|
|
|
Gabriel Ruiz-Ortega |
FIRMA DE OPINIÓN |
|
|
|
Crítica literaria | |
|
|
|
Gabriel Ruiz-Ortega nació en Lima, Perú. Tiene 28 años. Ha pasado por las aulas universitarias pero siente que ha aprendido más de los libros, el rock y el cine. Y sobre todo, de la incertidumbre. Como escritor tiene la inquietud de presentar a la memoria de los lectores una novela por año. Pese a los malévolos hackeos a sus cuentas electrónicas y su computadora, sus ganas siguen intactas y el desánimo está muy lejos de menguar sus proyectos. Es autor de la novela La Cacería, basada en los últimos meses a la caída del régimen dictatorial de Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos. Sólo escribe de lo que le gusta.
|
| |
|
| ÚLTIMOS 5 TEXTOS PUBLICADOS |
|
|
| "Lagartija sin cola", de José Donoso |
|
| El escritor chileno José Donoso (1924 – 1996) es autor de una obra que apunta a destilar, entre muchas cosas, muchísima frescura a las nuevas lecturas que hoy por hoy se realizan en torno a los escritores del boom latinoamericano, puesto que es tranquilamente uno de sus más insignes representantes, pese a que no se sabe el por qué jamás formó parte del cuarteto novelístico por excelencia, los caballitos de batalla que se encargaron de renovar con frescura y arrojo la lengua en castellano: Vargas Llosa, García Márquez, Fuentes y Cortázar. |
|
Donoso es autor de librazos como EL OBSCENO PÁJARO DE LA NOCHE, CORONACIÓN, EL LUGAR SIN LÍMITES, TRES NOVELITAS BURGUESAS y muchísimos más. Gran parte de su producción se solazó en la escritura de novelas, las cuales tenían la característica de exhibir una atmósfera cargada de sensualidad y una exploración temática que se regocijaba en el sentimiento de culpa. No es extraño, entonces, pensar que lo que escribía llevaba entre líneas una férrea crítica que no solo englobaba a cierta aristocracia chilena ida a menos, sino que esta apuntaba también a la mercantilización de los “sagrados” predios del arte y la literatura. HISTORIA PERSONAL DEL BOOM es el libro en el que puede conocerse a Donoso en estado puro, un libro de memorias con el que nos topamos con una inteligencia y sensibilidad que deja de lado la crítica velada que vemos en sus ya afamadas novelas, y por el que podemos entender la razón de la escritura de la novela LAGARTIJA SIN COLA y el por qué la abandonó, dejándola en su condición de borrador, la cual fue rescatada por su hija Pilar de los archivos personales que su padre vendió a la universidad de Princeton.
La presente edición de esta novela recayó en el reconocido crítico y excelente narrador peruano Julio Ortega. Vale anotar que Ortega es una persona que siempre ha desbordado entusiasmo por el boom latinoamericano, prácticamente los mejores trabajos sobre este fenómeno literario (y por qué no decirlo, también mercantil) se los debemos a él. Como bien se señala en el prólogo de esta novela, Donoso “eliminó varias páginas del comienzo, tachó unos párrafos luego, anotó algunas indicaciones, enmendó pocas frases y corrigió una que otra palabra. Buena parte del libro quedó sin corregir, en su estado de primera redacción”. Si uno leyera este prólogo, pues no sería sospecha pensar que estamos ante un proyecto fallido, sin embargo, a la luz de lo que se lee, no fue así, lo cual llevará a más de uno a preguntarse el por qué Donoso la dejó… Muchos se inclinan por la idea de que el chileno decidió abandonarla para abocarse a temas más acordes con el imaginario de su país. LAGARTIJA SIN COLA data de 1973, y basta tener en cuenta esta fecha para darnos cuenta de que se trataba de los años más fecundos de su producción, cosa que no hace otra cosa que no sea la de engrandecer la leyenda de su abandono puesto que es, a todas luces, una muy buena novela que nos reencuentra con una de las plumas del boom que goza de mayor frescura en las nuevas generaciones de escritores en castellana.
