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Miguel Massanet
Hablemos sin tapujos
Miguel Massanet
“El arte de gobernar es la organización de la idolatría” G.B.Shaw

Europa, una de las civilizaciones más antiguas de la Tierra, tiene una cierta tendencia a mirar por encima del hombro al resto de las naciones de los otros continentes de nuestro planeta. Es cierto que no ha sabido digerir el hecho cierto de que, algunos de los países en los que tuvo una importante influencia formando parte de quienes participaron en su creación y civilización, como ocurre con los de la América latina, la Portuguesa o los países del norte del continente americano, tales como Canadá, México o los EE.UU., todos ellos incluidos entre los que tienen historias de colonialismo por parte de ingleses, españoles, franceses y portugueses, por ser los primeros europeos que desembarcaron en aquellas latitudes y que tomaron bajo su protección a los pueblos indígenas que habitaban aquellas tierras desde tiempos inmemoriales, a los que les inculcaron los conocimientos, las religiones y las culturas de aquellas naciones europeas de donde procedían, en ocasiones por la fuerza, con maneras brutales y a sangre y fuego.


Europa y España, en especial, supieron aprovecharse de aquellos descubrimientos, no tanto como lugares a los que se llegaba para colaborar en la mejora de sus vidas y trasmitirles los avances de la civilización europea, sino como usurpadores y ladrones experimentados, bien armados, disciplinados, con mesnadas de soldados “de fortuna” que actuaban sin contemplaciones y dispuestos a desvalijar a aquellos pueblos de indígenas incapaces de defenderse ante aquellos seres que llegaban de allende los mares a los que, muchos de ellos, consideraban como dioses cuando los veían montados a caballo, una bestia que no conocían en aquellos países americanos. Les habían prometido en España que allí iban a encontrar un paraíso de riquezas y, cuando llegaron a aquellas ignotas tierras, pensaron que tenían patente de corso para arramblar con todo lo que se pudieran apoderar aunque, para ello, tuvieran que matar, torturar o esclavizar a cualquiera que habitase aquellas tierras. Han pasado muchos siglos y, los descendientes de aquellos indígenas a los que privamos de sus libertades y sus dioses, especialmente en el caso de los habitantes de las regiones del norte del continente americano, han evolucionado tanto, se han desarrollado económicamente e industrialmente con tanta eficacia y han sido capaces de explotar la inteligencia de sus ciudadanos con tanta eficiencia, proporcionándoles los medios e instrumentos para desarrollarse intelectualmente, que han sido capaces de proporcionarse sistemas de gobierno democráticos, con los que han conseguido superar a la vieja Europa, entregada durante muchos siglos a las monarquías absolutistas que, a su vez, como reacción a sus abusos, fueron desplazadas por cruentas revoluciones populares, como la francesa o, posteriormente la soviética que, a su vez dieron lugar a grandes cambios sociales y económicos, capaces de afectar a los sistemas de gobierno de naciones, como Francia, Alemania y Rusia, donde se establecieron gobiernos autoritarios y dictatoriales que fueron la simiente de las dos grandes guerras que tuvieron lugar en una Europa, dividida en dos grandes bloques enfrentados entre sí, en las que murieron millones de personas, tanto en las trincheras como entre la población civil, a causa de la nuevas armas mortíferas que, ambas partes utilizaron sin el menor miramiento y que culminaron con la gran masacre de las bombas atómicas sobre Irosima y Nagasaki, las dos ciudades japonesas arrasadas completamente por la violencia atómica.


Hemos querido exponer este preámbulo para justificar o, al menos intentarlo, esta postura de superioridad, muy a la inglesa, que Europa siempre se ha atribuido, respecto a lo que ha considerado sus “colonias”, aunque ya hace muchos años que se independizaron de aquellas naciones que las tuvieron colonizadas. Es evidente que, todos los críticos que han despreciado el sistema de gobierno de los norteamericanos, su pretendida ingenuidad política, sus maneras informales y su (se trata de una creencia muy extendida, entre los europeos, el atribuir a los norteamericanos una falta de cultura respecto a temas europeos) despreocupación por temas de países que están situados a muchos miles de kilómetros de sus fronteras, lo han hecho desde la óptica de que, los americanos, estarían obligados a conocer nuestras particularidades y culturas como si fueran europeos. Nadie se ha planteado la hipótesis de lo que sucedería si, a cualquiera de nosotros, se nos hablara sobre alguna ciudad de Texas o de Dallas y de sus posibles problemas con sus ciudadanos o se nos preguntase por los políticos de aquella nación que fueron famosos en sus tiempos dentro de la ciudadanía americana. Veríamos que, el grado de nuestra ignorancia al respecto, no diferiría demasiado del que, un ciudadano estadounidense, tendría respecto a los recientes sucesos de Barcelona.


