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Francisco Rodríguez
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Algunas reflexiones para estos días de confinamiento y para toda nuestra vida

Aprendí los mandamientos de la ley de Dios recitándolos de corrido cuando estaba en la clase de párvulos, allá por los años 40. Hoy no sé si mucha gente se los sabe, si no llegaron nunca a aprenderlos o si los han olvidado por completo.

De acuerdo con el viejo catecismo de Ripalda el primer mandamiento decía: Amarás a Dios sobre todas las cosas. Pienso que la gente ama todas las cosas antes que a Dios. Muchos dicen que no creen Él, otros que son antiguallas y hasta algunos, que se la dan de filósofos, afirman que no hay más dios que el hombre en su devenir. Lo que me parece cierto es que nos hemos alejado de Dios y que Él no representa nada o casi nada en nuestras vidas.

Quizás ahora que vivimos confinados en nuestras casas y estamos descubriendo que hay muchas personas estupendas incluso entre nuestros vecinos, a lo mejor Dios vuelve a ocupar nuestros pensamientos. Os lo deseo a todos.

El segundo mandamiento decía: no jurarás por el nombre de Dios en vano. El juramento que era la expresión solemne de que decíamos la verdad lo hemos rebajado hasta hacerlo equivalente a prometer -¿juras o prometes?- Ha quedado relegado a los tribunales el juramento de decir la verdad, solo la verdad y nada más que la verdad. Quizás en la misma medida que hemos devaluado la idea de Dios también nos hemos devaluado nosotros y pocos creemos en la palabra de otro sino que exigimos papeles debidamente firmados ante notario.

El tercer mandamiento decía: Santificarás las fiestas, es decir, no trabajarás y ocuparás el día en hacer buenas obras y acudirás a oír misa. Hemos reducido este precepto a disfrutar de las fiestas. Lo de hacer buenas obras y oír misa pues ha quedado en poca cosa. A oír misa: solo a las de amigos y familiares difuntos las buenas obras casi nos preguntamos de qué obras se trata. También podíamos pensar en estos días en las personas aparcadas en una residencia, en un hospital o en su propia casa, que no reciben el afecto de nadie.

El cuarto mandamiento decía: honrarás padre y madre. Este precepto suponía una familia estable con un padre y una madre unidos, viviendo para sus hijos. Ahora, con muchos modelos de familia, muchas son simplemente parejas inestables, sin hijos o con un solo hijo. Hay pocas familias numerosas y poca convivencia de hermanos. Honrar a tus padres ya no pasa de sacar buenas notas y exigir dinero y comodidades. ¿Cómo es, de verdad, nuestra familia?

El quinto mandamiento decía escuetamente: no matarás, pero incluía a todos tanto a los niños por nacer como a los viejos enfermos. Hoy hemos llegado a la aceptación social del aborto y su legalización, también preparamos una despenalización de la eutanasia, mientras presumimos de respeto a los derechos humanos, cuando el primer derecho es el de la vida. Como no nos ha dado por matar a nadie a tiros o a puñaladas, este mandamiento parece no ir con nosotros.

Como la cuarentena se va a prolongar habrá ocasión de comentar los otros cinco mandamientos restantes.

Estamos en la semana llamada de pasión, buen momento para arrepentirnos de nuestros pecados y confesarlos para que Dios nos perdone. Todos los medios de comunicación nos dicen que estamos sacando lo mejor de nosotros mismos, cosa que no dudo, pero no podernos olvidar que somos pecadores y que hemos de morir y presentarnos ante Dios.

Artículos del autor

Después de todos los días que llevamos encerrados, y los que faltan, observo que está siendo una oportunidad para que salga a la luz lo que llevamos dentro, lo que en realidad somos.


Según la postura de cada cual el enemigo siempre es el otro. Para unos el malo de la película será Trump, para otros China, otros le echarán la culpa a los rusos y otros señalarán que desde Corea del Sur se siguen disparando cohetes y hasta llegará una niña mal encarada acusándonos a todos del cambio climático, de la desforestación del Amazonas o de las emisiones de combustibles fósiles.