Armando Muñoz-Roa es un viejo pintor anacoreta que vive un auto exilio voluntario en un departamento de Barcelona. Desde su refugio marca una distancia con la sociedad, a la que en no pocas páginas del libro la califica de obsoleta y liviana. La novela, narrada en primera persona, puede ser leída también como un gran monólogo que se inmiscuye en la percepción, hoy en día ingenua, del sentido romántico del arte. De joven, Muñoz-Roa perteneció al movimiento informalista, del cual, a decir de no pocos, él era el que mayor dotes plásticas tenía y por ende era el de mayor proyección. Sin embargo, abandona todo, rompe con el movimiento cuando sabe que este empieza a ser carcomido con las leyes del mercado que desacralizan el genuino sentido que debería tener una labor artística, se decepciona de la poca entereza ética de sus compañeros de ruta incapaces de mantener firmeza interior ante las propuestas que les llegan de las principales galerías de Europa. Es por ello que Muñoz-Roa nos cuenta el cómo decidió a vivir al pueblo rural de Dors, el cual tiene casas de piedra que terminan por seducirlo. La llegada a Dors la hace en compañía de su prima, amiga y mujer Luisa, pero él es quien decide quedarse, tiene la idea de pasar el resto de su vida en ese pueblo aún no contaminado con los deshumanizadores avances del progreso. Los enfrentamientos con los pobladores del pueblo empiezan a darse cuando nota que algunos, los más influyentes, quieren convertirlo en un foco turístico que no tiene como fin el bienestar colectivo sino los pecuniarios intereses personales, lo cual asienta más el ya evidente desarraigo existencial de Muñoz-Roa.
Muñoz-Roa es una suerte de Pigmalion. De allí a pensar en un reflejo de lo que fue Donoso en vida no hay mucha distancia. LAGARTIJA SIN COLA contiene los grandes móviles de su poética, la cual se permitió tocar los tópicos más renuentes, regocijándose, por sobre todo, en la sensualidad de la palabra, en la búsqueda de la utopía que no tarda en estrellarse con la vil realidad y en la amoralidad de los placeres de la piel.
LAGARTIJA SIN COLA no está a la altura de las novelas antes mencionadas, sin embargo es menester manifestar que es extraordinariamente buena, lo cual nos una idea clara de la grandeza de un narrador a quien es preciso leer para disfrutarlo y aprender…Ahora, me permito una sospecha: Donoso fue un hombre de envidiable dimensión de trabajo, si su hija encontró esta novela en Princeton, pues no sería una locura pensar que deben existir otras que nos permitan conocer más de un escritor que lamentablemente no tuvo los reconocimientos justos en vida, y si estas obras existieran, pues queda más que demostrado que el llamado a cuidar de esas ediciones es Julio Ortega, lo hecho con esta novela es un claro ejemplo de la pasión y admiración canalizadas a través del rigor generoso.
Editorial: Alfaguara.
| | Jueves 8 de mayo de 2008 |
| | |
| "Índice de la nueva poesía americana", de Hidalgo, Huidobro y Borges |
|
| No hay estudiante de Literatura que alguna vez no haya escuchado, de algún catedrático experto en poesía, sobre esta antología secreta, tan mentada, y a la vez tan poco leída. Esta pertenece a la leyenda negra de los libros fantasmas, que uno escucha con deleite, y que en más de una ocasión justifica juergas interminables en bares sin nombre cerca de la universidad (con catedrático experto en poesía como anfitrión). Es que el ÍNDICE… tiene todos los visos para ser catalogada como negra, y no muchos, con sospechas razonables, dudaban de su existencia, asociándola al capricho de los históricos voceros oficiales de la poesía (en todo el mundo): los borrachitos de cantinas alfombradas de acerrín. Nadie había visto la antología, pero esta estaba allí, presente en ausencia, ya sea por la magnitud de sus antólogos, poetas claves en el devenir poético latinoamericano; o por los nombres que en sus páginas podemos encontrar. Basta revisar la lista de poetas consignados para darnos cuenta de que este es el libro referencial poético por excelencia. |
|
El polémico poeta peruano Alberto Hidalgo, fundador de la vanguardia peruana, se encontraba en 1919 viviendo en Buenos Aires. Era, como es de esperarse de alguien que hizo del panfleto un arte, un indomable bohemio que husmeaba la movida cultural en el centro artístico más estimulante de esa época. En Buenos Aires conoce a Borges, en ese tiempo el autor de “El Aleph” estaba muy entusiasmado con su onda “ultraísta” y entre cigarros y café acepta la propuesta de Hidalgo: realizar una antología que englobe las propuestas poéticas de vanguardia que estaban dándose en el continente de habla castellana. En el curso del acuerdo se suma el chileno Vicente Huidobro… Imagínense: tres poetas de renombre, encargados de la elaboración de la que aspira a ser la mejor antología del siglo. Pero el tiempo pasaba y las fricciones entre los tres empezaban a nacer, el peruano se queda mataperreando en la París latinoamericana, y el chileno y argentino, de la manito, se quitan a Europa, cruzan el charco en pos de mayores opciones, tanto literarias como personales.
