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Herme Cerezo
Crítica literaria
Herme Cerezo
Entrevista al escritor Philip Kerr



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Philip Kerr (Edimburgo, Escocia, 1956) estudió derecho en la Universidad de Birmingham entre 1974 y 1980. Durante varios años trabajó para agencias de publicidad, hasta que en 1989 escribió su primera novela. Actualmente vive en Londres, con su mujer, la escritora Jane Thynne y sus tres hijos. Es también autor de obras infantiles, que firma bajo el nombre de P.B. Kerr. Como escritor de novelas negras, es el padre literario de dos personajes célebres: Bernie Gunther, un detective que trabaja en Alemania durante la dominación nazi, y Scott Manson, en la que se ocupa del fútbol visto desde el prisma policiaco. Entre su extensa lista de títulos, podemos entresacar la ‘Trilogía Berlín Noir’, también llamada ‘Trilogía berlinesa’, compuesta por ‘Violetas de marzo’, ‘Pálido críminal’ y ‘Réquiem alemán’; ‘Si los muertos no resucitan’ (Premio Internacional de Novela Negra RBA de 2009), ‘Una investigación filosófica’ y, dentro de la serie de Manson las novelas ‘Mercado de invierno’ y ‘La mano de Dios’. Su obra ha sido traducida a múltiples idiomas.

A las cinco y media de la tarde había quedado citado con Philip Kerr, el escritor escocés de novelas negras, autor de una extensa obra, que ha hecho famoso al detective Bernie Gunter, sumergido en el marasmo de la Alemania nazi y de la II Guerra Mundial, y ahora pretende hacer lo propio con Scott Manson, un entrenador de fútbol, con el que trata de alumbrar la cara be de este deporte de masas tan celebrado por todo el planeta, especialmente en el Reino Unido donde comenzó a practicarse a finales del siglo XIX. La cafetería del Hotel Reina Victoria era el lugar del encuentro. Mientras esperaba, siempre llego demasiado pronto a mis citas, un vicio incorregible, desfiló por allí un tipo vestido de negro, botas altas, andar marcial, guerrera ceñida, correaje cruzado por un hombro y pantalones abombados. Remataba su atuendo con gorra de plato, que se ajustó repetidas veces, y una considerable trenza gris, que le otorgaba aspecto de otro tiempo, de jerarca nazi. Por un momento pensé que el Reina Victoria se había trasladado, sin moverse, al Berlín del III Reich, pero pronto la ventana del hotel a la que me asomé disipó mis dudas. El de la gorra de plato y trenza gris no era sino el chófer de un reluciente Rolls Royce, aparcado en el primer carril de la calle de las Barcas, ante la entrada principal del hotel, evidentemente dispuesto para conducir a alguien a algún lugar señalado. Enseguida quedó claro que ese alguien era una joven vestida de blanco nupcial, ramo de flores incluido, a la que acompañaban otras tres mujeres no menos elegantes. No pude mirar más, porque en aquel momento llegó el entrevistando.

Kerr, traje gris y camisa blanca, un diario sobresalía de un bolsillo lateral de la chaqueta, surgió de improviso procedente de la escalera. Lo hizo a la hora acordada. Puntualidad británica. A través de gestos y palabras sueltas – no hablo inglés y lo entiendo menos todavía, otro vicio incorregible – nos presentamos. Poco después llegaron María Jesús Plasencia, la intérprete, acompañada por Jordi Llobregat y Bernardo Carrión, director y responsable de prensa, respectivamente, de Valencia Negra, el festival de novela policiaca gracias al cual pude concertar la entrevista. Ocupamos una mesa próxima al ventanal por el que yo había mirado antes y comenzamos nuestra charla.

Philip, un buen día usted decidió dar el paso y ponerse a escribir, ¿recuerda ese momento?
Sí, lo recuerdo bien, era un niño, quizá de ocho o nueve años, y comencé a escribir prácticamente al mismo tiempo que a leer de modo independiente, apartado de los adultos. Los libros me resultaban objetos asombrosos y ser una persona capaz de construir una de aquellas maravillas me pareció algo excepcional.

Aunque también escribe artículos y otros textos, sus preferencias se inclinan por la ficción.
Sí, de todas las cosas que puedes escribir la ficción es la que te proporciona mayor libertad. Si eres historiador has de limitarte a los hechos concretos y aquí los únicos hechos a los que debo ceñirme son los que yo mismo establezco.

