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Jorge Hernández Mollar
Artículo de opinión
Jorge Hernández Mollar
​Lo que nos preocupa y mucho Señor, es que estos ataques a la institución monárquica se dirijan desde el seno del propio gobierno

Señor,

El dia 30 de Noviembre del pasado año tuve el atrevimiento de dirigirle una carta pública con ocasión de la formación de gobierno y las consultas previstas en nuestra Constitución de 1978, justo antes de la consiguiente propuesta que la Corona debía efectuar para el aspirante que resultara más idóneo a la presidencia del gobierno.

Desde aquella fecha son varios los acontecimientos que se han venido sucediendo en la vida diaria de nuestro pueblo. Un gobierno de coalición filocomunista que, bajo la presidencia de Pedro Sánchez, está afrontando sin mucha fortuna la mayor crisis sanitaria y económica que sufre nuestra nación desde la instauración de nuestra democracia, a lo que se añade un desconcierto general en la sociedad española como consecuencia del confinamiento y más aún desde la “desescalada”, donde cada vez se extiende más la sensación de desgobierno general ante las medidas que desigualmente están adoptando las CCAA sin la debida coordinación desde un gobierno que no se ha caracterizado precisamente por la transparencia y eficacia en su gestión profesional y política de la epidemia.

Gobierno, que sorprendentemente ha entrado en un período vacacional con unos datos económicos y sociales muy preocupantes en relación con los elevados niveles de desempleo, recesión empresarial y turística, crecimiento alarmante del déficit público y un nivel de endeudamiento del Estado, superior ya al 100% de nuestro PIB y que pone en grave peligro de sostenibilidad nuestro Estado de bienestar social.

Pero siendo esto grave y preocupante, lo es aún más todo lo que ha rodeado a la sorprendente decisión de su padre, el Rey Juan Carlos, para “trasladarse” fuera de España acuciado por las cuestiones que han dado lugar a un volcán imparable de noticias y opiniones relacionadas con su vida privada y que han provocado, sin que medie ninguna intervención judicial en su contra, un auténtico “tsunami” mediático y político para desacreditar no solo a la figura del Rey, Su egregio padre, que tantos y tan eficaces servicios ha prestado a España, sino al prestigio y existencia misma de la monarquía parlamentaria, representada hoy por S.M. como máximo representante de la Jefatura del Estado.

Lo que nos preocupa y mucho Señor, es que estos ataques a la institución monárquica se dirijan desde el seno del propio gobierno, encabezados por el Vicepresidente segundo Pablo Iglesias y varios de sus Ministros/as que además de prometer en falso lealtad a la Constitución y a V.M. mismo en su propia presencia, pretenden ahora desarrollar una campaña permanente de acoso y derribo del régimen que todos los españoles nos dimos en la Constitución de 1978.

Reconociendo el dolor que para un hijo debe suponer el voluntario alejamiento de vuestro padre de su patria, lo cierto es que a pesar de sus errores cometidos, goza del reconocimiento nacional e internacional por su ingente y fructrífera labor a través de sus cuarenta años de reinado. Por este mismo legado es la hora de reconocer en V.M. el mismo vigor y convicción en defender los intereses de España frente a quienes quieren desunirla y además desean verle Señor en el exilio para instaurar una República, cuando fueron ellos quienes más contribuyeron a que fuese derrocada, siendo también, por tanto, responsables del período más largo de dictadura que ellos tanto denigran como así lo atestiguan los relatos históricos de la época.

Insisto Señor en que las limitaciones constitucionales no le impiden arbitrar y moderar el funcionamiento regular de las instituciones, como le reconoce el art 56 de la Constitución. Dejarlo en un mero formalismo en la crítica situación actual de España sería un grave error de cálculo y ayudaría a crear un ambiente de desapego a la propia institución monárquica a lo que habría que sumar la rebelde proclamación del parlamento catalán a favor de la república y del desprecio más ignominioso hacia su persona y a la Jefatura del Estado que ostenta, un muy mal precedente que no debe pasar inadvertido para cuantos os rodean.

