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Necesitamos que vuelvan las sombras de la tranquilidad aunque no sepamos exactamente lo que hay detrás, lo que hay afuera

Necesitamos que vuelvan las sombras de la tranquilidad aunque no sepamos exactamente lo que hay detrás, lo que hay afuera.

No sé si les ha sucedido, en esta realidad o ficción macabra que nos toca vivir, que hayan sentido que no es real la experiencia que estamos viviendo, no es cierto este cruel confinamiento, no es verdadera la muerte de tantas personas que antes nos rodeaban en nuestra misma ciudad, provincia, país, continente o tierra.

Si dudas un poco, o te alarmas una pizca, enseguida, quienes pudieran estar atrapados en el mito de la caverna se lanzan a ti, sin creer lo que un posible conocimiento haya descubierto al salir a la calle, o al mirar al sol de frente.

El segundo día de salir a aplaudir a los trabajadores valientes que se dejan la piel y la vida por la ciencia y los demás, me ocurrió que un joven me increpó desde la calle. Él entendía que lo que nos rodeaba era mentira, ni el tabaco mata, decía, ni tú debes aplaudir en el balcón, ni nadie debe recluirse… eso explica el número de gente multada y detenida por estar a la intemperie, incrédulos al daño que la nueva realidad nos trae. Ni más ni menos que una nueva caverna socrática.

Seguí aplaudiendo sin hacerle demasiado caso, él me insultó y yo lo vi enseguida en una hipotética caverna iluminada de discrepancias, aunque en realidad pensaba que era el joven el que no quería salir de ella, de una caverna muy diferente a la de Platón.

Recuerdo a mi profesor de filosofía de bachillerato explicándome ese mito, y yo joven estudiante, sin entenderlo del todo. Ahora se me representó con claridad en la calle el profesor tan querido, y junto a él, un maestro, un político, un miedoso, un violento, un solidario, una víctima, la que se deja llevar por lo que aprecian solo sus sentidos, o quien descubre, no una realidad escondida, sino varias. Serían nuevas realidades unidas al pasado o al presente de ayer que apenas es pasado, pero que nos golpea la memoria.

¿Quién nos dice que lo que teníamos antes no era falso? ¿Quién nos asegura que volveremos a esa realidad, a nuestra realidad de la caverna antigua o nueva de hace unos pocos días, en la que muchos estábamos aparentemente tranquilos con lo que el mundo y la sociedad nos ofrecía?

Necesitamos nuestro mundo de sombras, de sombras chinas o de cualquier nacionalidad, revividas por el fuego de distintas hogueras que nos impidan ver otras realidades. Necesitamos que vuelvan las sombras de la tranquilidad aunque no sepamos exactamente lo que hay detrás, lo que hay afuera. No importa demasiado si los jabalíes, los corzos, las palomas, los árboles y los jilgueros se han hecho de repente los dueños del mundo y crecen, corren y vuelan a sus anchas. Es como si el mundo se lo hubiéramos donado a ellos que lo pueden disfrutar sin la supervisión a veces maligna o malograda del hombre. Nosotros ya tuvimos nuestra propia caverna, nuestra oportunidad, ahora la tienen ellos. Quizá podamos ver una nueva realidad, una nueva caverna. Seguiremos mirando por el balcón, por una nueva cueva.

Artículos del autor

Tenemos la sensación de que nada es real, y que aunque así fuera, mañana habrá mil detalles que nos harán ver que los días de encierro son distintos e irreales.

Desde hace dos o tres décadas recuerdo celebrar lo femenino y lo feminista con gusto. Al principio más lo femenino y últimamente más lo feminista, de tal forma que este cambio ha estado motivado porque el tiempo de celebración sobre el hecho de ser mujer ha evolucionado bastante.

¿Dónde resguardarse de la opinión del vecino, del rival, del país ofensivo o democrático, del equipo contrario, del partido contrario, de las personas contrarias que las hay para hacerte todo el daño posible con tus secretos y sus secretos?A veces, hay informaciones que te descolocan, imposible que sean ciertas, ni siquiera de la ficción hay posibilidad de extraer detalles tan ignominiosos como los que te cuentan.

Un mal día el de ayer, uno más, reivindicando ayuda e investigación en su Día Mundial para erradicar una enfermedad que a todos nos cuesta pronunciar, pero que está ahí desorganizándolo todo. Me dicen que a una mujer de cada tres y a un hombre de cada dos, nos tocará padecerla.

Podríamos seguir repasando ese abecedario hasta conseguir completar con sus letras ordenadas los más de ochenta poemas de las páginas del libro, para encontrarse siempre en un amor escondido y proclamado, como la magia del poema Licor de guindas, como el amor del bueno que expone entre sus versos.

Hasta san Antón, Pascuas son, dice el refrán, el diecisiete de enero, y precisamente hasta esa fecha celebra el mundo de Este la Navidad Rusa que comenzó ayer, siete de enero. Para ellos, el veinticinco de diciembre es laborable. Y nosotros recibimos regalos de Papá Noel. Sin embargo, mientras guardamos figuritas del Belén y adornos del árbol, es cuando ellos celebran la cena de Navidad, tras estar semanas sin comer carne, en ayuno pascual.

Se compra autor en Navidad, se vende lector, se compra o vende libro para envolverlo en aires de misterio y literalidad.

Vamos hacia la Navidad, irremediablemente, satisfechos de llegar a ella aunque nos falten varias personas. Somos los que somos en esta fiesta comercial-solidaria, olvidadamente religiosa, donde aún triunfan los belenes y los árboles verdaderos plantados o arrancados, se siguen adornando con tradiciones.

Todos conocemos algún coro infantil cercano, yo destacaría dos buenos coros infantiles, de los que lanzan tremendamente bien los agudos al público.

 
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