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Pablo Manuel Millán
Pablo Manuel Millán Millán nació en 1979 en Porcuna, histórico pueblo andaluz de la provincia de Jaén. Arquitecto por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Sevilla, actualmente imparte docencia en esta institución y es miembro de su grupo de investigación ‘IN-GENTES’ (Investigación en Generación de Territorios - www.ingentes.es), en el que desarrolla la línea de intervención en patrimonio y ciudad.

Como corresponsal de la Agencia Documental de Arquitectura (www.scalae.net) divulga periódicamente noticias relacionadas con el mundo de la arquitectura y el urbanismo. Millán es además consultor de empresa privada sobre gestión patrimonial y urbanismo y ha desarrollado numerosas investigaciones acerca de los procesos de alteración de las ciudades históricas españolas y latinoamericanas.

Defensor a ultranza del patrimonio arqueológico y arquitectónico de su ciudad natal, forma parte del grupo ARQVIPO (www.obulco.org), grupo de investigadores del patrimonio de Porcuna, del que es responsable de la sección de arquitectura y urbanismo. Crítico de la configuración de la ciudad contemporánea y defensor de la idea de un nuevo modelo urbano, piensa que en la arquitectura sobran “ocurrencias” y falta sensatez y sentido común.

Twitter: @pablom_millan
Pablo Manuel Millán
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Arquitecturas de la nada
La importancia de una herencia anodina

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Hace escasos días conocíamos que el premio Príncipe de Asturias de las Artes recaerá en esta edición sobre el arquitecto Rafael Moneo. También se ha hecho pública recientemente la lista de seleccionados para los Premios FAD de Arquitectura e Interiorismo y se ha fallado el Premio Internacional de Arquitectura Javier Carvajal de la Universidad de Navarra, que en su primera edición ha distinguido al crítico Kenneth Frampton. Por su parte, la VIII Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo (BIAU) ha anunciado sus premiados…

Así podríamos seguir largo rato, relatando todo un mundo de reconocimientos en este círculo tan extendido de galardones y galardonados. Si bien estos últimos comparten todos el ejercicio de la arquitectura, cuán diferentes son los objetivos, premisas o discursos de cada uno de ellos.

Leyendo recientemente un artículo del citado profesor Frampton, titulado ‘Anti-tábula rasa’, el autor subrayaba la importancia de buscar los elementos propios y los valores identitarios para poder trascender la actual crisis, no tanto económica, pero sí de modernidad en la que el vigente panorama de la arquitectura anda sumergido. Discursos que a nadie importan y definiciones de costosas identidades han colonizado una disciplina que pretendía crear un ‘estilo’ propio al buscar en el funcionalismo y racionalismo lo que por los años 20 se denominó como ‘estilo internacional’.

Si bien es cierto que, como dice el recién laureado Premio Príncipe de Asturias de las Artes, el profesor Moneo, la arquitectura define una sociedad, cabe cuestionarse: ¿Qué sociedad está definiendo la arquitectura contemporánea? ¿Realmente definimos una sociedad con la arquitectura que producimos actualmente? La obra contemporánea ha de pasar de la búsqueda de un mundo de la experiencia en la arquitectura, a un ‘regionalismo crítico’ que valore la importancia del lugar, de la cultura, del contexto propio de cada ámbito. "Tratar la arquitectura como arte, como esculturas gigantescas; eso reduce la arquitectura a la fachada de los edificios", subrayaba el profesor Frampton en una entrevista reciente.

Estas arquitecturas que se plantean con 'fecha de caducidad' no son más que el fiel reflejo de una contemporaneidad caduca y encerrada en sí misma, que fiel a una 'escuela cirenaica' se ha quedado ensimismada. Cuando la disciplina pasa por un momento de redefinición y de búsqueda de patrones, con un innumerable equipo humano de jóvenes arquitectos en paro o sobreviviendo dedicados a otros ejercicios, nos asalta la duda de si todos estos galardones no son imagen en el espejo de algo efímero, muy distante de la realidad.

¿Qué reconocimiento otorgan estos premios? Creo que es una evidencia: lo dispar, lo anecdótico frente a una realidad que no queda definida. Ante los crecimientos desmesurados y deshumanizados de nuestras ciudades, resultado de fastuosos procesos especulativos, estas obras premiadas simplemente son arquitecturas que no identifican a una sociedad, son en sí mismas arquitecturas de la nada. 
miércoles, 23 de mayo de 2012.
 
