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Diego Vadillo López
Diego Vadillo López
En “Conspiraciones” pone de manifiesto las más turbias añagazas obradas en nuestra política reciente
Es “Conspiraciones” (Espasa, 2017) un libro en el que Jesús Cintora nos traslada, con magistral técnica periodística, las más intrincadas y escabrosas añagazas desarrolladas en el subsuelo de la política patria, esas que, a la postre, son las que han ido apuntalando el estado de las cosas que nos viene adornando desde 2014 y que vendría a culminar con la reelección de Rajoy.

El de Cintora es un libro con tesis clara, la cual va quedando dilucidada a través de la exposición de una serie de circunstancias cuyo encadenamiento, una tras otra, ha coadyuvado a la mencionada permanencia de Mariano Rajoy al frente del Gobierno de España.

En efecto, nada cuelga del vacío celeste, y que Mariano Rajoy siga gobernando el país pese a la sombra de turbios escándalos que lo planea junto a mucha de la cúpula del PP (de hoy y otrora) se explica más por el desacierto de sus oponentes que por los méritos del susodicho, que meramente se vino limitando a medir los tiempos en tanto que los de enfrente se asestaban pérfidas puñaladas de sinrazón.

Cintora enumera expositivamente el devenir de unos acontecimientos atisbados desde la trastienda en la que se tejen las componendas en que se sustentan las relaciones de poder.

“Conspiraciones” es una crónica a su vez conformada por cincuenta y seis crónicas en las que quedan secuenciados los principales momentos, de entre los sobrevenidos desde 2014, en que nuestros distintos actores políticos obraron vigorosamente mas sin prurito constructivo alguno, sino más bien con la mera intención de obtener ciertas cuotas de poder, y no precisamente para gestionar los intereses del grueso de la ciudadanía (resignada ya a la asunción del papel de convidada de piedra). A lo largo de los capítulos queda constatada la pérdida del horizonte real de su función operada en el ímpetu de los dedicados a la política, perdidos en bregas absurdas en las que, como decimos, emplean una energía que le es restada a la gestión honorable de la cosa pública. Sin duda, tamaño desgaste, infligido a sí mismos mediante la denodada lucha por el poder, los tiene que acabar por sustraer de la cumplida atención a la función pública para la que se habrían postulado.

La perspectiva panorámica que ofrece este volumen le otorga la opción de convertirse, con el correr de los años, en un libro de historia en el que quien incursione podrá obtener una imagen diáfana de este lapso temporal, tan controvertido, de la vida política española.

A través de la muestra de los resultados de numerosas pequeñas pesquisas relacionadas con acontecimientos mediáticamente sonados, “Conspiraciones” nos ofrece una muy acabada perspectiva de lo acaecido en los entornos partitocráticos y parlamentarios.

La mezcla de maquiavélicas estratagemas con la irremediable “ley de hierro de las oligarquías”, en un contexto de profusa y espuria circulación informativa, nos ofrece el cóctel de la política occidental de nuestros días. En lo tocante a España, Cintora deja apuntadas una serie de escaramuzas que no son privativas de una única formación: se refiere a las luchas entre “pablistas” y “errejonistas” (“los ‘pablistas’ alertan al líder de que Errejón está haciéndose demasiado fuerte en la organización mientras él permanece en Bruselas”, p. 39), entre “susanistas” y “sanchistas” (“Susana Díaz le ha enseñado los dientes a su secretario general, como antes lo hizo con otros. Ella es una constante lucha por el poder”, p. 208), entre los partidarios de Sáenz de Santamaría y los de Cospedal (“El caso Soria es calificado por el entorno del presidente como una batalla más por la sucesión dentro del Ejecutivo y del PP. En privado, Soria señala directamente a Sáenz de Santamaría como una de las personas que está maniobrando en su contra, amplificando además el escándalo mediante sus buenas relaciones con los medios de comunicación”, p. 204)… También se apuntan las presiones de determinados poderes fácticos de entornos aledaños a la política (cfr., por ejemplo: “El 22 de diciembre, el Consejo Empresarial de la Competitividad, que reúne a diecisiete de los empresarios más importantes de España, traslada a la prensa, citando ‘fuentes de las grandes compañías’, que desean cualquier coalición formada por el PP, el PSOE y Ciudadanos. No especifican qué tipo de alianza. En la misma línea, varios relevantes hombres de negocios hacen llegar su inquietud a la dirección socialista”, pp. 74-75). Asimismo, se observa claramente cómo las autonomías son utilizadas como moneda de transacción que condicionan la estatal gobernabilidad en un “si tú me apoyas aquí, yo haré lo propio allá”.

