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Herme Cerezo
Crítica literaria
Herme Cerezo
Entrevista al periodista Paco Lloret



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Francisco Lloret Jerez (València, 1960), más conocido como Paco Lloret, es un periodista con casi treinta y cinco años de información e investigación deportiva a sus espaldas. Tras pasar por varios medios de comunicación, fue jefe de Deportes, subdirector de Radio Nou y presentador en Canal 9 del añorado ‘Minut a minut’, un programa que, cuando la Liga de fútbol se jugaba los domingos y algunas fiestas de guardar, cerraba la jornada con el repaso de lo sucedido en los distintos terrenos de juego de la geografía hispana. Actualmente, es el director de un nuevo proyecto radiofónico, CV Radio, en el 94.5 del dial, y un asiduo articulista del diario ‘Las Provincias’. Como escritor, además de sus múltiples colaboraciones en prensa, Lloret es autor de los libros ‘Club de tenis Valencia’, ‘Rafael Benítez: retrato de un entrenador’, ‘Camp de Mestalla’, ‘Crónica de un desencuentro. Valencia Vs R. Madrid’, ‘Mestalla momentos mágicos’, ‘Fútbol y cine. Dos mundos de pasión’ y ‘Bronco y copero’. En colaboración con otros autores, participó también en el volumen ‘Once titulares’.

Paco Lloret entronca directamente con la labor informativa, documentalista e historicista que, allá por los años sesenta y setenta, desarrollara en Valencia otro periodista señero: José Manuel Hernández Perpiñá. Aquel hombre, que jamás manejó un ordenador, era un auténtico pozo de sabiduría futbolística, aderezada por un inagotable archivo de los de antes, con fichas, fotografías y recortes de periódico. Lloret camina por esa misma senda para informar e ilustrar al aficionado, prueba de ello es la publicación de su nuevo libro titulado ‘Bronco y copero’, editado por Árbena, en el que da rienda suelta a su amor por la historia del Valencia C.F., utilizando como vehículo transmisor el modelo del cuento o del artículo.

Paco, eres periodista pero en el fondo parece que escondes una enorme vocación de historiador.
Es posible, no digo que no. Estudié Derecho, porque en 1977 no existía la carrera de periodismo en València y desplazarme a Madrid era inviable. Alguien me dijo que me podía ser útil para mil cosas y le hice caso. Del Derecho me gustaba su polivalencia y, de hecho, en 1989 me sirvió para que me convalidasen el título y pudiera opositar a Canal 9, después de demostrar que llevaba cotizados cinco años ininterrumpidos en medios informativos.

Pero tu mente albergaba la idea del periodismo.
Sí, claro. Tenía un vecino periodista, Alejandro García Planas, y una vez le dije que quería ser como él. Me contestó que estaba loco, que me olvidara. Recuerdo que empecé a colaborar en ‘Diario de Valencia’ justo el día que el Valencia ganó al Nottingham Forest.

Has tocado la prensa escrita, la radio y la televisión, ¿en qué medio te sientes más cómodo?
Me gustan los tres. En los años ochenta hice muchas horas como colaborador de prensa escrita, pero donde más suelto me encuentro es en la radio, que es el medio más fluido. En la televisión, antes de cada programa tenías que pasar por maquillaje y esas cosas terminan por romper un poco el ritmo.

¿Siempre quisiste ser periodista deportivo?
Sí, quería ser periodista deportivo, pero me gusta la radio en general. Hubo una época que estaba un poco saturado de repetir siempre lo mismo y me planteé cambiar. Pero me di cuenta de que ya no podía decidir por mí solo, porque mi empresa me pagaba para que desarrollase aquel trabajo. José María García, que fue mi jefe, dijo una vez que le hubiera gustado dejar el deporte y dedicarse a la información política.

Se desquitó la noche del 23-F.
Desde luego.

¿Qué personas o qué profesionales influyeron en tu carrera?
Hubo varios. El primero que me dio la oportunidad en la radio fue Toni Insúa, un tipo singular, que pasó por Valencia y dirigía un programa deportivo. Eduardo Alcalde fue mi primer director y con él hice también informativos. Y, por supuesto, no puedo olvidar a José María García al que ya he citado. A nivel de una influencia más personal, he de destacar a Josep Vicent Aleixandre.

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Eres valencianista confeso, ¿recuerdas cómo fue tu primera visita a Mestalla?
Era un niño. Tenía seis años. Fui con mi padre y me quedé fascinado. Era una combinación de muchas sensaciones que yo había intuido a través del paisaje que mi padre había dibujado en mi imaginario. Tenía ansiedad por ver cómo era un campo de fútbol de verdad. Recuerdo que fue en septiembre, al atardecer, con las luces encendidas. Ver a los jugadores de cerca me produjo un impacto muy grande.

