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Francisco Rodríguez
Ver, juzgar y actuar
Francisco Rodríguez
Algo positivo es que haya perdido la señora Clinton
Como no soy norteamericano no tuve que elegir entre Trump y Clinton, pero desde la distancia me alegro de que Hilaria Clinton, que se las daba de ganadora, haya perdido las elecciones.

Si de Trump no sé lo que podrá hacer como gobernante, de la Clinton sí, seguro que hubiera continuado su cruzada por el aborto, apoyando todas las consignas de los grupos de presión que quieren reducir la población del planeta y terminar con la familia.

Con eufemismos como preservar la salud sexual y reproductiva de las mujeres comenzaron por introducir los preservativos y los anticonceptivos por todo el mundo, pero si luego continuaron imponiendo el aborto como derecho de las mujeres y obligación de los gobiernos, está claro que no sirvieron los preservativos ni los anticonceptivos para evitar embarazos. El anuncio liberador ha sido: si el concebido te estorba lo matas.

Desde que comenzó la cruzada anticonceptiva, financiada por poderosos laboratorios, la sexualidad se convirtió en algo banal, intrascendente, mero consumo de placer sin responsabilidad. Por ello ni los preservativos ni los anticonceptivos podían resolver el problema que ellos mismos habían creado, había que dar un paso más: legalizar el aborto y dar vía libre a todas las tendencias sexuales, erigiendo el sexo en elección personal al margen de la biología.

Si de una relación sexual, sin compromiso ni futuro, surge una nueva vida, se la elimina. En el ejercicio de otras variadas tendencias sexuales no se produce la concepción, pero si quieren niños pueden adoptarlos o fabricarlos de encargo.

De esta deriva monstruosa la señora Clinton era una abanderada, como protectora de esa organización abortista y comercializadora de fetos llamada Planned Parenthood, que no planifica la familia sino que la destruye y que ha venido recibiendo sustanciosas ayudas del Sr. Obama.

Por ello si el nuevo presidente consigue frenar esta deriva anti-familia y anti-vida, bienvenido sea.

A este lado del Atlántico el triunfo del Sr. Trump no parece haber sentado nada bien. Los medios de comunicación ya andan imaginando un impeachement que le arrebate la presidencia. El que haya salido un resultado diferente al que esperaban no parece ser digerible por quienes se creen en posesión de la verdad.

En Europa una diputada ha tenido la brillante idea de hacer una lista negra de aquellas organizaciones que se declaren pro-vida y pro-familia. A quienes estamos por la defensa de la vida y la familia puede que tengamos que llevar la estrella amarilla de infausta memoria.

En España, que siempre quiere quedar como más progresista que nadie, también está empeñada en mantener todas las medidas que puso Rodríguez Zapatero: matrimonio gay, aborto, divorcio exprés a las que varios gobiernos autonómicos han añadido el adoctrinamiento infantil en la ideología de género y la presidenta de Madrid ya anda multando a los que se oponen a que se les diga a los niños que hay niñas con pene y niños con vulva.

No sabemos si los partidos, que ahora andan de congresos, tienen una ideología clara, unos valores que defender. El Sr. Ruiz Gallardón ha confesado que su partido viene actuando por cálculos electores y no en defensa de los valores de la derecha. ¿Existe realmente una derecha?

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