Hay que ser justos, solamente Hidalgo es quien se encarga de la selección, setenta y dos poetas que mandaron sus mejores textos con muchísima incredulidad. Cuando el libro ya estaba listo, pues era necesario presentar el texto prologal, y después de algunos intercambios epistolares, se llega a la conclusión de que serían tres prólogos (vale señalar que las antologías se valen de sus prólogos, él éxito de estas yace en lo que en ellos se argumenta). Y siendo honestos, cada prólogo es digno candidato al premio del Capricho, llevado por la desmedida del ego y del exceso intelectual, prácticamente, cada uno hace alarde de su poética personal, sumado a que Borges y Huidobro ya estaban lejos, en sus procesos artísticos, de la primera intención de la elaboración de la antología: matar de una vez por todas al Modernismo…Los tres textos son pruebas fehacientes del auto-bombo o del auto-fellatio, siendo el de Alberto Hidalgo el más polémico, por su intención chocante (e irresponsable) como cuando justifica la ausencia de poetas bolivianos y paraguayos con argumentos tipo “…Bolivia no tiene representación en este libro debido a que en mis afanosos viajes por los mares del mundo no me he encontrado con sus costas. ¿Es que no existe? Del Paraguay sé que no existe ni de oídas la palabra arte. Allí solo se dan loros y yerbas mate. Prometo remendar las ausencias en futuras ediciones, si aparecen poetas por ahí, o si hay alguno que, demasiado tímido, no ha emprendido viaje a mi conocimiento”. Provocador, a todas luces.
ÍNDICE DE LA NUEVA POESÍA AMERICANA apareció en 1926, en Buenos Aires. Se editaron quinientos ejemplares, pero para ese año la vanguardia ya estaba en muere, nuevas propuestas eran las que llamaban la atención de los críticos y de los eternos borrachines de cantina. No hay un dato preciso del por qué esta no circulo como se debe, algunos barajan la idea de que se mandaron a incinerar, y los libros sobrevivientes fueron a parar en las esquinas de olvidados anaqueles de bibliotecas particulares. Y como el boca a boca es el mejor medio de difusión que puede tener un libro, este sonaba, más que nada por los nombres que en él figuraban, tales como César Vallejo, Leopoldo Marechal, Pablo de Rocka, Nora Lange, Pablo Neruda, Juan Parra del Riego, Magda Portal, Juan José Tablada y muchos más (obviamente, también los tres antólogos).
Esta antología es histórica. Por ello, no debe dejarse de soslayar el esfuerzo de los editores peruanos Walter Sanseviero y David Ballardo en la apuesta por este rescate que termina por desmitificar las habladurías de su no-existencia. Esta es, bajo todo punto de vista, la mejor publicación para la lengua castellana, en lo que a poesía se refiere, de estos primeros años del siglo XXI. Valió la pena esperar poco más de ochenta años para tenerla en manos.
Editorial: SUR.
| | Viernes 25 de abril de 2008 |
| | |
| “Muertos de amor”, de Jorge Lanata |
|
| Jorge Lanata (Mar de Plata, 1960) es un reconocido periodista argentino. A los 26 años fundó el diario Página 12, fue conductor de diversos programas televisivos y hace poco volvió a fundar otro diario, Crítica. Se quiera o no, Lanata es una voz influyente en la prensa latinoamericana. Ergo, una verdadera vaca sagrada del mundo de las informaciones, pero ahora abordaremos su último libro, la novela “Muertos de amor”, publicada a fines del 2007. |
|
“MA” intenta ficcionalizar los avatares del Ejército Guerrillero del Pueblo (EGP), formado por el periodista argentino Jorge Ricardo Masetti, quien, en 1960, entrevistó en Cuba a Ernesto Guevara, el “Che”, quedando seducido por las ideas revolucionarias, tan caras en esos años. El “Che” nombra a Masetti como su Comandante Segundo, y este se embarca en lo que a todas luces parecía ser una empresa destinada al fracaso, pero como el aura romántica siempre funciona en los movimientos guerrilleros, los óbices no hacían sino que cimentar aún más el carácter de cambio en pos de la justicia social. Masetti, entonces, redacta una serie de comunicados que tienen el objetivo de encontrar eco en los campesinos argentinos de Salta, una zona marcada por la extrema pobreza y el olvido del estado.
