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Rafa Esteve-Casanova
Contar por no callar
Rafa Esteve-Casanova
Catalunya y España dos líneas paralelas
Hace unos días hablando con un conocido de Barcelona me decía que iba unos días de vacaciones a la Feria de Abril de Sevilla. Yo conozco la Feria de Abril, la de Sevilla y las ferias de diversas ciudades andaluzas, no en vano pasé dos veranos enteros trabajando con el teatro por aquellas tierras. Y hablando del sensual baile por sevillanas, de los rebujitos, las tapitas de jamón de la serranía de Huelva, el rabo de toro de algunos restaurantes cordobeses y la variedad de la cocina andaluza llegamos a la conclusión de que por diversas tierras de España a los que con la mano abierta de la amistad vamos hacia ellas desde Catalunya se nos suele mirar, muchas veces, como si odiáramos a España. Y no es así, más bien, y sin que las gentes de la España más tradicional lo adviertan, es desde España desde donde parte un cierto odio, desprecio o envidia hacia Catalunya. Unos sentimientos alentados por todo el estamento estatal español para tener entretenidos a los votantes, el poder siempre ha buscado un enemigo exterior para derivar hacia él las inquinas de los ciudadanos. Y en España en estos momento el Partido Popular y sus corifeos vestidos de socialistas y de naranjitos de C’s han decidido que una manera de ocultar su incompetencia para gobernar es dirigir las miradas hacia Catalunya y los catalanes.

Ni mi conocido ni yo, ni miles de catalanes odiamos a España. En España tenemos amigos, conocidos, saludados y, especialmente familia, y raíces en muchos casos. Pero desde hace muchos años, desde hace siglos, cuando los Borbones comenzaron a reinar en España, todos los estamentos que forman el Estado han hecho todo lo posible y lo imposible para domesticar el territorio de Catalunya y a los catalanes, para mostrar a esta tierra y sus ciudadanos como un territorio hostil al tiempo que, desde siempre, han venido expoliándolo y maltratándolo económicamente. Cualquier economista serio sabe que, en los últimos tiempos, Catalunya con casi un 20 % del PIB español tan sólo recibe en los presupuestos estatales un 12 % de los mismos, y sin que finalizado el plazo de ejecución del presupuesto se haya ejecutado el mismo.

Estos días se han celebrado los 87 años de la proclamación de la Segunda República española, en Catalunya, el mediodía del 14 de abril de 1931, Francesc Macià desde el balcón de la Pl. de Sant Jaume de Barcelona proclamó la República Catalana dentro de la Federación Ibérica. Al tercer día ya estaban en Barcelona tres ministros del Gobierno provisional español para que los catalanes desistieran de su proclamada República Catalana. Se les ofreció un Estatut, el de Nuria, que al poco de aprobarse comenzó a ser discutido por los poderes de Madrid. Una vez más Catalunya era un grave problema para España que hubo que acallar ofreciendo promesas que el Estado Español nunca cumplió. Y antes de todo esto Felipe V, otro Borbón, con el Decreto de Nueva Planta abolió los fueros catalanes, también los del País Valencià, y a lo largo de los años cada vez que desde Catalunya se elevaron propuestas para un mejor encaje con España la respuesta siempre fue un enorme no. O como algunos próceres españoles, Espartero y también Gregorio Peces Barba, padre de la Constitución. La respuesta fue “hay que bombardear Barcelona cada cincuenta años para mantenerla a raya”.

De momento no han bombardeado Barcelona, supondría la expulsión de España de la UE, pero el 1-O enviaron más de 15.000 policías y guardia civiles a apalear a catalanes inocentes que tan sólo querían votar, al actual Estado borbónico, le dan miedo las urnas. De momento todavía no han bombardeado Barcelona, dicen que España es una democracia, y muchos aceptamos “democracia” como animal de compañía en el juego de la democracia del borbónico Estado español, pero con una interpretación sui generis del art. 155 destituyeron el Govern elegido libremente por los votantes catalanes e impusieron una Virreina, la Vicepresidenta del gobierno Rajoy y un “poncio” disfrazado de “cipayo”, Millo, un resentido que quiso entrar en ERC al dejar Unió y vio como el nacionalismo le daba con la puerta en las narices, y como siempre hay un roto para un descosido acabo en el PP. De momento no han bombardeado Barcelona pero en la débil democracia española hay presos políticos y exiliados por sus ideas gracias a una judicatura que, metafóricamente, ha asesinado a Montesquieu y se ha pasado con el Aranzadi como arma y bagaje a las filas del Gobierno. De momento no han bombardeado Barcelona, pero el abogado de VOX dice que en “la guerra civil fusilaban sin odio y con amor” y los fiscales miran hacia otro lado. De momento no han bombardeado Barcelona, a más de uno de ellos les gustaría hacerlo, pero de momento acusan de terrorismo a manifestantes que simplemente levantaron las barreras de los peajes de las autopistas.

