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Francisco Rodríguez
Ver, juzgar y actuar
Francisco Rodríguez
¿Hay alguien que se ocupe del bien común?
No sé si la corrupción está comprobada de forma indubitable pues los procesos más ruidosos que se inician con actuaciones de desconocidos investigadores, amparados en unas determinadas siglas, al cabo del tiempo, de años de muchos años, resultan para los tribunales inconsistentes, viciados de las más elementales garantías procesales.

Cualquier procedimiento que se declara secreto, de inmediato es filtrado a los medios de comunicación y a los investigados, imputados, o como quiera que se les llame, se les impone la extrajudicial pena de telediario, su nombre es vilipendiado hasta la saciedad y cuando sale la sentencia todo se disuelve como un azucarillo, menos el sufrimiento de los afectados.

No recuerdo haber visto que se castigue a los investigadores que alentaron procedimientos fraudulentos, ni a los filtradores de los procesos, ni a los que se beneficiaron políticamente de la ruina moral, profesional y económica de los ciudadanos que sufrieron y sufren los desmanes de unos poderes sin control ni responsabilidad.

Lo que no necesita ninguna investigación, pues está a la vista, es el despilfarro de las distintas administraciones, que siempre acabamos pagando los sufridos ciudadanos. ¡Cuántas obras faraónicas a mayor gloria de capitostes y partidos políticos, que eran perfectamente prescindibles! Como he dicho más de una vez primero se hacen las obras y luego se piensan. Nada de estudios serios de la viabilidad de ningún proyecto.

En mi ciudad llevamos una década de obras para un metropolitano innecesario cuya inauguración se va aplazando y cuyo costo para el usuario, si llega a ponerse en servicio, será mucho más caro que los autobuses. Estoy seguro que el trenecito turístico que recorre la ciudad resulta rentable para su empresa mientras que el metropolitano será una ruina.

Pero ¿quién se preocupa del bien común? ¿Qué es eso del bien común? El estado autonómico que padecemos es ruinoso con tantos parlamentarios, consejeros, altos cargos y prebendas para el partido que gana las elecciones. Se habla de la reforma de la Constitución de forma evanescente porque la mejor reforma sería terminar con las ruinosas autonomías, pero ¿cómo van a renunciar los políticos al amplio y bien surtido pesebre del que disfrutan?

Quizás los ciudadanos tendríamos que dejar de votarles para hacerles saber que si no trabajan por el bien común no nos representan. Ya sé que esto no daría resultado. Quizás podríamos pedir que ningún político pudiera cobrar su substancioso sueldo mientras que la comunidad autónoma, diputación o ayuntamiento deba un solo euro. El despilfarro de la mala administración que repercuta sobre los administradores, lo mismo que si una empresa va mal es el empresario quien pierde su dinero.

El partido gobernante tiene la virtud de aguantar como un buzo bajo agua, pero sin resolver ningún problema. La economía de la que se ufana ¿mejora por su acción o simplemente porque estamos en una coyuntura favorable?

Del partido socialista, salvo su obsesión de desalojar a Rajoy de la Moncloa, desconocemos su programa, si es que lo tiene, aunque ello tampoco sería suficiente pues el PP tenía uno y se olvidó de aplicarlo cuando pudo hacerlo. De los partidos emergentes, el que capitaliza el odio, su influencia sería nefasta y el que se dice abanderado en la lucha contra la corrupción, quisiera saber cómo consiguió dar el salto a la política nacional, mientras que UPyD se hundía por falta de financiación.

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