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Jesús Salamanca
La tronera
Jesús  Salamanca
Inés Arrimadas parece que no alcanza a saber que la lucha en Cataluña también lo es por la libertad, por eso Ciudadanos ya ha quemado sus naves

La formación política de Cs (Ciudadanos) no deja de ser un problema serio para la política española y para salir adelante en el parlamentarismo actual. Sigue avanzando en línea zigzagueante y actuando como lo que es: veleta permanente. Cada vez que recuerdo su postura en Cataluña me saca de quicio: recuerden que ganó las elecciones como formación más votada aunque no supo reaccionar como tal, ni siquiera hemos llegado a saber qué movimientos hizo para dialogar con los demás, incluso conociendo la postura que todos habían adoptado de antemano.


Su líder en Cataluña no ha sabido ver que es insuficiente con alardear de verbo contra el independentismo. La señora Arrimadas ha pretendido trasladar las verdades eternas a la política, sin saber que eso es el primer paso hacia el totalitarismo; debería de haber leído al tristemente fallecido, Juan María Bandrés, antes de lanzarse a la escena política catalana. “El abogado antifranquista, clave en la estrategia del Proceso de Burgos (…) que puso al régimen de Franco contra las cuerdas en la esfera internacional, el político que junto a Mario Onaindía más empujó para que ETA político-militar se disolviera…”, diría El País en el momento de su muerte. Bien, pues Inés Arrimadas parece que no alcanza a saber que la lucha en Cataluña también lo es por la libertad, por eso Ciudadanos ya ha quemado sus naves y va a ser el principal culpable –tal vez para bien—de que Vox entre en el Parlamento catalán, pero antes en los parlamentos regionales tras las próximas elecciones de mayo.


Mucho predicar en Cataluña, pero el trigo a nadie se lo ha dado; simplemente se han quedado con ello. Inés Arrimadas y sus cuadros debieron de pensar que lo mejor era seguir en la poltrona que se habían ganado con los votos y dejar pasar el tiempo. En mi tierra se llama a eso “actuar con cobardía e irresponsabilidad”. Había sido mejor no presentarse a las elecciones. Como decía ayer en otro artículo “se han limitado a poner el carro delante de los bueyes, sin más, y a vivir a costa del erario público haciéndose las víctimas”.


El voto a Ciudadanos en Cataluña es el voto inútil de la política española. Ya nadie puede seguir confiando en Arrimadas, más propensa a perder la fuerza por la boca que a actuar y trabajar por quienes dieron el voto a su formación. Albert Rivera es consciente de cuanto digo, de ahí sus desnortados ataques a Vox y su temor a que la formación de Ciudadanos entre definitivamente en caída libre. Tras sus insultos al partido de Santiago Abascal, Vox no se va a bajar los pantalones ni va a dar su voto al PP y a Cs “gratis et amore”. Posiblemente Andalucía deba acudir a unas nuevas elecciones más pronto que tarde, donde Vox podría duplicar su escaños actuales y Adelante Andalucía (AA) quedarse en fuerza residual. Nadie quiere ser “alfombra” de otros y, en este momento, Vox puede exigir y manejar la sartén por el mango.


Con su actitud en Cataluña ha demostrado que, cuando llegue la época de los problemas para los ciudadanos, se va a esconder y esperar a que otros resuelvan la papeleta. Si no es capaz de abordar los problemas de Cataluña (son cuatro provincias nada más) ya me dirán cómo va a abordar los problemas de 50 y de dos ciudades autónomas que es lo que suma esta nuestra complicada España. Ciudadanos ha perdido su gran oportunidad; si en Cataluña demuestra su cobardía, ya me dirán ustedes qué se puede esperar para un inmenso territorio como es todo el Estado español. Incluso, la actitud veleta de Rivera también se plasma en cuanto hace referencia a la mal llamada “violencia de género”. Recuerden que "Vox propone sustituir las leyes de ideología de género, que no protegen a la mujer y persiguen al hombre solo por serlo, por una ley contra la violencia intrafamiliar. Es decir, lo mismo que proponía laveleta naranja -en referencia a Ciudadanos- no hace mucho", tal y como reseñaba el diario El Mundo.


Arrimadas ha dado por hecho lo que no es. Se ha retirado del campo de batalla sin saber enfrentarse al enemigo. Ha vendido a sus votantes, como lo hizo en Andalucía el tal Juan Antonio Marín Lozano; han tenido que pasar cuatro años para darse cuenta de que pactar con el partido de la corrupción andaluza suponía entrar, una vez más, en permanente contradicción. A pesar de su cambio de dirección se sigue advirtiendo que continúa con las ideas “veleta“, como su jefe nacional de filas. Si piensan PP y Cs que Vox será su “alfombra” es que siguen viendo la política con menos realismo que el “falconetti” y plagiador español, Pedro “cum fraude”.


En mi comunidad, que es Castilla y León, la formación de Ciudadanos ni siquiera abre la boca y cuando lo ha hecho ha sido para plantear barbaridades sin sentido ni racionalidad; echen una ojeada a lo sucedido en el Ayuntamiento de Valladolid o en las Cortes de Castilla-León. Que nadie se extrañe si Ciudadanos desaparece de las Cortes y del Ayuntamiento y si queda solo con representación en media docena de localidades como algo residual. Al tiempo.

Artículos del autor

​Si alguien piensa que, por ser el título un tanto duro e imperativo, voy a ser irrespetuoso con el director general al que se refiere este artículo, en las formas o en el fondo, no solo está muy equivocado sino que es mejor que no siga leyendo el artículo.
Hace tiempo que la formación de Ciudadanos es conocida como "veleta". Su líder demuestra a diario ese apelativo. No tiene ideas claras y cada vez que amanece defiende lo que conviene a su formación, pero sin tener claro nada.
​No me cuadran la opinión de la actual ministra de Defensa con la fotografía que publicaron los medios de comunicación hace unos días.
​Andalucía vive la ilusión del cambio necesario. Los andaluces han tardado treinta y siete años en darse cuenta de esa necesidad. Han sido muchos lustros de corrupción, nula transparencia, gasto en prostíbulos, cargos innecesarios, sueldos dislocados y clientelismo barato.
​Tenemos un panorama que asusta, a la vez que preocupa. Los planos social, político y económico están destrozándose según van pasando los días.
​Desde hace días, los medios de comunicación están destrozando la presunta honorabilidad del plagiador presidente, si es que alguna vez existió, pues ahora lo dudo. Cientos de calificativos “crucifican” al presidente, Pedro, el mentiroso.
​A estas alturas del Gobierno del plagiador se puede comprobar que ha elegido a lo más ‘selecto’ de la sociedad. Pensábamos que se libraban tanto Borrell como ‘el astronauta’, pero no, no se libra nadie.
​La ministra de Justicia ya pinta menos que "una mona en el Consejo general del Poder Judicial. Ya no tiene sentido que comparezca en el Congreso de los Diputados porque nadie le va a creer; eso le pasa al mentiroso habitual, como le sucedió a Pedro respecto al lobo.
 
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