Con el paso del tiempo, ese Mestalla que descubriste aquella tarde bajo los focos ha cambiado mucho.
Sí, lo he visto transformarse en todos los aspectos. He visto entrenar al Valencia detrás de la grada frente a tribuna, recuerdo las camisetas de los jugadores tendidas al viento, secándose. El último encuentro que se disputó antes de la primera reforma fue contra el Betis. Al día siguiente entraron las máquinas.

¿El nuevo Mestalla puede influir en el rendimiento del Valencia?
Pienso que no. Al final el fútbol te lleva hacia nuevos escenarios y ahora caminamos hacia el modelo del Wanda Metropolitano.

Pero equipos que apostaron por construir grandes campos, con pista de atletismo incluida, lo pagaron con el descenso de categoría.
En eso estoy contigo. Todos los equipos, por ejemplo la Real Sociedad o Las Palmas, que escogieron ese modelo, se equivocaron totalmente. Y creo que ellos también lo saben y lo tienen claro.

Santiago Bernabéu, Félix Oraa, Julio de Miguel, Agustín Montal, Vicente Calderón… no quedan ya presidentes de club como aquellos.
No, no queda ningún presidente como aquellos, el fútbol ahora es otra cosa, es terreno abonado para tecnócratas. El modelo que ellos representan ya no existe.

Hace apenas una semana falleció Jaume Ortí, el presidente de las dos ligas de Benítez, ¿qué significa Ortí en la historia del valencianismo?
Creo que Jaume Ortí era una persona muy humana, que sabía que lo que él hacía tenía un gran valor en un mundo donde empezaban a prevalecer los intereses accionariales y las conspiraciones. Atendía a todos por igual. Era sencillo, nada estirado, y no lo hacía por postureo o por quedar bien, sino porque era su manera de ser. En ese sentido, aportó un valor muy grande a las relaciones humanas.

Quizá fuera así porque empezó en la base, como simple seguidor del Valencia.

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Es probable. En 1971 apareció por Sarriá con aquel abanico gigante. Era muy llano, gent de poble, sus orígenes hay que buscarlos ahí.

¿Te atreverías a elaborar una columna vertebral básica para una alineación del Valencia?
Las preguntas de este tipo me fastidian, porque nunca puedes decir todo lo que quisieras. Creo que hay jugadores sagrados como Puchades, Kempes, Fernando, Mestre, Villa, Arias, Cañizares…, que han de estar, pero seguro que siempre faltaría alguien y no me parece justo.

Percibo que los canteranos del Valencia no tienen la misma sensación de pertenencia a sus colores que los de otros clubes y que, en cuanto pueden, emigran. ¿Te sucede a ti lo mismo?
Yo no lo tengo tan claro. Pienso que si se van lo hacen por probar otra cosa. Todo depende del momento que atraviesa cada jugador. De todos modos, los grandes mitos del Valencia, aunque tuvieron buenas ofertas para marcharse, se quedaron aquí: Puchades, Claramunt, Albelda, Arias, Fernando…

Acabas de publicar ‘Bronco y copero’, un libro donde recopilas muchos de los artículos de ‘El túnel del tiempo’, la sección que cada sábado escribes para ‘Las Provincias’, ¿cómo surgió la idea?
La idea era contar historias del Valencia C.F., mantener viva la memoria y recuperarla. Hay aficionados que viven el día a día y no conocen el pasado suficientemente y los que lo hemos vivido necesitamos que esas historias no se olviden. Los que estamos en la pomada, por decirlo así, creo que tenemos esta obligación de mantener la llama encendida.

Frecuentemente estos artículos parecen cuentos.
Me gusta darle ese aire casi de cuentos, porque los hace más atractivos. Resulta interesante cambiar el estilo y salir un poco de la norma general para contar los hechos del pasado. Además, procuro imprimirles un tono literario y me preocupo mucho de escribirlos correctamente, con los datos exactos, para no desfigurar la realidad.

Nos detenemos en la portada. Blanco y negro, muy evocadora. Di Stéfano, con el Millonarios, frente a Sendra en Mestalla. En aquella época, Di Stéfano y Kubala llegaron a jugar partidos amistosos vistiendo la camiseta del Valencia.
Así es y Didí también jugó con la camiseta blanca, igual que hubo jugadores del Valencia que lo hicieron con el Real Madrid y el F.C. Barcelona. Waldo participó en el homenaje tributado a Griffa en el Metropolitano y Paco Gento en el de Roberto Gil. En los años sesenta, el Valencia efectuó un viaje por México y Cardona, que era del Atlético de Madrid, se alineó con los valencianistas y en la temporada 1979-1980, de esto no hace tanto, Sempere formó parte del R.C.D. Español en una gira por Filipinas. Pero eran otros tiempos, hoy esto resulta impensable.