El denostado señor Trump – resulta especialmente repugnante la forma en la, algún medio de la prensa española se ensaña con él y su familia, como es el caso de varios columnistas de La Vanguardia que, cada día, llenan dos o tres páginas, como mínimo, de artículos dedicados a desautorizar cualquiera que fueren sus decisiones- ha sido un señor que ha ganado por la mayoría suficiente de los votos populares, y con la oposición de parte de los miembros de su partido, unas elecciones particularmente reñidas en las que, aunque nadie hubiera apostado por él, supo darles la confianza a una mayoría de americanos para que apostasen por él, como presidente de la gran nación norteamericana. En Europa no lo han aceptado y, en España, los políticos, especialmente de la izquierda, como suelen hacer siempre que, en algún lugar del mundo, gana la derecha, se rasgaron las vestiduras, trataron al electo de tonto, imbécil, incapaz y todos los calificativos negativos que se quieran añadir, pronosticándoles que no iba a durar más que unos pocos meses en el poder. Los demócratas no han parado de buscarle errores, historias de su vida privada, relaciones con los rusos y affaires amorosos como si ellos no hubieran tenido a alguno de sus presidentes de los que avergonzarse, como fue el caso del mujeriego Clinton y la becaria que escondía debajo de su mesa de escritorio para que le alegrara la jornada.


Pero Trump no era tan tonto como lo han querido pintar ya que, en realidad, ha sido un empresario de éxito que se ha labrado una saneada fortuna; una persona que ha sabido captar el voto de todos los descontentos de la etapa anodina y decepcionante del señor Obama y que, hasta ahora, ha sido uno de los pocos presidentes que ha ido cumpliendo todas las promesas, hablo de aquellas a las que la oposición, los tribunales, los fiscales y todos aquellos, incluso miembros de su propio partido, han impedido que llevase a cabo. Un luchador infatigable y con más recursos de los que sus enemigos políticos pensaban que tuviese, ha puesto en su sitio al dictador de Corea del Norte, Kim-Jong-Un; se ha enfrentado con los mandatarios Chinos mandando la escuadra americana a los mares de China y de Corea; ha puesto límites al acuerdo absurdo de Obama con el régimen cubano de los Castros, impidiendo que la apertura que beneficiaba a los mandatarios totalitarios de Cuba, desde el punto de vista de la propaganda de su régimen y que, a cambio, los americanos no sacaban nada positivo que pudiera justificar darles un respiro a los Castro, cuando las promesas de un cambio democrático en la isla no se produjeron en ningún momento.


La reunión programada con el dictador norcoreano para dentro de un mes ha sido, sin duda, un acierto que, a desgana se le ha tenido que reconocer como un punto a su favor y, si de esta reunión saliera una posible paz o armisticio entre las dos Coreas, es evidente que recibiría un importante espaldarazo en lo que respetara a la política exterior de los EE.UU. La doctrina de Monroe, fue elaborada por John Quincy Adams, en el año 1823, aunque fue atribuida a aquel presidente, hablaba sobre el aislacionismo de Norteamérica, quedando expresada en aquella famosa frase que tan popular se hizo: “América para los americanos”; ha sido ahora recobrada por Donald Trump, después de que, los EE.UU, hayan sido para Europa, durante todo el Siglo XX y la parte del XXI que ha transcurrido quienes han actuado de amigo y apoyo para las naciones europeas. Tanto en la Guerra mundial del año 1914 como en la segunda de 1939, iniciadas ambas entre naciones europeas, fin ¿Quién es capaz de criticar al presidente Trump el querer evitar que, los soldados americanos, vayan a morir en todas las partes del mundo en las que se produzcan conflictos, mientras en Europa se regatean las participaciones de sus soldados cuando, en la mayoría de casos, sus aportaciones militares, cuando no les queda más remedio, se limitan a ayudas de carácter casi testimonial? Realmente hubieran fracasado si el bloque aliado no hubiera recibido la ayuda de los soldados americanos.