Silencio tras la pérdida
Recordando a Luis Mansilla, Solá-Morales y Rodríguez-Pastrana

arquitectura, Silencio tras la pérdida,



Llevamos una semana convulsa en el mundo de la arquitectura. A escala internacional por el nuevo premio Pritzker Wang Shu, un claro intento de incorporar al gigante asiático al mercado de la arquitectura occidental. Y a escala nacional, con las tristes pérdidas de Manuel de Solá-Morales, José María Rodríguez-Pastrana y Luis Moreno Mansilla. Todos ellos dejan una trayectoria rota a mitad, un viaje a medio camino, un ‘empezar’ sin un ‘terminar’.

Solá-Morales, el responsable de la titánica tarea de abrir Barcelona al mar. Suyo es el sello del Moll de la Fusta. Con posterioridad, de su estudio salió el que en su momento fue bautizado con cariño como el rascacielos más bajo del mundo, L'Illa Diagonal, uno de los centros comerciales mejor integrados a la trama urbana de Barcelona. Más recientemente ha dejado su personal firma en el proyecto de reforma del antiguo recinto militar de Sant Andreu. Rodríguez-Pastrana, autor de numerosas obras premiadas internacionalmente que han abierto las islas al panorama de la arquitectura contemporánea. Podríamos extraer la Presidencia del Gobierno de Canarias en Tenerife, el Espacio Cultural El Tanque o Magma Arte & Congresos. Y Luis Moreno Mansilla, del que como merecido homenaje, reproducimos un extracto de una entrevista realizada en 2007. A estos compañeros que, como diría Campo Baeza, supieron pensar con las manos, nuestro más profundo agradecimiento.

“Hemos asistido a una transformación muy importante de los valores clásicos de la arquitectura. La composición, la idea de una sociedad diferente, el lenguaje ya no son objeto de interés para los arquitectos. Hemos visto que hay otros intereses. Hace veinte años en las universidades americanas se hablaba solamente de lenguaje en la final jury. Este semestre hemos estado en la Universidad de Harvard y hemos notado como la palabra, elemento tan importante, ha desaparecido completamente mientras que nuevos elementos de análisis como la capacidad expresiva de los materiales o las nuevas formas de observación de los materiales, se han convertido en los vehículos de una nueva capacidad expresiva y en actores muy importantes de la arquitectura. Hay proyectos que parten de esto. También en la conferencia de Perrault hemos visto cómo se puede pensar desde este punto de vista.

Cada proyecto comienza desde lo inexplorado y resulta fascinante. Nosotros trabajamos sobre diferentes planos con muchos significados e intereses: los que pueden ser combinados juntos son aceptados y los que presentan en cambio contrariedades son seleccionados pero son igualmente tomados en consideración. Parece un ejercicio de masoquismo pero creo que es importante centrarse en algunos elementos que se convierten en importantes. Dentro de esta rigidez existe una libertad enorme. Como en el juego del ajedrez, en el que hay reglas precisas pero las partidas son infinitas. Yo, junto con mi colega Emilio Tuñón y junto con nuestros colaboradores, formamos un grupo de trabajo y con estas reglas existe espacio para la creatividad de todos. Las reglas son importantes no para el buen éxito de un equipo de trabajo: establecen lo que se no puede hacer, por tanto, lo que se puede hacer es de una libertad absoluta.

He escrito un texto cuyo título es "Después del espacio" en el que escribo cómo el espacio ya no es el protagonista de la arquitectura. Se está produciendo una especie de primitivismo: se convierten en importantes las cosas que nos rodean, que se pueden sentir y tocar, antes que las ideas al principio de la arquitectura. En nuestros primeros proyectos es muy fuerte el sentido de los materiales pero, con el transcurso del tiempo, nos hemos concentrado en la búsqueda de la libertad dentro de la disciplina para comunicar la sensación de la diversidad de las cosas. Basta con ver el Museo de Zamora: nada puede ser modificado, como en una máquina. Lo que puede ser diferente puede ser cambiado, y lo que puede ser cambiado puede ser usado.