La novela es corta, Lanata se vale de una serie de recursos narrativos como la epístola, el comunicado, la entrevista y el testimonio para engarzar la historia de estos revolucionarios desde distintos puntos de vista. En ella no encontramos una voz omnisciente, pero sí una atmósfera llena de pesadez y fracaso, así la empresa esté signada por la mejor de las intenciones. Y es en esta atmósfera donde encontramos la crítica feroz de la novela: la sin razón de las guerrillas cuando estas son acicateadas por el entusiasmo, cuando quienes quieren cambiar el mundo no encuentran el sustento de la intención insurgente: el apoyo del pueblo. Es por eso que a medida que vamos conociendo los “avances” de esta guerrilla, el enemigo paulatinamente deja de ser el cuco imperialista, y adquiere cuerpo a través de una suerte de desconfianza entre los mismos integrantes del EGP.
Muchos ya han señalado la prosa arrolladora de la novela. Como dije, el autor es un reconocido periodista que tiene como sello de garantía una escritura cargada de reflexión y claridad: noo se la hace difícil al lector, es de aquellos que llevan a la práctica el tan difícil arte de la compleja sencillez. Sin embargo, “MA” deja, por momentos, la sensación de ser una edición de lo que es un gran reportaje, e indefectiblemente, sin querer, se convierte en la gran traba de la novela puesto que la estructura que utiliza Lanata no tiene el componente estético como para ser calificado de literatura. Aunque sabemos bien que, a estas alturas, la discusión que se regodea en la delgada línea que separa al periodismo de la literatura es de por sí interminable, pero aun así no hay que dejar de consignarla.
Editorial: Alfaguara.
| | Martes 8 de abril de 2008 |
| | |
| “El Conde de San Germán”, de Leonardo Aguirre |
|
| Leonardo Aguirre (Lima, 1975), como ya lo he escrito en el artículo “La narrativa de L. A.”, en este diario, es uno de los jóvenes escritores peruanos más conocidos. Es autor de los libros de cuentos “Manuel para cazar plumíferos” y “La musa travestida”. El mentado artículo intentó explicar la poética de este escritor, teniendo como bases estas dos primeras publicaciones. Pues bien, ahora nos compete su primera novela, publicada a fines del 2007, titulada “El Conde de San Germán”. |
|
“El Conde…” no nos ofrece una veta distinta a la ya recorrida por su autor: siguen los egos desmesurados de sus personajes, muy caricaturescos, por cierto; la apuesta formal; y el empleo de un feroz lenguaje artificial. En otras palabras, más, muchísimo más de lo mismo. Aguirre es el responsable de un proyecto narrativo que encadena toda su producción (hay un diálogo constante entre sus libros), tanto en estructura como en tema, y es imposible arriesgarnos a dar una opinión valorativa de su obra cuando con este tercer libro él no ha hecho otra cosa que la de seguir generando expectativa.
(Destaquemos este último aspecto puesto que hay quienes tienen, digamos, cinco libros publicados y siguen en las mismas. (Aunque es necesario decir que la literatura es como fútbol, nada está dicho hasta que te mueras.) Lo que fastidia es que existan ciertos narradorzuelos, dizque poetas y editores imaginarios que se arrogan cierta importancia cuando jamás en sus vidas han llamado la atención de la prensa, ni de la crítica.)
De Aguirre, como persona y escritor, pueden decirse muchísimas cosas, empero, lo que queda claro es que jamás ha pasado inadvertido, sus libros han sido comentados, reseñados, positivamente o negativamente, han tenido mucha resonancia; y su imagen ha estado de moda, por ejemplo: en el llanto de una escritora de novelas con tufillo de autoayuda que se quejó del maltrato literario del escritor (quien de vez en cuando la hace de crítico literario) vía televisión en hora punta; o como el haber recibido patadas y puñetes, en el auditorio de una universidad limeña, por parte de un escritor a quien no le gustó una reseña escrita por él.
