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Francisco Rodríguez
Ver, juzgar y actuar
Francisco Rodríguez
No parece que esté teniendo mucho éxito: siguen muriendo mujeres
Desde hace algún tiempo, tanto los diarios como los noticiarios parecen haber incluido una sección fija dedicada a la violencia de género, en la que repiten varias veces cualquier hecho relativo a que una mujer ha sido asesinada por un hombre.

A pesar de la campaña permanente en la que se invita a las mujeres a denunciar los malos tratos, el número de asesinatos no parece descender, por lo que quizás debían replantear la cuestión y también la ley que se dictó sobre el asunto.

No creo que se trate de que exista una propensión innata a matar a las mujeres con las que se ha convivido. Debe haber causas que determinen que, lo que empezó como una relación de pareja, tenga un desenlace tan funesto.

También habría que observar la frecuencia del acoso escolar y las relaciones entre los alumnos de distinto sexo. La orientación sexual que, al parecer, se imparte en los colegios es una mera información de cómo practicar sexo sin riesgo de embarazo. Antes de terminar la enseñanza secundaria no sé cuantos serán los alumnos que no hayan tenido relaciones sexuales completas con los compañeros y compañeras.

Por otro lado, el fácil acceso a la pornografía y el intercambio de imágenes eróticas a través de las redes sociales crean un ambiente hipersexualizado al alcance de la gente joven.

Ni en la casa ni en el colegio se promociona el respeto entre los sexos ni la fidelidad en las relaciones. Por supuesto que hablar de castidad como dominio de sí mismo ni se menciona.

¿Qué puede haber pasado para que la relación termine en un crimen? Decir que se trata del machismo, palabra que parece explicarlo todo, pero que en mi opinión no explica nada. Se abomina del resultado, un asesinato, pero no se averigua lo que haya pasado entre ellos. Si no se actúa sobre las causas no habrá manera de terminar con las consecuencias.

En muchos casos hay hijos por medio, victimas del odio en que se haya transformado algo que comenzó como amor, o más bien como amorío. Es fácil compartir momentos de placer pero resulta más difícil aceptar las consecuencias de nuestros actos, sobre todo si la unión solo tenía como objetivo el placer pero ningún proyecto de vida en común, ninguna promesa de fidelidad.

Romper una relación de común acuerdo puede darse, ¡hasta se ha facilitado el divorcio exprés!, pero si no hay matrimonio no hay divorcio ni se llega a pactar nada respecto a obligaciones. La ruptura no es consensuada, habrá reproches y exigencias de todo tipo y el arma que se ha puesto en manos de las mujeres: ¡te denunciaré por malos tratos y verás cómo te detienen! Se desata la espiral de violencia, cada uno busca el daño del otro y todo se va al traste. ¿Hay o no denuncias falsas por malos tratos? Esto no se airea demasiado.

Creo que la aberrante ley de violencia de género que eliminó el viejo aforismo de que a quien acusa corresponde la prueba, debía de ser revisada en profundidad a la vista de los resultados y formar a la juventud para la vida, en lugar de limitarse a informarles para el sexo.

Artículos del autor

Hay cursos de preparación para todo, pero que todos sirvan para algo está por ver, pero estoy seguro de que no existe ningún curso que nos prepare para la vejez, que cada vez será más larga y en la que los cambios serán tan rápidos que no habrá manera de asimilarlos, quizás tan solo sufrirlos.
Estamos soportando a través de las redes sociales un diluvio de declaraciones sobre el conflicto catalán.
Parece haberse conjurado el intento de Cataluña de constituirse en estado independiente y digo parece porque puede ocurrir que vuelvan a intentarlo en otra ocasión, con la experiencia que hayan acumulado de este episodio fallido.
Aunque se dice que la democracia la inventaron los griegos, lo cierto es que solo hará unos doscientos años que comenzó a instaurarse en el mundo occidental, aunque de forma bastante imperfecta.
Hoy quizás debería escribir algo sobre los problemas de Cataluña o sobre los voraces incendios de Galicia, pero pienso que sobre todo ello hay mucha gente que escribe sesudos artículos o exabruptos incomprensibles.
He vuelto a hojear el libro que Lipovetsky escribió hace veinticinco años con el título “El crepúsculo del deber” que lleva como subtítulo: “La ética indolora de los nuevos tiempos democráticos” y la realidad confirma todas sus apreciaciones.
En cualquier conflicto la primera víctima es la verdad. Antonio Machado dijo con gran sabiduría: ¿Tú verdad? no, la verdad; y ven conmigo a buscarla. La tuya guárdatela.
La inteligencia debe estar muy bien repartida ya que casi nadie se cree tonto, aunque todos estemos de acuerdo en que el número de idiotas es infinito.
 
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