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José Manuel López García
José Manuel López García
Parece que los docentes tenemos mala fama, pero no está justificada
Se suele decir que los profesores disfrutan de demasiadas vacaciones y que trabajan pocas horas en comparación con otras profesiones. Y nada más lejos de la auténtica realidad.

La labor de un profesor no acaba con el horario lectivo diario, puesto que sigue fuera del centro educativo en su casa con la preparación de clases, corrección de exámenes y trabajos, elaboración de pruebas escritas, etcétera. Si a esto se añade la cantidad de horas empleadas en cursos de formación permanente se pone de relieve el trabajo que lleva a cabo el profesorado.

En lo relativo al periodo vacacional del verano es verdad que son dos meses, aunque en julio se celebran exámenes de EBAU y puede haber otras actividades derivadas de asuntos o cuestiones docentes en este mes. En cualquier paso, en los funcionarios de otros campos de la Administración y en otras profesiones existen días moscosos, canosos, que se disfrutan durante el año y que suponen un descanso adicional que no tienen los docentes. Los moscosos son seis días de libre disposición y los canosos son días de antigüedad. Se puede afirmar que los profesores no vivimos como marqueses, precisamente.

Además, tenemos responsabilidades y debemos tomar decisiones en nuestra labor docente que, en algunas ocasiones, son difíciles, pero que se basan en el respeto de las normas educativas y en el espíritu de las mismas. Partiendo de la base de que se busca siempre lo más adecuado para los estudiantes. Y todo esto me parece que no es suficientemente valorado por toda la sociedad civil o por la totalidad de los ciudadanos.

También es preciso tener en cuenta que la persona que llega a ser profesor ha superado una formación que ha supuesto miles y en muchos casos decenas de miles de horas de estudio y lectura. Y a esto se deben añadir, sin duda, miles o decenas de miles de horas de docencia directa a lo largo de años o decenas de años. La suma de horas resultante suele ser, frecuentemente, asombrosa y admirable. Especialmente respecto a los profesores con más experiencia en la enseñanza. Sobre todo en Secundaria y en Primaria.

Y los enseñantes siguen preparándose de forma continua a lo largo de su vida. Y buscan tiempo para lograrlo. Muchos docentes tienen dos carreras o un doctorado y también han cursado másteres y poseen diplomas de estudios avanzados con calificación de sobresaliente.

Por tanto, creo que ha quedado claro que el trabajo, el esfuerzo y la dedicación de los profesores es muy elogiable y debe ser apreciado por toda la sociedad.

No se llega a ser profesor fácilmente. Es indispensable aprender numerosos conocimientos. Se precisa de paciencia, interés, entusiasmo, motivación y otras cualidades y habilidades que son valiosas y que también se desarrollan con el paso del tiempo y con la entrega a la excelente tarea de enseñar y educar a los estudiantes. Es una actividad gratificante y fundamental la que realizan los profesores y conviene reconocerlo públicamente.

Es cierto que el trabajo de profesor no es muy exigente desde una perspectiva física, pero sí lo es desde un enfoque psicológico, ya que hay que atender las necesidades de formación de todos los alumnos.

Los estudiantes poseen diferentes niveles de comprensión y los docentes utilizan métodos y procedimientos pedagógicos para integrar armoniosamente y potenciar la diversidad de capacidades y también de talentos presentes en las aulas. Otro mérito más a incorporar en el bagaje profesional de los profesores. En otras profesiones, el trabajador acaba su trabajo y se va a su domicilio y no se lleva trabajo para casa.

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