En las guerras que han tenido lugar en las naciones de Oriente Medio, tanto en Siria como en Irak, han sido las fuerzas americanas las que, en representación y apoyo de la UE, han sido las que han aportado el peso de la guerra que han compartido, en esta ocasión y por distintos motivos, con las fuerzas rusas que acudieron en ayuda de Basar- Al-Assad, un dictador que ha salvado una situación extremadamente adversa a sus intereses gracias a que, los talibanes intervinieron en la guerra que sostenía con miembros de la oposición de su propio país. Trump quiere que Europa asuma su propia defensa por sus propios medios ¿Se le puede reprochar que quiera evitar que los soldados americanos vengan a morir para defender a unos europeos que prefieren no enviar a los suyos a luchar? Trump, cumpliendo otra de sus promesas electorales- ¡ya quisiéramos los españoles de derechas que Rajoy hubiera cumplido las suyas!- ha decidido que, el acuerdo respecto al desarrollo nuclear de Irán, que firmó el señor Obama (el rey de las cesiones a los enemigos de los norteamericanos), les creaba importante problemas a los americanos y que, las denuncias que Arabia Saudí y Netanyahu, respecto a determinadas armas atómicas relacionadas con dicho programa nuclear significaban, de hecho, un incumplimiento del acuerdo vigente por parte de Irán y, por ello, ha tomado la decisión de darlo por extinguido, un acto que ha requerido mucho valor, teniendo en cuenta las consecuencias que pueden tener para otros países occidentales del grupo de sus aliados. Sin embargo, ha recibido el aplauso de Israel, de Arabia Saudí y de los Emiratos árabes, tres importante aliados en un sector del mundo donde se están produciendo delicados enfrentamientos que amenazan la estabilidad del mundo y, en especial, de la zona europea.


No nos olvidemos de que, desde el punto de vista de los EE.UU, no los confundamos con los de los países europeos que, seguramente, serán los más perjudicados por esta ruptura si no consiguen que Irán acepte mantener el acuerdo con ellos aunque quedase fuera de él el estado americano. El que Irán deba disminuir su producción de petróleo (es el tercer mayor productor de petróleo del mundo) no le afecta en absoluto, porque los americanos del norte tiene más que garantizado el autoconsumo, debido a sus nuevas técnicas para obtener petróleo de pozos que, hasta hace poco, se consideraban improductivos. Las últimas noticias al respecto avanzan que, gracias a sus nuevas técnicas, en los EE.UU la producción de petróleo alcanza el record de 11,86 millones de barriles diarios, lo que garantiza la independencia energética de toda la nación americana. Seguramente tendremos que escuchar diatribas y extensas catilinarias en contra del señor Trump, como las que se han venido produciendo desde el día en que fue nombrado presidente de la gran nación americana. No obstante, todos los que hace más de un año lo vienen dando por muerto políticamente, han tenido que aceptar que tiene la piel muy dura en la que es difícil hincarle el diente.


O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, creemos que Europa debiera aprender la lección de que, el depender de una aliado fiel pero que se ha dado cuenta de que se llevaba la peor parte en sus relaciones con el viejo continente, no es algo que pueda durar para siempre y que, en virtud de esta premisa, es preciso espabilarse y crear una defensa propia para evitar quedar al abur de cualquier ataque de los enemigos que nos pudieran llegar del Este, sin descartar las quintas columnas que ya pueden estar maquinando maldades desde el interior de nuestros países.

Artículos del autor

​Tarde o temprano tenía que ocurrir; presentíamos que el tema del señor Jordi Pujol no estaba liquidado y que todo lo que se les ha venido achacando por la fiscalía no se han limitado a uno o dos miembros de su prolija familia.
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​No estamos muy seguros de que la derrota que se anuncia de la banda terrorista ETA, sea tan completa como se anuncia. Es más, tenemos la impresión de que, los terroristas asesinos de la banda independentista, no han salido tan trasquilados como aparentemente parece.
​La verdad sobre la democracia española solo es una: respeto a la Constitución y al Estado de derecho de la nación española, de acuerdo con la voluntad de todo el pueblo, expresada a través de las urnas.
​Una idea nueva siempre es de agradecer y si esta idea surge de una persona que ha acreditado su capacidad como alcalde en la vecina nación francesa, que ha sido primer ministro de la nación francesa y que acumula una larga historia política.
Se pretende mantener vivo el espíritu reivindicativo de las mujeres que ahora parece que se centra en alcanzar en mayor número los altos puestos de responsabilidad.
​Desde que “la modernidad” decidió, por medio de leyes, que el menor debía de ser protegido de una forma especial, al parecer y principalmente “contra sus propios progenitores”, todo en base a una serie de casos en los que se habían producido maltratos físicos y sicológicos.
La presión mediática, las declaraciones de miembros de partidos políticos y la condena anticipada a cargo de una parte de la opinión pública constituye, a nuestro juicio, una forma injusta e ilegal de presionar.
 
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