Y pese a todo, centenares de miles de catalanes siguen saliendo a la calle, pacíficamente, sin tumultos, festivamente, con tranquilidad y convencidos de tener la razón de su parte, para reivindicar una Catalunya libre, pidiendo ser escuchados por un Estado que desde el Rey a la Judicatura, pasando por el Gobierno, los medios de comunicación y el Ibex-35, se han puesto definitivamente del lado de los sembradores de odio. Los ciudadanos de Catalunya siguen, seguimos, saliendo a la calle con nuestras banderas, esteladas o simplemente con las cuatro barras de sangre de Jaume I, con nuestros lazos amarillos, ya son seis meses que con ellos recordamos a los que están secuestrados en las cárceles españolas bajo una prisión preventiva dictada por un juez que, tal vez, un día tendrá que dar cuenta de sus actuaciones que bordean o, presuntamente, caen en la prevaricación.

Y salen, salimos, a las calles y plazas de toda Catalunya sin odio hacia España. Nuestra protesta es contra un Estado, contra todos los estamentos que lo forman, comenzando por la Corona, siempre hemos querido ser unos buenos vecinos de España, si es que la mayoría de catalanes deciden que Catalunya sea una República independiente, pero lo que no queremos es ser el vecino tonto, el que siempre está pagando los dispendios de los demás, solidarios sí, todo lo que haga falta, pero ni un euro más allá. La ciudadanía catalana nunca ha salido a la calle cantando de manera desaforada un indecente “a por ellos”, nosotros no queremos que las fuerzas del orden vayan a por nadie, tan sólo a por los criminales, y si de paso encuentran alguno de los novecientos cargos del PP imputados por ladrones también queremos que vayan “a por ellos”, incluso a por ese “emepuntoRajoy” que todo un amplio equipo policial español no ha sabido encontrar. El independentismo catalán no odia a España, pero el Estado español ha hecho que muchos de los ciudadanos españoles odien todo lo que significa Catalunya. Y eso ha hecho que, en estos momentos Catalunya y España sean dos líneas paralelas de imposible conjunción.

Artículos del autor

Estos últimos días estamos asistiendo a diversas manifestaciones en las que la ciudadanía muestra con sus actitudes y protestas que ya está harta de caminar, como borregos aleccionados, por las veredas que marca el poder.
El ejercicio de la política debía ser el arte del dialogo, pero hay quienes lo entienden como un puro ejercicio del bastonazo y tente tieso contra el adversario, al que consideran más como un enemigo que como alguien con el que establecer cauces dialogantes para la solución de los problemas.
Hoy he decidido no escribir nada sobre Catalunya. He llegado a la conclusión que el tema del “procés” es utilizado por el Partido Popular, la “Brunete Mediática”, la “Brigada Aranzadi” y todos sus corifeos para llevar la atención de los españoles lejos de la mayor y más grande estafa de esta democracia secuestrada que se vive en España.
Lo menos que se le puede pedir a los políticos, es decir a los servidores públicos que pagamos con nuestros impuestos, es que no nos tomen por imbéciles, descerebrados, idiotas, ignorantes o desinformados, y que cuando acudan al Senado o al Parlamento no nos mientan para salirse de rositas.
Desde el pasado 21 de Diciembre el tiempo político en Catalunya transcurre rápido. El Partido Popular, con el PSOE i C’s como fieles acólitos, cuando descubrió que todos sus pronósticos contra Catalunya le iban fallando se envolvió en la bandera rojigualda y, escondido entre las páginas de la sacrosanta Constitución.
​Se cumple una semana de la mayor derrota que el Partido Popular ha sufrido en unas elecciones convocadas por ellos mismos.
Con el perfil del President Puigdemont termino esta serie empezada hace unos días, el próximo jueves los catalanes acudirán a los colegios electorales para dilucidar en unas elecciones anómalas quienes serán los políticos que tengan que dirigir la política de Catalunya.
Oriol Junqueras es el presidente de ERC, un partido que en sus ochenta años de existencia jamás ha tenido un solo caso de condena por corrupción entre sus dirigentes.
 
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