Seguramente, se pensará que estoy cayendo en infidencias, en chismes, pero no consignarlo sería no destacar el motor, el acicate de todos sus libros, y en especial, estaría soslayando el alma de la novela “El Conde de San Germán”.
En “El Conde…” tenemos (para variar, hablando de egos desmesurados) a Leonardo Aguirre, el personaje, el protagonista, quien juega el rol de una suerte de Steve Coogan literatoso. El ficticio L. A. recibe en su refugio al reportero novato de una leidísima revista sabatina, a causa de la obtención un importantísimo premio literario. Para Aguirre, el autor, ya lejos de su rol ficticio de Coogan literatoso, este el pretexto idóneo para soltar toda la rienda en cuanto a los tejes y manejes del mundillo literario limeño, que si lo comparamos con otros ámbitos, pues no estaríamos ante una obra que adolece por su localismo, ya que en todo lugar, aparte de los libros publicados, siempre hay una historia oculta del por qué se premia a tal autor, del por qué determinadas reseñas y estafetas son descriptivas y otras no, del por qué se disfraza con los atuendos de las diferencias ideológicas, diversidades literarias y demás nomenclaturas las verdaderas razones de las distancias existentes entre grupos de escritores: mucha veces las causas son hormonales, y casi siempre obedecen a la más pura envidia.
Como dije líneas arriba, uno de los factores determinantes en esta peculiar poética es el uso de las estructuras, como nunca antes estas llegan a niveles vesánicos. La novela está compuesta por microhistorias al amparo de una suprahistoria que yace en el desenvolvimiento de un lenguaje artificial, falso, sin el cual, la novela carecería de frescura y contundencia.
En este aspecto, se refleja el manejo acertado al que ha llegado Aguirre en cuanto al andamiaje narrativo, muy superior a sus dos publicaciones anteriores. Sin embargo, se extraña muchísimo cierta “claridad” en el hilo argumental. Se puede apelar a toda clase de técnicas (recordemos que la novela, como género, ofrece libertad única), pero estas tienen que estar al servicio de un tronco argumental sólido, cosa que no se cumple del todo en “El Conde…” ya que hay varias microhistorias, a lo mejor acicateadas por el espíritu egocéntrico del autor, que reclaman protagonismo, y en algunos casos logran el cometido, reflejándose en el punto de quiebre de la continuación de la suprahistoria con contados, pero resaltantes, pasos en falso.
Obvio que una novela como esta saque roncha a no pocos, casi todos los personajes del mundillo literario limeño son parodiados, empezando por el ficticio L. A. No sorprende entonces que alrededor de ella exista un silenciamiento adrede, lo cual era de esperarse, pero lo que nadie negará es que a pesar de este óbice, la novela está en boca de muchos, o favorablemente o negativamente. En ese lado, Aguirre (el verdadero, no el Coogan) debe estar tranquilo porque lo peor que le puede pasar, ciñéndonos a su proyecto narrativo y a lo que él siempre ha mostrado de sí mismo, es que no se hable de lo que escribe, ni que no se tome en cuenta lo que haga o deje de hacer.
“El Conde…” es una novela divertida, hay pasajes cargados de humor corrosivo que nos recuerdan a no pocas páginas de “Manual para cazar plumíferos “, su mejor libro sin lugar a dudas. Y deja en la sensación del lector de turno de que lo mejor de Aguirre aún está por venir.
Editorial: Hormiga Editores.
