asistir al Gobierno en desarrollar una estrategia para encarar la contaminación ambiental.

Alguna de sus conclusiones son En general, la contaminación ambiental en la Argentina es mayor que lo que se podría esperar de un país con un nivel de desarrollo mediano a alto. Estos problemas son consecuencia principalmente del aumento gradual de la población urbana y del desarrollo industrial, junto con un marco de reglamentaciones inadecuado y un déficit de décadas en materia de infraestructura sanitaria y de tratamiento de desperdicios.

Muchos de los lugares turísticos están afectados. Como el lago San Roque, en Córdoba, que recibe desechos cloacales sin tratamiento, o el Dique Cabra Corral, en Salta, donde se depositan toneladas de basura. En otros casos, la contaminación proviene de la minería, como la sufren los pobladores de las Termas de Río Hondo, de Santiago del Estero, de Amanao en La Rioja, o los mapuches de Neuquén. Resulta claro que la Argentina debe resistir la instalación de plantas que contaminen el medio ambiente, pero también es indispensable exigir al Estado Nacional una urgente purificación de nuestros focos de contaminación, pensando en un desarrollo que una las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para resolver sus propias necesidades.

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