Dice un filósofo: "El deber del alumno es alejarse del maestro pero el deber del maestro es engañarle". De la experiencia en el estudio de Moneo hemos entendido lo importante que es la honestidad y la coherencia. Más allá del estilo, hemos comprendido que en las obras de arquitectura existen obsesiones personales, necesidades públicas, problemas de construcción y de geometría, por lo que es importante conciliar todos estos elementos de forma coherente. En la coherencia nace la arquitectura. Por esto nos gusta Mies van der Rohe y al mismo tiempo Le Corbusier y las iglesias románicas, en estas obras podemos ver la compactabilidad, la unidad y la armonía que constantemente son las finalidades de nuestra búsqueda. El verdadero problema del hecho de hacer arquitectura no es no tener ideas, sino emplear el tiempo en sacar elementos de un proyecto”.
jueves, 1 de marzo de 2012.
 
Apología a Pallasmaa
Cuando es el photoshop el que diseña la imagen de la ciudad

paris


Durante una conferencia de Alvar Aalto le preguntaron al reconocido arquitecto finlandés por el origen de su ‘Villa Mairea’ desde un punto de vista conceptual y formal, a lo que él contestó: ‘He intentado evitar un ritmo arquitectónico artificial’.

¿Qué puede significar eso? Creo que hoy lo tenemos más claro que nunca. Viendo en lo artificial todo ritmo lineal, son muchos los ejemplos de este proceso de ‘engorde’, de masificación, de complejidad… Redes sociales, realidad aumentada, ciudades red o ciber-topografías son algunos de los conceptos/realidades más usados actualmente en el campo del urbanismo y del espacio público. Es cierto que la sociedad tiende a volverse compleja exponencialmente y que, por ende, la arquitectura -y el urbanismo como reflejo de ésta- también lo hace, pero habrá que buscar alternativas, sobre todo en el actual contexto económico y social.

Cuando E. Morín, en su Ciencia de la Complejidad parte de un concepto de complejidad desde lo colectivo, lo social, acierta al decir que ésta es la que marca los ritmos y las necesidades. Sin entrar en reduccionismos, quizá estemos avanzando en términos de complejidad e imagen mientras la sociedad nos demanda simplificación y honestidad en los discursos.

La imagen está siendo el paradigma en la concepción de la mayor parte de la arquitectura contemporánea, imagen que subyuga todo el proyecto y, lo que es peor, toda la sociedad que allí se dé cita. La arquitectura de la imagen ha sabido proyectar para una sociedad que se ha preocupado exclusivamente de eso y ha denostado cualquier alteridad que pasara por el discurso y la razón. Las revistas, que tanto han ido aportando a lo largo de la historia de la arquitectura, están abriendo sus páginas a propuestas desarrolladas desde operaciones de imagen y marketing. Esto es lo que obliga a retocar, rediseñar, redibujar la obra terminada para que tenga cierto parecido con la imagen proyectada… Siempre cuestión de imagen.

El sesgo hedonista de la arquitectura contemporánea se agrava cuando ésta pierde cualquier vínculo social para aliarse unilateralmente con un resultado imaginado, que posteriormente es justificado desde discursos ajenos a cualquier realidad. Ante la necesidad de una sencillez de discursos y conceptos de vida sobran voceros de la complejidad que busquen la razón de sus discursos en retóricas pixeladas y sin fondo.

Ahora, cuando el discurso de lo social está tan presente entre sindicatos y pregoneros del Apocalipsis, habría que plantearse qué hay de fondo en todos esos proyectos admirados, aplaudidos o retwitteados que no sea más que una imagen plana. Como dice J. Pallasmaa, corremos el riesgo de convertirnos en voyeurs obsesionados con la visualidad, ciegos no sólo ante la realidad social de la arquitectura, sino también ante sus realidades funcionales, económicas y tecnológicas, precisamente aquellas que determinan de modo ineludible el diseño de edificios y ciudades. Exijamos, demandemos y reivindiquemos que el diseño arquitectónico, no menos que la escritura y la crítica, asuman la necesidad de la responsabilidad cívica que la sociedad le ha conferido, ahora más que nunca.

miércoles, 22 de febrero de 2012.
 
 
No tendríamos excusa
La necesidad del desarrollo de nuevas políticas urbanas
miércoles, 15 de febrero de 2012.
 
Arquitecturas para la austeridad
El reto de proyectar y planificar las ciudades en un contexto de crisis
domingo, 29 de enero de 2012.
 
Arquitectos y economistas
Cuando la arquitectura es a la ciudad lo que los economistas a la crisis
lunes, 23 de enero de 2012.
 
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