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'Crónicas de Gabriel', una saga de fantasía que describe cómo surgió el universo y cómo se originó la eterna lucha entre el Orden y el Caos

Entrevista al escritor Miquel Ángel Lopezosa
Redacción Siglo XXI
@DiarioSigloXXI
jueves, 8 de noviembre de 2018, 08:37 h (CET)

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Crónicas de Gabriel es una trilogía que comenzó en 2016 con su primer volumen, En búsqueda de la verdad. Ahora, en 2018, hemos asistido no solo a la reedición de este primer volumen, al cual se le han añadido unas preciosas ilustraciones y una nueva portada, sino también a la continuación de la trilogía con la publicación de Los hijos de la luz. Muy pronto se cerrará el ciclo y llegaremos al final, pero mientras tanto, conozcamos estas dos primeras obras de la mano de su autor, Miquel Ángel Lopezosa.


Cuéntanos, Miquel, con tus palabras, de qué trata esta trilogía…

Esta es una saga de alta fantasía que describe cómo surgió el universo y cómo se originó la eterna lucha entre el Orden y el Caos. También relata la historia de sus protagonistas y cómo se ven envueltos en esta ancestral contienda. En las novelas no falta acción, aventuras, magia y una profunda e intrincada trama que poco a poco se irá deshilachando hasta dejar al descubierto un secreto que, sin duda, sorprenderá al lector. Pero también trata de profecías, mitos y leyendas, del valor de la amistad y del amor, y rezuma magia por los cuatro costados. En definitiva, el lector hallará en sus páginas una historia original, muy documentada y con todos los ingredientes necesarios para mantener al lector cautivo desde el principio hasta el final.


¿Qué seres mitológicos o elementos mágicos vamos a encontrar en esta saga?

Lo cierto es que el elenco de seres mitológicos es bastante elevado: desde los dioses egipcios, pasando por nigromantes, dragones, brujas, náyades, cíclopes, el ave Fénix, duendes, estrellas, vampiras, unicornios alados, etc. Y en cuanto a los elementos mágicos citaré los cinco más importantes que aparecen en la primera novela, En búsqueda de la verdad: el manuscrito de Ceres, la lámpara de Kram, el aceite de Luna, el elixir de la vida y el reloj de las arenas del tiempo. Y también subrayaré algunos de los que aparecen en la segunda entrega, Los hijos de la Luz: gemas mágicas, oráculos y el cetro de Horus.


Al hilo de lo anterior, una de las características que más me gustan de la historia, es que hayas mezclado mitología egipcia con seres fantásticos como pueden ser los dragones. ¿Cómo se te ocurrió esta idea?

La novela comienza con la siguiente frase:

“En un principio era la Nada, un sempiterno océano de oscuridad que lo ocupaba todo”.

A partir de ese momento voy desgranando cómo a partir de la Nada se originó el Todo gracias a que dos puntos de luz, tan minúsculos que ni eran conscientes de su propia existencia, se encontraron en una encrucijada que llevaba a ninguna parte y a partir de ese encuentro se creó el universo y los dragones celestiales.

A partir de esta idea y teniendo en cuenta de que los egipcios sentían devoción por el sol y el universo, pensé en crear un analogismo entre los dragones celestiales y los dioses de Egipto, integrando mitología egipcia a mi particular forma de entender el origen del universo. Además, desde niño he sentido fascinación por la historia de Egipto, los misterios que la rodean y he leído mucho al respecto.


El primer tomo tiene un ritmo de acción bastante alto. ¿Continúas con el mismo ritmo en el segundo tomo o hay partes más pausadas? ¿Qué cosas, de hecho, han cambiado en tu segundo libro?

Esta novela es la que desarrolla al máximo el hilo conductor de la historia con la intención de ir abonando el terreno a la tercera entrega, en la que habrá un desenlace final con fuegos artificiales. Para ello, era necesario dejar bien hilvanado el argumento, definidos los personajes y crear unos giros que dejaran al lector con la boca abierta, eso sí, sin perder el ágil ritmo narrativo de En búsqueda de la verdad.

En cuanto a la evolución de los personajes, en Los hijos de la Luz aparece un numeroso elenco de nuevos personajes protagonistas y era imprescindible que fueran madurando a fuego lento, integrándose con las múltiples tramas paralelas para, de esta forma, pudieran participar de una forma natural dándole consistencia y riqueza a la historia. Y para ello he tenido que adaptar algunas escenas con un ritmo más pausado.

Otro factor que ha influenciado en mi forma de relatar esta novela ha sido el narrador. Así como en la primera entrega era Gabriel el que relataba los hechos, en esta ocasión me he tenido que meter en la piel de Hugo para plasmar los acontecimientos según lo haría él y eso ha dotado al argumento de frescura y originalidad. Es una de las cosas de las que más orgulloso me siento.


La ambientación de los lugares que los personajes van visitando es extraordinaria y me consta que te has basado en algunos emplazamientos reales. ¿Nos hablas un poco de esto?

Al tratarse de una ficción fantástica muchos de los lugares que utilicé como escenarios en la primera novela son inventados y para ello utilicé técnicas de Worldbuilding. Pero otros escenarios no lo son, como el Machu Pichu, templos y ciudades del antiguo Egipto o ciudades de la antigüedad, como Siracusa y la fortaleza de Euríalo.

Sin embargo, en la segunda novela todos los escenarios, reinos y mundos son imaginarios, creados también a través del Worldbuilding. Quizá esa característica también haya influenciado en mi forma de narrar los acontecimientos de Los hijos de la Luz, pues cuando un mundo es inventado debes describirlo, desde la geografía hasta las costumbres de sus habitantes, de una forma más completa e integral.


Aparte de fantasía, ¿qué otros aspectos tiene esta novela?

A mí me gusta catalogarla también como una novela histórica. Todos los rituales, lugares de culto, fórmulas ceremoniales y ciudades que tienen que ver con el antiguo Egipto están documentados al detalle, así como los hechos que ocurren en dichos escenarios están adaptados a la época en cuestión. Lo mismo ocurre cuando recurro a otras mitologías, como la griega o la romana. También tiene mucho de aventuras, de romance, tintes de terror y algún guiño al horror cósmico de Lovecraft (el monstruoso Chüm es prueba de ello). Y, como no, de intriga.


¿Qué nos puedes contar, para ir abriendo boca, de la tercera entrega?

Cuando el lector llega al final de Los hijos de la Luz se pregunta: ¿Y ahora qué? Me temo que poco puedo decir para no dar ninguna pista al respecto, Eva.


Lo que te puedo decir es que con La gran Alianza daré otro giro de tuerca con el que mantendré al lector pegado a sus páginas desde el minuto cero. Será la más original de las tres novelas, en la que aparecerán nuevas tramas e inesperados giros, con los que poco a poco se irá desvelando el desenlace final de la historia. Un final que aún no tengo escrito, pues no quiero que me condicione su escritura y lo haga previsible. Un final que espero que sea el mejor colofón para una novela que me ha llevado casi una vida escribir.

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