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Manchitas de tinta roja

Un relato de Aurora Varela
Aurora Peregrina Varela Rodriguez
martes, 31 de julio de 2018, 06:43 h (CET)
Renunciaré a escribir si me hace falta, retroceder al curso de mi infancia. Por aquel entonces en hojas viejas y caducadas escribía poesía riéndome de mí, de ellos, de todo lo que me rodeaba, haciéndome pasar por escritora sencilla, pero en el camino porque he sabido rezar a su hora sin esperar nada a cambio.

Supe dejar de pensar en los que no me querían y cambiar el rumbo de mi vida. No juego sola, no lo es brindar a vuestras espaldas pero si viéndoos las caras y poder seguir hablando, pensando, seduciendo y enamorando.

No publicaré "Brindis de poetas", no estaría bien entregar tanto a una sociedad malhumorada que me pisoteó mil y una veces y me amarga.

Ha mejorado un poco mi salud, no haber tomado jamás medicinas se nota en mi cuerpo lleno de bacterias enfurecidas que quieren sacarme la vida.

He escrito en el ordenador relatos de historias falsas, me reconozco mujer nueva, hechicera, hada, callejera y desvinculada.

No sé si llegaré al día de mañana, mi tos deja en mí profunda huella, las jaquecas pesadillas y me duele el abdomen, pero renaceré a mis anchas porque hay medios, ganas, fe, religión y porque soy yo. Porque por eso soy yo.

Cinco de abril, mañana emitimos en 16:9, un nuevo reto para el que me preparé. Nadie me dará palmaditas en la espalda ni ascenderé, pero debo hacerlo bien porque sé como se hace, porque no quiero quedar mal y es mi trabajo.

Ahora sé que soy mujer adulta, pero jamás dejé de ser aquella niña porque hacerlo sería aceptar lo que me envuelve y no deseo en mí ese sentimiento.

Cuando crezca estaré lejos, olvidaré momentos de rebeldía, contestaciones, renuncias, malos pasos, olvidos, incongruencias, envidias, fueros internos. Entonces sabré que habrá valido la pena rezar, que el camino estaba ahí también para mí, única ruta verdadera y actual, mi destino, luz, senda que me llevará al valle de los enamorados porque también tengo derecho a participar de tal condición, soy hija de Dios y no he sido declarada culpable por ningún Tribunal Universal que esté en gracia de los santos.

Impropio de mi edad tan avanzada es mi condición amar a quien me ama, y sin embargo en este deseado encuentro vuelvo a sentir que tengo veinte años.

Crecí tarde, pero jamás comprenderé a la sociedad en que me encuentro, para eso no ha llegado el día.

Esta es la historia de Rosalía, flor del jardín que nadie cuida, por eso hija del sol.

Manchitas de rosas frescas que se destiñen solas, pensamientos que no acaban fácilmente, pero que tendrán su fin, hlocausto en la distancia, comprensión del otro, convertirse en amante de lo paranormal, discutir, enamorarse muchas veces, todo esto son manchas que se van quedando en tu piel, tu ropa, pelo y cabeza...

Todo vale para mancharte, un beso, el desprecio, la caricia, la pedida de mano, tan esperada por todas, la decepción, escribir mal y que te critiquen, que te quieran asesinar, ver los informativos de televisión, levantarte cada mañana, la enfermedad de tu gato, ir a trabajar y verlos a todos de nuevo, el fracaso, que no sé aún bien si en ocasiones esconde tras de sí: la felicidad.

Todo, todito todo, te mancha, te ensucia, te convierte en una persona nueva cada día de tu vida.

No es capricho mío que sea así, es que es de esta única forma, irrepetible, universal, incondicional.

No quiero que se me critique ni se me alabe, ni se me lea si se me va a odiar luego, ni que se me diga que lo hago mal o bien, que soy regular, mediocre o no tengo ni idea, porque si algo no va a mancharme son las palabras mal dichas y los malos deseos, la poca educación, los deshonestos. No soy quien viene a ayudar, sólo lo pasé regular, tirando a regular o bien, en medio de este mundo nuevo que nadie me enseñó a utilizar. No aprenderé jamás el dulce regreso al pasado, miraré siempre hacia adelante con la mejor de las sonrisas, no mentiré a los extraños salvo que me hagan mucho daño, y caminaré, con sencillez, elegancia y concordancia...

Seré partícipe de una nueva aventura, no robaré nada de nada ni caeré en medio de la calle cuando esté mojada, resistiré todas las adversidades que se me presenten riendo, cantando y bailando, disfrutando de cada momento que la vida me ofrece, sin garantías de llegar a un nuevo día, aumentendo las canas de mi cabeza y las arrugas de mi cara. Aguantaré y venceré.

No me importa que me destesten, seré una mujer sonriente, luz y energía para correr en el campeonato mundial, único e irrepetible, por ahora.
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