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Rafa Esteve-Casanova
Contar por no callar
Rafa Esteve-Casanova
Seguramente, con tal de salvarse, el actual rey desahuciará a su padre, le proporcionará un desahucio de oro, y Juan Carlos abandonará la órbita de Borbonland

Desde hace algunos meses las cosas parecen no andar demasiado bien por Borbonland. El CIS lleva tiempo sin atreverse a preguntar a los españoles la opinión que tienen sobre la Monarquía mientras en las encuestas en las que preguntan por la vieja institución restaurada por el dictador Franco ésta no tiene muy buen cartel. La ciudadanía considera que ya ha callado durante bastante tiempo e incluso la Vicealcaldesa de la ciudad de València, Sandra Gómez, militante del PSOE, tiene el valor de, en carta abierta, plantear que, tal vez, ha llegado la hora de preguntar, de manera oficial, al pueblo si prefiere una República, con la ventaja de poder cambiar al Jefe del Estado con los votos, o seguir con una Monarquía, donde la Jefatura del Estado la eligió en su día el expreso deseo de un sanguinario dictador, y se transmite de padres a hijos.

Y a la vista de que, cada día más, ya son muchos los españoles que vuelven la espalda a una institución obsoleta y antidemocrática basada en los lazos de sangre y no en los votos de los ciudadanos, desde los entresijos de Zarzuela se ha puesto en marcha la máquina de lavado para intentar mejorar y salvar la imagen de Felipe VI y su reina consorte, cada día más puesta en su papel de reina y no en el de ciudadana. El Tour Operator de Borbonland ha diseñado una vuelta a España, dentro del programa “Salvemos la Monarquía”, que, por el momento no parece estar teniendo mucho éxito. El pueblo no olvida que el Rey estuvo desaparecido durante semanas mientras hospitales y funerarias no daban abasto con enfermos y fallecidos. El lavado de cara comenzó en uno de los barrios urbanísticamente más deprimidos de Sevilla, el de las 3.000 viviendas, donde sus vecinos han de tardar veinte años de su vida, si es que tienen trabajo, a cobrar lo mismo que la hija mayor del rey cobrará en un año cuando cumpla los 18 años, nada más y nada menos que 100.000 euros anuales. Ese mismo día los reyes estrenaron un Mercedes que ha costado a los españoles la mísera cantidad de 550.000 euros, nada mejor para demostrar que se es uno más de los ciudadanos de Borbonland. Y mucho ojo si a alguien se le ocurre recibirles con banderas republicanas o los aires del Himno de Riego al son de dulzaina como hicieron en València donde, automáticamente, la policía, esa misma que en el madrileño barrio de Salamanca se hacía fotos con la enseña patria, les alejó del lugar e intentó retirar las banderas tricolor. Todo normal.

Justo cuando estamos a las puertas de una tremenda recesión económica y en plena lucha para evitar que la pandemia vuelva a reinar entre nosotros comienzan a aparecer noticias y filtraciones en la prensa donde se implica al rey Juan Carlos, Émerit I le bautiza, con gran acierto, el colega Iu Forn. Nada es casualidad, y en este caso además de la operación lavado de cara de la institución monárquica, ha comenzado, seguramente desde la misma Zarzuela, el acoso y derribo contra el continuador de Franco, Juan Carlos I, conocido como “el campechano”, al que con el paso del tiempo creo que le cuadra más el sobrenombre de “el depravado”. Matemos, metafóricamente, al padre para salvar al hijo.

