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Rafa Esteve-Casanova
Contar por no callar
Rafa Esteve-Casanova

Mientras estábamos preocupados estudiando cómo parar la destrucción del planeta nos hemos encontrado inmersos en un problema muy grave, que nunca, hasta ahora, habíamos conocido. Una pandemia ha llamado a la puerta y nos ha encontrado, como dicen por mi pueblo, “amb els pixats al ventre”, totalmente indefensos y sin preparar. La globalización nos ha hecho un triste regalo, y la muerte, triste caballo del Apocalipsis, está trotando en nuestro alrededor .

Las enfermedades no saben de pasaportes, el mundo es su territorio y lo recorren sembrando sangre, sudor y lágrimas hasta que alguien es capaz de pararlas. Ahora mismo el mundo se encuentra delante del desafío de conseguir parar este COVID 19, popularmente conocido como “coronavirus”, que ha llegado hasta aquí saltando de país en país por no haber tomado las medidas oportunas en el momento que había que hacerlo. Ahora todo son prisas, corridas, improvisaciones y sufrimientos.

Se dejaron celebrar actos multitudinarios como partidos de fútbol, manifestaciones y mitines políticos sin que nadie con cordura tuviese la valentía de suspender tanto evento multitudinario. En Valencia costó mucho aplazar la festividad valenciana más importante, las Fallas, había miedo a perder votos, y la medida, en principio, no fue bien recibida por algunos. Muchas veces pensamos que a nosotros nunca nos llegará, y las malas noticias siempre llegan cuando menos las esperas.

Y ya con centenares de muertos y miles de afectados por la enfermedad es cuando se han empezado a tomar medidas. Hasta el viernes pasado el Gobierno de España callaba y miraba hacia otro lugar, dando la impresión que se ahogaba en unas aguas que no conocía. Pedro Sánchez, el mismo viernes anunció que el día siguiente se aplicaría en todo el país el artículo 116 de la Constitución poniendo España bajo el estado de Alerta. Me recordó aquel “l’etat c’est moi” de Luis XIV, el Rey Sol francés. Quedan suspendidas las autonomías y todo el poder pasa a manos del Gobierno central, más centralista que nunca con este 155 disfrazado. mientras las playas de Gandía, Benidorm y Dénia iban llenándose de madrileños que abandonaban la capital del Estado para pasar unos días tranquilos en sus segundas residencias, lo mismo que hacían algunos barceloneses en la Cerdanya y otros madrileños en la Sierra. Nadie hizo caso del consejo de quedarse en casa para no esparcir la enfermedad, tampoco José María Aznar que con la familia huyó, con la familia, hacia Guadalmedina

El Gobierno decretó quince días de Alerta, que serán muchos más, con fuertes medidas para impedir la progresión geométrica del virus. Un poco tarde y, quel día. ninguna medida económica o social. Solo se puede salir de casa para hacer las cosas imprescindibles. Bares y restaurantes cerrados, con las peluquerías los políticos al mando de la crisis no tenían las ideas claras, primero si y después no. Y así ha ido todo, con la ayuda de una parte insolidaria de la ciudadanía que tomó al asalto los supermercados agotando las existencias de papel de water como si esta enfermedad fuera una inmensa diarrea. Y en un país como este, donde cada uno cree llevar un rey en su barriga, del rey hablaré otro día, muchos ciudadanos continúan sin entender que confinarse quiere decir quedarse encerrados en casa.

Cuando ya se superan los 11.000 infectados por el virus, y los muertos se acercan a los 500, un nuevo Consejo de Ministros ha anunciado una lluvia de millones, 200.000 millones de euros, para impedir y mitigar, en lo posible, la terrible crisis económica que se cierne sobre nosotros. Ayudas a las empresas mediante una linea de avales gubernamentales, ayudas a los autónomos, moratoria en el pago de las hipotecas, garantia de suministros de agua, gas y electricidad para los más vulnerables y hasta la promesa de que no habran desahucios mientras no se regularice la situación. Ahora tendremos que leer con precisión la letra pequeña de este decreto en el que se compromete el 20 % del PIB español para intentar salir adelante con el menor daño posible.

Y mientras Pedro Sanchez niega a Catalunya lo que acaba de autorizar a las Baleares, cerrar puertos y aeropuertos para detener la expansión del virus, desde Barcelona se está trabajando para conseguir, medicamente, un arma que pueda vencer al virus. Desde el Hospital Germans Trias Pujol y la Fundació per la Lluita contra la SIDA se ha inciado un estudio para lograr una vacuna contra el corinavirus o la fórmula que evite su propagación. Euronews se ha referido a él destacando que “Catalunya lanza un estudio innovador para detener el corinavirus”, destacando que el responsible es el conocido investigador Oriol Mitjà y su equipo. Tambien News24 y Time News se han hecho eco de la noticia.

