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Nieves Fernández
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Son los viejos instantes, las pérdidas, las ausencias y las certezas de que el hombre está solo

En la primera parte de su libro, Teresa se siente aprendiz de poeta, es en donde se define con poco equipaje. No es así el de los versos dedicados a su retrato de infancia, es más extenso y es donde la ternura de amor de pan y azúcar se mezclan con los juegos infantiles. El amor a su madre se combina con el correr de los años: (…)/ Veré en el espejo tu primigenia imagen/ que será de nuevo dorado albor/ en esas horas de mí hoy sin ti;/ extraño viaje / (…)

Teresa se nos presenta un poco rebelde en lo de aceptar el tiempo, quiere dar la vuelta al mundo para así cogerlo, que no sólo sea recuerdo. Nos lleva de viaje a la luna que cuenta silencios, se lleva los arcoíris, y se fija en los eclipses persiguiendo sueños.

En la segunda parte nos habla de la sed del amor, y de nuevo los viajes se hacen latentes. En la tercera parte se acompaña de una cita de Antonio Machado referida a lo que dejamos en las calles conocidas y viejas en nuestra vida, cuando en realidad es nuestro tiempo el que dejamos. Son los viejos instantes, las pérdidas, las ausencias y las certezas de que el hombre está solo. Si acaso los silencios son los que le acompañan: En su vieja maleta ya no cabían/ más distancias ni silencios.

Queda la añoranza y convocar al tiempo, sin olvidar la orfandad que nos queda de los días eternos. Cada una de las tres partes están ilustradas por Almudena Becerra, profesora y licenciada en Bellas Artes, aparte de ser su hija.

La bella portada del atardecer, el firmamento de estrellas, la planta de calas y hojas y el precioso edificio del Mercado de Valencia son muestra de su buen hacer. Almudena tiene varios premios y exposiciones colectivas e individuales, ganó un premio de pintura que le sirvió para felicitar las fiestas en su pueblo, basado en la Fuente El Lorencete, además ha participado en el curso “Maestros de la figuración” con su paisano Antonio López.

Quisieron estar con Teresa, con Almudena y conmigo cuatro poetas, vinieron con sus propias maletas cargadas con pequeñas sorpresas, entendieron a la perfección la performance.

Vino Charo Bernal pisando de puntillas y reflejándose en los colores más didácticos de celeste y violeta, regalando la luna en su maleta.

Vino José Manuel Serrano cargado con su libro y sus cinco rosas, ¡casualidades!, dentro de su maleta había una flor y un libro con poemas anarquistas secretos. Vino Diego Farto con su saudade gallega y todo el gran universo en la maleta para iluminarnos. Y vino Eusebio Loro, el pintor-poeta, con su muro cervantino del Silo almagreño y otros murales espectaculares elaborados con pincel y silencios.

Después disfrutamos de una, ésa sí, ligera cena pero muy amigable, recordando los poemas de Teresa alrededor de las mandrágoras y enredaderas. Lean el libro.

Artículos del autor

Te fuiste con tu bagaje interior arcano/ un libro inédito bajo el brazo… Los versos pertenecen al libro Ligera de equipaje. Su autora, Teresa Lozano viene a Ciudad Real, desde Tomelloso, donde el libro ha tenido gran éxito de lectura y público y viaja hasta la capital con su libro inédito. Viene del lugar de la Mancha donde la poesía hace historia en autores como Félix Grande, Eladio Cabañero o Natividad Cepeda, y donde hay otros autores que vienen empujando, como Teresa.

Me permito recordar algunos versos de Félix Grande relacionados con los viajes: Oh madre alucinada, o madre medio loca, princesilla / del martirio, emperatriz del pánico, sacerdotisa / de la calamidad, hormiguita cargada con la piedra / del miedo universal del mundo.

¿Quién dijo que la revolución de ideas la hiciera Don Quijote en La Mancha con sus ganas de organizar tiempos, vida y linaje? ¿Quién osó modificar la vida del escudero Sancho sino las mujeres que en su casa habitaban, (Teresa y Sanchica), y que ponían sus condiciones a distancia, mientras la pareja se aventuraba? ¿Quién era Don Quijote sin su sin par Dulcinea?

No todos los servicios a prestar o trabajos se pueden considerar iguales, lógicamente. No es lo mismo dedicarse a repartir ocio que a satisfacer necesidades vitales. No es lo mismo tener una panadería que un estanco. Ambos son comercios, ambos probablemente con un mismo horario. El pan tradicionalmente tan necesario, tan sano y nutritivo él, al margen de las consabidas intolerancias; el tabaco tan necesario y tan prohibitivo él, como adicción permitida por las instituciones y con red de ventas en todas las poblaciones, aunque al mismo tiempo con publicidad persuasiva y de doble moral, pues te avisa en la cajetilla de que su uso es criminal.

Mucho se habla en teoría de lo público y denostado, y de lo privado, cercano a la excelencia, a lo bien hecho y no masificado. Es como si lo público fueran migajas del estado de bienestar que nadie se atreve a recoger del suelo, todos exigen y de ellas se alimentan.

El cielo de Londres nos recibe entre gris y pardo, lógico en tierras de dudas de futuro, el horizonte se pinta gris entre los aviones del aeropuerto, unas gotas minúsculas nos caen en la espalda, pero enseguida los techos acogedores nos protegen, al tiempo que las prisas se meten en nuestra piel, ahora con maletas, y después con trenes, tranvías, metros, taxis...

Un amigo invisible que se hizo amiga visible tras la Navidad, a modo de juego y misterio, me regala un libro muy visible. Lo es porque está lleno de poemas y sugerencias en viejos sobres de correspondencia de las cartas de una autora, de las primeras mujeres que osaron llamarse poetas en el mundo.

Había una vez un editor que no sabía que lo era, pues se había preparado con licenciaturas de arte y otras disciplinas de imagen.

Cuentan algunos paleontólogos y paleontólogas de ahora que en la prehistoria, la mujer hacía casi todo como el hombre: cazar, pescar, cultivar, decorar y pintar las cuevas, hacer fuego, rendir culto en plan chamán, tallar pequeñas armas.

 
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