| | Viernes 28 de marzo de 2008 |
| | |
| “Noches de cocaína”, de J. G. Ballard |
|
| Esta es una reseña que venía aplazando desde hace varias semanas (o mejor dicho, meses). Cuando estaba a punto de mandarla, me topaba con la posibilidad de escribir sobre otro libro, no por ello más o menos interesante que este corrosivo trabajo de Ballard, “Noches de cocaína”. |
|
Seguramente muchísimos asocien el nombre de este escritor desarraigado, en el pleno sentido de la palabra (nació en Shangai, de padres ingleses, y tras el ataque a Pearl Harbour toda su familia fue enviada a un campo de concentración japonés, tiempo después estudió en Cambridge, trabajó en Canadá y en la actualidad vive en Londres), con la adaptación de David Cronenberg de su novela “Crash”. Más allá de esta ligadura, pues es menester dejar por sentado de que estamos ante uno de los mejores novelistas de hoy, con una visión negra de la condición del hombre contemporáneo, la cual la ha canalizado en novelas de diversas temáticas, que mantienen un punto nervioso en la narración, con giros de contenido riquísimos, con personajes inclinados a la autodestrucción y atmósferas cargadas de tanatismo y sensualidad. Entre sus obras más conocidas tenemos a “Compañía de sueños ilimitada” (Premio British SF 1980), “Mitos del futuro próximo” y “La exhibición de atrocidades” (Premio Readercorn 1991), este último su mejor libro.
Seguramente, por el título de la novela que nos compete, se pensará que estamos ante un vivencial recuento de sexo, estupefacientes, noches interminables, mujeres lúbricas, hombres hormonales y demás. Pues bien, algo de eso hay, pero la novela es muchísimo más: Charles Prentice es un periodista que ve truncado sus viajes de trabajo para recalar en el balneario de Estrella de Mar, lugar habitado principalmente por ingleses que suelen pasar largas temporadas en medio de un paisaje idílico, y con harto tiempo para el ocio y la práctica de deportes. La razón de su llegada no es la escritura de una crónica o un reportaje. Se encuentra en ese lugar porque su hermano Frank está recluido en la cárcel a causa de la muerte de cinco personas en un pavoroso incendio provocado. Las investigaciones revelan que Frank no tuvo nada que ver en el siniestro, pero él decide autoinculparse ante la impresión atónita de todos.
Movido por este extraño comportamiento es que Charles se sumerge en el mundo diario de Estrella de Mar, y no demora en conocer a sus peculiares habitantes, quienes también están sorprendidos por la situación de Frank, y que a la vez hacen más de un intento por no revelar más del asunto a quienes quieran indagar. Pues bien, Charles, de a pocos, se topa con estos personajes signados por un acomodo vivencial envidiable. En esta línea tenemos a Bobby Crawford, personaje narcisista y fanático, en quien gira toda la trama de “Noches de cocaína”. Crawford es lo que podría llamarse una suerte de “la suma de todas las maldades”, por ello, es un imán de seducción andante que envuelve a todos los que directa o indirectamente han tenido contacto con él. Charles, para no despertar sospechas, decide interesarse por lo que Bobby quiere hacer para sacar del plácido marasmo a Estrella de Mar. La decisión parece ser acertada en un principio, pero sin darse cuenta, también es corroído, inconsciente e ingenuamente por lo que va descubriendo, en una suerte de viaje hacia los confines más tentadores, y en lugar de saber las causas que llevaron a su hermano a aceptar un crimen que no cometió, se adentra en las bases axiológicas que lo motivaron a ello, como si el aprovechamiento de un determinado acto del azar fuera más que suficiente para justificar algunas conductas que lindan con la vesania y el exceso…Esto es todo lo que puedo decir de la trama de la novela…
La narrativa de Ballard está sustentada en la despiadada introspección que realiza en sus personajes y en la creación de atmósferas que descansan en la descripción de los detalles, las cuales funcionan como símbolos, otorgándoles un por qué a situaciones que parecen anclar en la rutina de lo narrado. En “Noches de cocaína”, este par de cualidades son elevadas a la categoría máxima, en cada página podemos saber lo que sus protagonistas sienten y piensan: un video, unos zapatos, el color de un auto, las rayas de bikini de piel en una mujer, etc.
Sin embargo, lo que parece ser una virtud, en momentos llega a anclar la narración, por ello esta novela hubiera estado perfecta en cien o cientocincuenta páginas menos, pero un análisis más profundo nos permite concluir que el exceso en los detalles y la psicología es la única manera de poder sustentarla, llegándose a requerir del lector un “algo más” para seguir avanzando.
“Noches de cocaína” no está entre lo mejor de este gran escritor. Empero, esto no es un óbice para leerlo. La novela es muy buena por donde se la mire, y es casi un hecho de que su lectura nos llevará a indagar por lo anteriormente escrito. Lujo que solo se lo permiten los escritores de raza.
Editorial: Mondadori.
| | Martes 18 de marzo de 2008 |
| | |
| |
|
|
| |
|