Hay muchas crónicas interesantes en el libro, como la de un 4 a 3 del Valencia al Barcelona el 19 de marzo de 1980, cuartos de final de la Recopa, un enfrentamiento que me pilló fuera y que no he podido ver completo.
Es que, como coincidía en la misma hora con otro partido de la Copa de Europa en el que intervenía el Real Madrid, el encuentro no se emitió íntegro sino a ráfagas. Lo que se encuentra en Internet, con comentarios de José Félix Pons, es lo que queda.

En uno de los artículos descubro que a Pedro Cortés le gustaba el Valencia uniformado con camiseta y medias blancas y pantalón negro.
Sí, decía que le recordaba a la selección de Alemania. Las medias se cambiaron para la final de Copa de 1999, ahora son negras. A mí me da igual, pero si le dices a un chaval de veinte años que has visto jugar al Valencia completamente de blanco te mira como si estuvieras mal de la cabeza.

Creo que ‘Bronco y copero’ es un magnífico libro de mesita de noche, de esos que se leen con sorbos cortos.
Desde luego. A mucha gente su lectura le proporcionará otra visión de cosas que vivió y no recuerda. Se puede leer a tu aire, sin orden, centrándote más en unos periodos que en otros. ‘Bronco y copero’ no te obliga a seguir un hilo narrativo, son relatos independientes.

Tu labor, y la de otros colegas tuyos, es encomiable. Sin embargo resulta triste que el Valencia C.F. no se haya ocupado de su propia memoria.
No sé porqué, pero se ha producido una notable dejadez en estos temas de archivo. Durante mucho tiempo el club ha vivido al día y luego ha sufrido cambios radicales, sin darle importancia a ese aspecto. Han hecho cosas pero sin vocación de continuidad. Ahora han creado un departamento de patrimonio histórico y, a partir de ahí, han recuperado material y la situación ha mejorado.

De aquella sala de trofeos que había antiguamente en las oficinas del club en Mestalla, ¿queda algo?
Lo conservan todo, pero desgraciadamente está disperso.

Cambiamos de tema. ¿No hubo forma humana de que nadie comprase el Valencia C.F. cuando salió a la venta?

El tema de la venta fue producto de la propia inercia de los acontecimientos y era imposible que de aquí surgiese un comprador. El único que podía hacerlo estaba claro que no lo iba a comprar. Y le comprendo perfectamente. El fútbol tiene una capacidad destructiva tremenda y para qué se iba a exponer a que le destrozase la vida.

Pero con el actual comprador da la sensación de que el club está dividido en dos: por un lado, el equipo y, por otro, el staff, la cúpula.
Los actuales propietarios contemplan el fútbol desde la óptica de lo que son. Creo que tienen como un cordón de aislamiento desde donde piensan que las decisiones las toman sólo ellos. Antes se podía influir en determinadas cuestiones, ahora ni en sueños.

Para la prensa española para que sólo existen Real Madrid y F.C. Barcelona, ¿tiene mejor cartel el Valencia C.F. en Europa que en su propio país?
Sin duda. En Europa, el Valencia tiene un nombre. Eso es innegable. El otro día hablé con dos periodistas, uno italiano y otro francés, que viven aquí, y para ellos el Valencia es uno de los grandes del fútbol español, que ha vuelto para recuperar el lugar que le corresponde.

Y en el año 2019, el Centenario.
El Centenario es un punto de inflexión, es la oportunidad de poner en valor todo lo que el Valencia significa y supone.

¿Habrá pronto un ‘Bronco y copero 2’?
En el acto de la presentación me lo preguntaron y dije que no me lo había planteado. La verdad es que no lo sé. Esperemos a ver cómo funcionan los más de noventa relatos que hay en el primer libro.

¿Pero tienes suficiente material?
Empecé a escribirlos en septiembre de 2014 y debo tener unos ciento veinte relatos, aproximadamente, si bien es cierto que algunos, por su carácter coyuntural, tal vez no encajen en un libro.

¿Has disfrutado con su escritura?
Sí, mucho, aunque para el libro sólo me he dedicado a corregir lo que ya tenía hecho. La verdad es que escribir los artículos me sirve de válvula de escape para evadirme del día a día, pero como son tantos he llegado a pensar que tal vez en algún momento se me secará la imaginación [sonrisa].

La última por hoy: tú ahora retransmites los partidos desde el estudio de CV Radio, ¿no echas de menos el ambiente de Mestalla?
Esa misma pregunta me la ha hecho mi mujer este mediodía. Llevo dos años sin pisar el campo y, aunque el año pasado, por lo mal que lo pasamos, me sentí aliviado de no estar allí, esta temporada sí que me apetecería acudir alguna vez a Mestalla.

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