En un alarde informativo sin precedentes los españoles podemos saber el número de personas contagiadas por el coronavirus en sus distintas fases, desde las que pueden haber cogido el virus en un viaje de estudios, en un vuelo, en un estadio o por haber tenido contacto con alguien que a su vez puede estar infectado o estar en cuarentena y hasta el número exacto de fallecidos por esta causa en cada comunidad, en cada provincia, en cada pueblo.

Este año ha sido bisiesto, el mes de febrero ha tenido 29 días. Seguramente que todo el mundo sabe esto, pero quizás sea bueno recordar algunas cosas, como por ejemplo que sea febrero el que tiene 28 días y cada cuatro años 29.

Según se cuenta, el entonces Presidente del Gobierno Adolfo Suarez, viendo que la voluntad autonómica española era imparable dijo lo de “café para todos” y fue aprobado el Estatuto Andaluz.El gobierno de la UCD pensaba que el proceso sería más lento, al menos en Andalucía, pero la solución salomónica de Suarez nos llevó a que se formara una sola Comunidad Autónoma con las ocho provincias andaluzas.Un político granadino de aquellos momentos dijo, en petit comité, que si hubiéramos sabido lo que iba a pasar, Granada podía haber luchado por formar otra comunidad con Almería, Málaga y Jaén pues íbamos a terminar absorbidos por Sevilla, como así ha pasado, aunque nos dieran como premio de consolación ubicar en Granada el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía.El texto del Estatuto andaluz consta, nada menos que de 250 artículos, bastantes más que la Constitución Española, y su gobierno ha sido disfrutado sin interrupción por el partido socialista, desde los lejanos tiempos de Rodríguez de la Borbolla y Alfonso Guerra hasta la reciente coalición del Partido Popular, Ciudadanos y VOX.Durante tan largo periodo de tiempo nos han administrado desde Sevilla tanto los palacios de la Alhambra como las pistas de esquí de Sierra Nevada.Andalucía ha sido un fructífero semillero de votos para el partido socialista ya que al tener una extensa agricultura la política agraria común de Europa (PAC) estimó que para elevar su nivel de vida, que era el más bajo de España, necesitaba ayudas que se canalizaron como Planes de Empleo Rural (PER) y fondos de formación cuya realización, aparte de una deficiente administración que sigue rodando por los tribunales, facilitaba el control de la población rural, o no rural, que a través de los ayuntamientos facilitaba la acreditación de jornadas para la percepción de la prestación del desempleo agrario.Para dar cierto lustre al Estatuto éste empieza con un preámbulo en el que se reivindica la figura de Blas Infante como “padre de la patria andaluza”, un notario que, al parecer, terminó convirtiéndose al Islam, y que en 1883 intervino en la Constitución de la primera república española, la federal, que terminó con más pena que gloria.También el Estatuto andaluz recoge de Blas Infante la bandera blanca y verde y el escudo con la leyenda: “Andalucía por sí, para España y la Humanidad” aprobados ambos por la Asamblea de Ronda de 1918 y el himno publicado por la Junta Liberalista de Andalucía de 1933 en tiempos de la II República. El himno dice cosas que, como andaluz, me dejan perplejo, pues comienza diciendo que la bandera blanca y verde vuelve, tras siglos de guerra, a decir paz y esperanza a la gente de esta tierra.

El fue el que dio acceso a los ciudadanos de menor categoría, que habían estado apartados del gobierno y el que estableció el sistema de remunerar con dietas a los jurados, a los miembros del Consejo y a los funcionarios designados por sorteo, consecuencia necesaria del principio según el cual las clases desheredadas debían participar en las funciones de gobierno, pues sin una compensación por el jornal que se dejaba de percibir, hubiera sido aquél un derecho ilusorio.

Los mayores, los viejos como yo, nos sentimos confusos, bastante perdidos con las cosas que ocurren y no entendemos, mientras que recordamos con cariño lo que vivimos de niños.

En el evangelio de San Lucas, Jesús cuenta a sus discípulos la parábola de un hombre rico que decide despedir a su administrador porque estaba derrochando sus bienes, pero éste urde una estratagema para que los deudores de su amo lo acojan y el amo felicita a este mal administrador por la sagacidad con la que había procedido y Jesús añade que los que pertenecen a este mundo son más sagaces con su gente que los que pertenecen a la luz.

 
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