Permítame V.M. finalizar con las mismas palabras que lo hice ya siete meses: “Señor, la Corona ha representado y representa una garantía de convivencia, paz y desarrollo para los españoles como lo ha venido demostrando a lo largo de estos fructíferos años de democracia parlamentaria. Deseo manifestarle mi solidaridad y adhesión hacia su persona y hacia la Alta Magistratura del Estado que ostenta pero sería deseable que en estos delicados momentos por los que atraviesa la unidad de España y el futuro de las Instituciones, pudiera atemperar con su inteligencia y buen hacer, el funcionamiento regular de las mismas, hoy seriamente amenazadas por quienes con sus palabras y acciones están demostrando una beligerante actitud sobre todo lo que representa la Constitución y la integridad territorial de España.”

Con mi lealtad Señor,

Artículos del autor

“Trabajé siempre para mi patria poniendo voluntad, no incertidumbre; método no desorden; disciplina, no caos; constancia no improvisación; firmeza, no blandura; magnanimidad, no condescendencia.“ Estas acertadas palabras del político, abogado y militar argentino del siglo XIX, Manuel Belgrano, resumen sin duda las cualidades que deben adornar a todo buen gobernante que se precie.


“Pero razón de sobra tenemos para temer que la maldad destructora no tardará en acercarse adonde estamos, de la misma manera que sabemos por experiencia cuan grande e impetuosa es la fuerza devastadora de un incendio, o cuan terrible el contagio de una peste al extenderse.” (Santo Tomás Moro)


Libertades como la de pensamiento o expresión, están siendo sutilmente cercenadas mediante la invasión, sin pudor alguno, del vasto campo de la información y comunicación


El Vicepresidente del Gobierno de España está obligado por la alta representación que ostenta a reconducir el clima de crispación y miedo que originan sus constantes amenazas y agresiones verbales a la oposición y otras instituciones, cuanto antes lo haga mejor.


Pero es la primera vez que en este siglo, millones de ciudadanos de todo el mundo nos hemos visto obligados a refugiarnos “voluntariamente” en nuestros hogares para defendernos de un enemigo dañino y cruel que la propia naturaleza ha creado.Presidente Sánchez, no deseamos una “nueva normalidad”, deseamos recuperar la normalidad social de la que veníamos disfrutando desde el ejercicio de nuestros derechos y libertades constitucionales sin dirigismo ni intromisión del poder político; deseamos recuperar la normalidad política y que los poderes del Estado se sometan de nuevo a las reglas de juego de un Estado democrático y de derecho; deseamos recuperar la normalidad institucional y el respeto a la independencia y profesionalidad de los funcionarios y servidores públicos y deseamos recuperar también nuestra economía floreciente de antaño, desde los principios de libre mercado que rigen en la Unión Europea y que son el sostén del empleo y de nuestro estado de bienestar social.Decía Jean Monnet, uno de los padres fundadores de la Unión Europea, que “los hombres solo aceptan el cambio resignados por la necesidad y solo ven la necesidad durante la crisis”.

Que nuestra querida España está paralizada, deprimida, angustiada y abrumada por los incontables errores, falsedades y vaivenes de un gobierno prisionero de su propia incompetencia y de su ideología ultra comunista, es un hecho fácilmente constatable.

“Podemos perdonar fácilmente a un niño que teme a la oscuridad; pero la real tragedia de la vida es cuando los adultos temen a la luz” Esta conocida frase de Platón enmarca fielmente el silencio aterrador que hoy ensombrece el mundo exterior del hombre, sumido y atemorizado en las tinieblas de lo incierto y desconocido.

Hay imágenes que revelan o retratan algunos de los grandes acontecimientos o momentos de la historia de la humanidad. El siglo pasado nos ha dejado en la retina gestas tan impresionantes como la primera pisada del hombre en la luna, la caída del muro de Berlín o la de imágenes tan crueles como la del campo de concentración de Auschwitz .

 
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