Hasta ahora siempre que alguien hacia jaque al rey nunca se lograba llegar al mate. Como en el ajedrez el rey ante el jaque iba sacrificando piezas para evitar la caída. Durante muchos años la prensa afín callaba y a la no afín se la hacía callar, como se hacía callar, con la ayuda de la Justicia, a quienes como el rapero Valtonic se atrevían a denunciar mediante la rima y la solfa las verdades de una saga, los Borbones, que a lo largo de la historia nunca fueron un dechado de virtudes. Ahora una parte de la prensa escribe, aunque no lo parezca, al dictado de Zarzuela haciéndose eco de filtraciones interesadas. El escándalo ha salpicado tanto a la monarquía que hay que hacer lo que sea para salvar el trono y la institución, el PSOE que, junto con la derecha, callaba y negaba Comisiones parlamentarias para averiguar las trapisondas económicas del jubilado monarca durante sus años de reinado, ahora, por boca del Presidente del Gobierno, ya habla de revocar constitucionalmente la inviolabilidad del rey. Revocación que es un brindis al Sol, y Pedro Sánchez lo sabe, la parte más franquista de esta Constitución: Monarquía y Unidad de España entran dentro del “atado y bien atado” del sanguinario general. La mayoría necesaria para cambiar ciertos artículos nunca se conseguirá mientras la derecha española no se democratice.

Seguramente, con tal de salvarse, el actual rey desahuciará a su padre, le proporcionará un desahucio de oro, y Juan Carlos abandonará la órbita de Borbonland, seguramente camino de alguna isla caribeña donde, malas lenguas, dicen que ya le espera una amante, eso sí, las mismas malas lenguas, dicen que blanca, no de color. Y aquí paz y allá gloria, seguiremos igual, sota la egida de un rey que durante las horas más duras del COVID-19 estuvo desaparecido por los cómodos salones de su residencia. Seguiremos reclamando el derecho a decidir si queremos vivir en República o Monarquía. Seguiremos manteniendo una institución obsoleta, tanto como todas las monarquías europeas. Seguiremos como hasta ahora y, tal vez, dentro de veinte o treinta años la historia vuelva a repetirse, y, tal vez, se conozcan cosas y negocios del actual rey que durante años se han ocultado, porque la historia de los Borbones es repetitiva.


Artículos del autor

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Se han abierto los cielos y los políticos de Madrid han visto descender a la tierra, cual un nuevo paráclito la verdad. Algunos llevamos años denunciando la actuación irregular de una parte importante de la Guardia Civil y el Cuerpo Nacional de Policía.

Estamos viviendo un tiempo en el que no es nada extraño que el miedo se haga presente en las vidas de las gentes. Miedo al contagio, miedo a la muerte, y, especialmente, miedo a lo que vendrá, miedo a un futuro de horizontes negros, sombríos e inciertos.

Seguimos dando vueltas y vueltas en esa noria del pánico de la que les hablaba hace unos días en mi último artículo. Cada día que pasa el miedo es más grande, y cuando toda esta pesadilla hecha realidad acabe nada será igual.

Mientras estábamos preocupados estudiando cómo parar la destrucción del planeta nos hemos encontrado inmersos en un problema muy grave, que nunca, hasta ahora, habíamos conocido. Una pandemia ha llamado a la puerta y nos ha encontrado, como dicen por mi pueblo, “amb els pixats al ventre”, totalmente indefensos y sin preparar. La globalización nos ha hecho un triste regalo, y la muerte, triste caballo del Apocalipsis, está trotando en nuestro alrededor.

Hace unas semanas Felipe VI de Borbón y Grecia, rey de España, acudió a Sevilla para presidir la entrega de unos premios otorgados por la Real Maestranza de Sevilla, y allá, rodeado de toreros, de los próceres de la entidad otorgante de los galardones y de la aristocracia de la intelectualidad taurina además de los dirigentes de la Junta de Andalucía tuvo la osadía de atreverse a calificar la fiesta de los toros como uno de los nexos de unión de la sociedad española.

La semana pasada, desde el Tribunal de Justicia de la Unión Europea con sede en Luxemburgo, llegó el primero de los bofetones que en los próximos años le llegaran al Tribunal Supremo español y, también a la Junta Electoral Central, por la mala praxis jurídica que han demostrado a la hora de juzgar a los presos políticos catalanes.

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