Para escribir un libro hace falta una idea, una frase o una chispa que prenda la mecha de la escritura, ¿las ideas las busca Vd. o le asaltan en cualquier lugar?
Es una excelente pregunta. A mí me suceden ambas cosas. Algunas veces las ideas vienen a mí y en otras ocasiones soy yo quien las busca. Pero, por decirlo así, la búsqueda no me resulta demasiado difícil. Afortunadamente tengo un tipo de cabeza al que las ideas acuden con rapidez.

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Mientras escribe, ¿establece un guión al que atenerse o se deja llevar por la propia dinámica de la escritura?
Preparo un plano, con un esquema bastante detallado, en realidad muy minucioso, pero me gusta no tener que ceñirme al plan trazado. Espero siempre que me surja algo más interesante, es decir, esbozo el mapa del viaje que quiero emprender y después me gusta encontrar otra ruta más divertida y más cínica para conseguir mis objetivos.

O sea, le gusta que los personajes se le rebelen.
Sí, me encanta que los personajes tomen sus propias decisiones y que me sorprendan. Las novelas únicamente funcionan bien cuando ocurre eso, sino se convierten en algo muy automatizado y la narración no fluye.

Su esposa también es escritora, ¿ella es su primera lectora, su primera crítica?
No, nosotros vivimos separados y no somos del tipo de gente que fisgonea en las cosas de los demás. Creo que vivir con un escritor es bastante difícil. Yo escribo muchas cosas y no espero que ella se lo lea todo.

Uno de los protagonistas de sus historias es Bernie Gunther, un detective que trabaja en los tiempos del nazismo, ¿qué le interesa tanto de la Alemania de este periodo?
Si se refiere al periodo comprendido entre los años 1933 y 1945, me interesa y me fascina cómo ocurrió todo y por qué sucedió. Esas dos son las cuestiones fenomenológicas más importantes.

En la rueda de prensa de Valencia Negra de ayer, dijo Vd. que si Bernie se lo tropezara por la calle le pegaría un tiro y que eso sería una especie de liberación para los dos. Mi pregunta es ¿por qué no lo hace?
No dije exactamente eso, me refería a que a él le hubiera gustado matarme a mí.

Veo que no piensa eliminarlo, le cambio la pregunta: ¿aún le quedan muchas novelas a Bernie?
No, no demasiadas. Ya lleva doce, muchas más de las que yo pensé nunca que escribiría y en cada una de ellas me pregunto si habrá una próxima entrega. Y la verdad es que no encuentro nunca una respuesta sencilla.

Volvemos a la rueda de prensa de ayer, donde dijo que Alemania domina hoy Europa, ¿es esta la revancha de los alemanes tras su derrota en la II Guerra Mundial, algo que ya intentaron conseguir en 1939?
No, creo que después de la II Guerra Mundial Alemania intentaba recuperar el estatus de sus grandes fortunas. Adenauer vendió el Tratado de Roma como una especie de atajo hacia la responsabilidad política y eventualmente hacia la dominación económica. En mil novecientos cincuenta y siete, la economía alemana vivió un boom. La gente habla del milagro alemán, pero si hubo un milagro fue porque los Estados Unidos permitieron que se produjese. La Unión Europea fue una especie de billete de regreso de Alemania a Europa. No sé si pensaron realmente que era la manera de dominar el continente, pero sí vieron que era la forma válida para que Alemania fuese igual que el resto de países europeos. Hubo mucha gente que creyó que no iba a transcurrir mucho tiempo hasta que Alemania recuperase su dominio económico de nuevo, porque Gran Bretaña tenía intereses en sus colonias y en su imperio, que necesitaban dinero en aquel momento y mientras tanto los alemanes se dedicaron a reconstruir su industria. Para mí el misterio más grande es cómo Alemania perdió la guerra y la única explicación que encuentro es que estuvo luchando en dos frentes a la vez. La locura alemana fue declarar la guerra a los americanos y también a Rusia, claro, al mismo tiempo.

A través de sus novelas ‘Mercado de invierno’ y ‘La mano de Dios’, su literatura ha cambiado de escenario para acercarse al mundo del fútbol, ¿es éste un buen territorio para el género negro?
Sí y es muy sorprendente que lo haya hecho yo [sonrisa irónica]. El mundo del fútbol parece que está lleno de crímenes, delitos y corrupción. Ya no es un juego, ni un deporte, el fútbol es el gran negocio.

