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Luis del Palacio
La linterna de diógenes
Luis del Palacio
La masa adquiere la forma, el color y la consistencia que el alfarero ideológico le quiera dar
Una de las bajezas más tristes en las que puede incurrir el ser humano es la deslealtad. Suele ir esta unida a la traición, pero no hay que confundirlas, ya que una precede a la otra: para traicionar hay que antes haber sido desleal a aquel que confiaba en nosotros. Y abunda tanto, que podemos encontrarla en hechos históricos (Bruto y César) referencias literarias (Otelo y Yago) o sin duda en nuestra propia vida.

Pero ¿es posible que un pueblo sea desleal consigo mismo? Por supuesto. Aunque parezca paradójico eso es algo que ha sucedido con cierta frecuencia; y el ejemplo más ilustrativo de la historia reciente es lo que ocurrió en Alemania tras la subida de Adolf Hitler al poder: una parte del pueblo alemán fue desleal con la otra parte y acabó traicionándolo. Los judíos eran tan alemanes como los segadores de Lutero, incluso muchos de ellos eran ya cristianos y sólo quedaba un vestigio israelita en su nombre, pero con un hábil aparato de propaganda que manipulaba la Historia a su antojo, el hombrezuco del bigotín logró hacerlos pasarlos por hijos de Belcebú. La masa, que nunca ha sido muy dada a pensar, adquiere la forma, el color y la consistencia que el alfarero ideológico le quiera dar. Es cuestión de insistir y no cejar en el empeño. “Verde y con asas” solían ser ciertos pucheros de antaño, y “blanco y en botella” suele ser leche, aunque, como dice un amigo mío: “a no ser que se trate de licor malibú” Hace unos pocos días me quedé pasmado con las palabras de la vicepresidenta del Gobierno, señora Sáenz de Santamaría: “He sentido vergüenza democrática ante la actitud del Gobierno catalán” Me pregunté: ¿Qué será eso de “vergüenza democrática”?¿Existirá otro tipo de vergüenza, acaso “totalitaria”, “ácrata”, “apolítica”, “atea”, “animalista” o “católica”?... Yo creo que en realidad quería decir “vergüenza ajena”, pero por aquello de lo de las “víctimas de la LOGSE” y de que puede confundirse “estar en el candelero” con “estar en el candelabro”, y, cómo no, por ser políticamente correcta optó por tan dudoso matrimonio de sustantivo con adjetivo.

Uno se queda perplejo ante lo que últimamente ve, oye o le cuentan. El trágico ridículo del Gobierno catalán después del terrible atentado yihadista en agosto, habría sido suficiente para que ese ejecutivo presidido por un fantoche tocado de mopa, que no de barretina, dimitiera al instante. Pero como en España pocos son los que renuncian a la poltrona (incluido don Mariano) y Cataluña no es otra cosa que una parte de España, con sus virtudes y defectos, a nadie parece incumbir el hecho de que quizá el atentado de las Ramblas podría haberse evitado si las autoridades hubieran hecho caso de las advertencias que la inteligencia norteamericana y la policía belga expresaran meses antes, simplemente colocando bolardos y maceteros en lugares estratégicos. Pero “pa chulo” el mayor Trapero, jefe de los Mossos, que no recibe lecciones de nadie, sino que como el maestro Ciruela (aquel que no sabía leer y puso escuela) las da. Y a barullo.

Está comprobado que esa mitad mal contada del pueblo catalán que desea la independencia está formada por muchos ciudadanos que tienen tanto de catalán en sus orígenes como de islandés; cantidad de inmigrantes que no han logrado prosperar en esa región de España y a los que se ha convencido de que el motivo de no haber cumplido sus expectativas se debe a que el Estado central roba a Cataluña. Pero con la venida de la República catalana “todo se solucionará” (¿No les recuerda a un famoso anuncio de IKEA?) Otro grupo (la CUP) está compuesto por aquellos a quienes se les ha imbuido desde la escuela una idea falsa de Cataluña y se ha presentado al resto de España como “el enemigo”. Por último y sin tratar de ser exhaustivo, ya que pueden darse varios grupos y subgrupos, está el núcleo de los verdaderos inspiradores, los ingenieros de “la cosa”, que han trabajado durante décadas para arrimar el ascua a su sardina (¿les suena de algo la familia Pujol?) y hacerse ricos a costa de amenazar y extorsionar a un Estado débil y renqueante.

Ahí están y así estamos.

El 1 de octubre van a forzar, si no se remedia a tiempo, un referendum ilegal por la independencia.

La mayoría silenciosa del pueblo catalán y el conjunto del país esperan de sus políticos, de sus jueces y de su Gobierno lealtad a la Constitución y que se aplique la ley sin titubeos ni excusas.

Artículos del autor

Yo creo que en realidad quería decir “vergüenza ajena”, pero por aquello de lo de las “víctimas de la LOGSE” y de que puede confundirse “estar en el candelero” con “estar en el candelabro”, y, cómo no, por ser políticamente correcta optó por tan dudoso matrimonio de sustantivo con adjetivo.

La última y celebrada novela de José de Cora, publicada hace unos meses, puede y debe leerse como un libro de espías en el que se concitan la aventura y la Historia.
Dentro de dos días sabremos cuál de las tres candidaturas (bueno, dos, porque una de ellas es evidente que no prosperará) a la Secretaría General del PSOE se lleva el gato al agua. Qué pena.
Es una triste gracia que los que criticaron con más saña la peregrina, aunque legítima, iniciativa de unos padres que reclamaban su derecho a que la mente de sus retoños no fuera manipulada con falacias tales como que “existen niños con vagina y niñas con pene”.
Parafraseando a Gabriel Albiac en una entrevista que tuve con él hace menos de un año: ”Nuestra generación nunca sabrá realmente qué ocurrió”. El filósofo se refería al atentado del 11 de marzo de 2004 en Madrid, pero, en realidad, podría aplicarse a casi cualquier ataque terrorista de los que han sucedido en Europa desde hace menos de dos décadas.
No ha habido durante la malhadada Historia del Siglo XX un régimen bolchevique en el que haya existido la libertad de prensa, que es un correlato de la libertad de expresión y esta, a su vez, de la LIBERTAD sin más.
Un imponente autobús pintado de un llamativo color naranja ha recorrido algunas calles de Madrid antes de que la autoridad decidiera pararlo y enviarlo a cocheras esperando a que un juez dictaminara si lo que rezaba como eslogan en los laterales,
Me resulta extraña la idea de no volver a encontrarme a José Luis Pérez de Arteaga por alguna de las amplias antesalas del Auditorio Nacional o tomando un refresco en el Club de Tenis, frente al Palacio de la Magdalena.
 
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