La noria del miedo, en esta feria de la vida, se ha puesto en marcha por falta de confianza. Un presidente dubitativo, y un gabinete de crisis en el que hay más uniformados llenos de medallas que batas blancas de hospital, que cada hora van cambiando las medidas de protección, la única cosa que están haciendo se empujar esta noria ferial de el miedo a marchar más rápida y peligrosamente cada hora que pasa. Quiero que me dan confianza, no miedo.

Hagan caso, quédense en casa. Y ahora es cuando me pregunto por las medidas tomadas para que los sin techo puedan confinarse, ellos no tienen casa, ¿donde lo harán? 

Artículos del autor

Hace unas semanas Felipe VI de Borbón y Grecia, rey de España, acudió a Sevilla para presidir la entrega de unos premios otorgados por la Real Maestranza de Sevilla, y allá, rodeado de toreros, de los próceres de la entidad otorgante de los galardones y de la aristocracia de la intelectualidad taurina además de los dirigentes de la Junta de Andalucía tuvo la osadía de atreverse a calificar la fiesta de los toros como uno de los nexos de unión de la sociedad española.

La semana pasada, desde el Tribunal de Justicia de la Unión Europea con sede en Luxemburgo, llegó el primero de los bofetones que en los próximos años le llegaran al Tribunal Supremo español y, también a la Junta Electoral Central, por la mala praxis jurídica que han demostrado a la hora de juzgar a los presos políticos catalanes.

El pasado miércoles tuvo lugar en Barcelona la celebración de la Diada. Por la mañana partidos políticos y entidades sociales acudieron a depositar su homenaje floral a los pies de la estatua de Rafael de Casanova. Y por la tarde, como desde hace años, tuvo lugar la concentración convocada por la Assemblea Nacional de Catalunya, Estas concentraciones, desde 2012, reúnen miles de catalanes que, cada año, han ido expresando de manera pacífica i cívica sus deseos.

Ya hace cuatro meses que España está gobernada por un Gobierno en funciones. Nada nuevo bajo el Sol, ya pasó lo mismo hace tres años cuando Mariano Rajoy, elección tras elección no era capaz de conseguir un Gobierno que pudiera llevar adelante las necesidades del Estado español.

Mientras ardía la isla de Gran Canaria las primeras autoridades del Estado español estaban de vacaciones, coño, no los critiquen, tanto el Borbón Felipe VI como Pedro Sánchez han tenido un año muy movido, el primero, el Rey al que nadie ha votado, ha tenido que acudir, a regañadientes de su esposa, la consorte Leticia, a otra isla, la de Mallorca.

Contra lo que muchos puedan pensar no tengo nada contra España, es una nación a la que quiero llegar a adorar como mi vecina predilecta, es una parte de mi historia y de mi educación, mis primera lecturas fueron en su lengua, castellano o español, cada uno ponga el adjetivo que más le guste, me he enamorado diciendo un “te quiero” o con un “t’estime”, un “ I Iove” o un “je t’aime” y me he sentido, en los últimos tiempos, impelido a votar opciones independentistas ante el empuje, de la sinrazón nacionalista del españolismo excluyente que únicamente busca la sagrada unidad de una patria, la española, que hace años perdió su razón de ser.Y, una vez más, me encuentro, justo hace una semana, con un retraso en la historia de esa España, imperial en algunos momentos, y en otros excluyente en la que siempre han quedado fuera los perdedores de la guerra incivil iniciada por unos generales a los que tan sólo les interesaba pisotear los derechos civiles del pueblo español y la defensa a ultranza de los intereses de su clase social, la de los que siempre han ostentado el poder y han cortado el bacalao.

Son muchas las generaciones de españolitos que han sido educadas en el mismo, El lema franquista “una patria, una lengua, una espada”, o las pintadas “si eres español habla español” junto a la alquitranada foto de Su Excremencia en las fachadas de los años 40/50 vienen de lejos, durante mas de 300 años desde los poderes del Estado, especialmente desde la Corona de los Borbones, se ha venido atacando el uso de la lengua catalana, en todas sus variantes.Todo comenzó en 1714, con Felipe V y su Decreto de Nueva Planta.

Los Estados no permiten la menor discrepancia, y más si como en el caso del Estado español algunos de sus estamentos, pese al tiempo transcurrido, no han tenido la voluntad ni han sido capaces de olvidar los tics totalitarios en los que se han desenvuelto durante largos años de su historia. Si alguien se atreve a plantarles cara y desafiarles moverán cielos y tierra para hacer pagar muy caro al discrepante su osadía.

 
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