¿Sus novelas nos van a contar la cara oculta del fútbol?
Sí, pero eso es bastante fácil de revelar por otro lado. Creo que todo el mundo lo puede ver, basta con fijarse en que más de la mitad de los dirigentes de la FIFA están detenidos, cuando se suponía que eran los embajadores del fútbol en todo el mundo. El lado oscuro de este juego se puede observar fácilmente: agentes con tarifas desbocadas, fichas muy altas…

Pero a pesar de todo, a Vd. le sigue gustando, ¿no?
Sí, pero se está produciendo una desconexión entre los aficionados y los equipos. La mentalidad de los forofos todavía se encuentra en los años setenta del siglo pasado y quienes realmente controlan el fútbol ahora sólo se preocupan de lo que se llama la gobernanza cooperativa. La ira y la falta de satisfacción de los seguidores se deben a que ellos ven el juego como un deporte y los propietarios que rigen el cotarro ven los equipos como empresas, como multinacionales. Y cada vez será peor, lo comprobamos en el precio de las entradas, más alto cada día, en las fichas enormes que se les pagan a los jugadores, los derechos de televisión… El dinero que procede de la televisión no se emplea para abaratar las entradas, sino para pagar a agentes y jugadores que cada vez cobran más. Actualmente es más caro ir el fútbol que a la ópera.

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El protagonista de su serie futbolística es un entrenador, Scott Manson, ¿para un escritor resulta importante disponer de un refugio seguro al que acudir cuando no fluyen las ideas, como es una serie, que se maneja siempre bajo los mismos parámetros?
Bueno, está bien escribir cosas modernas, yo quería hacerlo. Buscaba algo que me interesara para trabajar sobre ello y por eso hice esta serie. Siempre es bueno escribir sobre algo distinto de lo habitual.

Por cierto, Manson y Gunther, protagonistas de las dos series, narran en primera persona, ¿por qué?
Porque es como encontrarse con alguien. Cuando escribes en primera persona parece que estás dialogando con otra persona en la vida real y mi teoría es que, si lo hago así, el lector se implica más y conoce mejor al personaje.

Al día de hoy Vd. se encuentra en Valencia Negra un festival que le posibilita contactar con sus lectores. ¿Le interesa el feedback escritor-lector? ¿Tiene en cuenta las opiniones de sus lectores?
No, realmente, no [sonrisa y silencio]. Lo que de verdad importa es lo que yo piense sobre mi propio trabajo. Hay demasiada gente que presta atención a lo que piensa otra gente y lo mismo ocurre con los políticos, que tratan de averiguar lo que quiere el electorado antes de formarse su propia opinión. Pienso que los mejores políticos son los que tienen un criterio propio, independientemente de que le guste a la gente o no. Es la diferencia entre la señora Thatcher y la señora May. La Thatcher era alguien que sabía muy bien lo que hacía y estaba segura de ello. Si alguien estaba de acuerdo con ella, estupendo, y si no mala suerte. Los políticos actuales carecen de principios, proceden de acuerdo con la última encuesta de intención de voto. El ejemplo más claro es el presidente Trump, que no tiene principios y todo el mundo lo percibe. Otro problema es que la gente no lee periódicos y se deja informar por Facebook y las redes sociales, con lo que no sabe a ciencia cierta si una noticia es verdadera o falsa. Y la ironía más grande de todas es que la persona que más noticias falsas difunde es el propio Trump.

Y las consecuencias de esa actitud las pagaremos los demás, ¿no cree?
Desde luego que sí.

Se me antoja muy corta la entrevista. Pasó rápido, pero hay que terminar. Vamos con la última por hoy. ¿Actualmente qué proyecto literario lleva entre manos, si se puede saber?
Sí, sí, no me importa. Ahora mismo trabajo en una nueva novela de Bernie, que llevará por título ‘Azul de Prusia’ y, además, acabo de terminar otra, que se publicará el próximo año, centrada en Grecia.
Un apretón de manos y una fotografía cerraron nuestra conversación. Philip Kerr partiría poco después hacia el Centre Cultural Bancaixa, donde le aguardaban sus lectores y otros colegas. Allí repetiría lo mismo que dijo en la rueda de prensa del día anterior sobre el oficio de escribir: «Para ser escritor has de ser dos personas a la vez: el escritor que se queda en casa, que es un poco esquizofrénico, que no le gusta hablar, ni tampoco la gente, mientras que el autor es el egomaníaco, un poco borrachuzo, que va por ahí firmando libros. Aunque es mucho mejor estar siempre bien sobrio cuando vas de gira». Tras la marcha de Kerr, me asomé a la ventana del Reina Victoria. El Rolls Royce, la novia, y sus damas de compañía ya no estaban.
El chófer de la trenza gris, tampoco.

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