Otra evidencia que me ha llamado la atención leyendo “Conspiraciones” es la concepción de la política como un nido de ineptos, en el que incursionan gentes incluso sin estudios superiores y cuyo único empleo ha estado en el partido de marras o directamente en las instituciones, a las que poco o ningún bagaje previo pueden aportar. Verónica Pérez, es claro ejemplo: “Lleva desde los catorce años en las Juventudes Socialistas. Estudió Económicas, pero dejó la carrera para dedicarse a la política. A quien nunca ha abandonado es a Susana Díaz y, salvo los cargos que ha ocupado por ser del Partido Socialista, nunca ha tenido otra actividad profesional. A los dieciocho años ya era secretaria de Organización del PSOE en San Juan de Aznalfarache” (p. 363).

La intransigencia de unos y otros actores es otra de las claves esgrimidas en este libro (“Los negociadores de Podemos salen de esa reunión con la sensación de que los consideran chavales. Los socialistas, que los podemitas están en otra realidad”, p. 179). Y otra, la capacidad estratégica del Rajoy, a quien Cintora se refiere como “de hoja perenne”: “después de treinta y cuatro años en política, Rajoy está dispuesto a ser de hoja perenne. O algo así como un ‘Turritopsis nutricula’, ese hidrozoo hidroideo que es el único ser biológicamente inmortal. Un estratega frío y calculador, con apariencia entre ignorante y pasota, pero que por dentro se ríe de sus futuras víctimas. Sin alharacas. Esto sí, muy seguro del hábitat en el que desempeña su plan. Masticando pacientemente el terrible destino de sus adversarios” (p. 145). Otro ejemplo lo aporta el hecho de que situase a su íntima Ana Pastor en la presidencia del Congreso para jugar a placer con los plazos: “Pastor será determinante para Mariano. Con su gran amiga presidiendo la Cámara, no habrá problemas para que el líder del PP cuente con los plazos que le resulten más apropiados para presentarse al debate de investidura. Mariano quiere que el PSOE le ceda la abstención y antes esperará a que Sánchez se cueza. Hasta entonces, Ana no debe convocar la votación para elegir al nuevo presidente, aunque se fuercen las normas, si es preciso” (p. 289). También queda explicitado el peso de las filias y las fobias ente adversarios y/o correligionarios: el despecho de Iglesias a IU por no llevarlo en sus filas a las europeas tiempo ha; el de Rajoy a Sánchez por llamarle a la cara “indecente”; el resquemor de Borrell por ser en su momento abocado a dimitir de un cargo al que, como a Sánchez, le habían aupado las bases, etc.

Son muchos los ingredientes que el lector hallará en el libro que nos ocupa, si bien en su mayor parte desapacibles. Uno de los pasajes que más chispeantes resultan de “Conspiraciones” es ese en el que, hacia el final, se nos traen los aconteceres que acabaron con la defenestración de Pedro Sánchez. El capítulo “Ejecución Federal” queda a caballo entre el “spaghetti western” y el sainete, la tragedia grotesca, mejor. De hecho, Cintora nos da cuenta de algunos de los elementos que Muñoz Seca empleaba en este subgénero: (1) una atmósfera populachera en la que la ligereza expresiva marca la pauta (“Hay voces que gritan ‘¡que te calles ya!’, otros exclaman ‘¡fuera!’”, p. 378); (2) empleo de vulgarismos y de frases “achuladas” (“Allí se escuchan, provenientes de los dos bandos, expresiones como ‘tonto’, ‘que te calles’, ‘sinvergüenza’, ‘vete a casa ya’…”, p. 379; “Otros le preguntan a Luena: ‘¿Qué coño habéis hecho?”, p. 382), e incluso se viven situaciones de intensa carga dramática: “Se arma un enorme revuelo. Juan Cornejo se va a por Sánchez, aunque lo frenan” (p. 381), y el tal Cornejo para más inri luce un aspecto “charlesbronsoniano”, de tipo duro curtido en mil batallas… Y terminada la refriega, los malogrados socios publicaron en Twiter sendas lamentaciones sin reconocer sus respectivas cuotas de responsabilidad en la debacle izquierdista (cf. p. 383).

Otro de los ingredientes que hacen de la lectura de este tomo de 390 páginas algo ágil y ameno, sin duda es el estilo con que Jesús Cintora relata los hechos entre los que se encuentran los que aquí venimos refiriendo. El autor se muestra ponderado, no entrando a valorar los acontecimientos que atrae a la letra impresa; expone paladinamente los aconteceres y, además de entreverando con cierto gracejo algunos guiños lúdico-humorísticos, ameniza la narración mediante el uso de ciertos juegos de palabras y demás retóricos ardides: en la página 321 se refiere así a la expresividad facial de Albert Rivera: “Una decisión así, en la cara de Rivera, puede ubicarte más que el Google Maps”. Por ejemplo, hace uso del contraste en el siguiente pasaje: “Desde allí vivirá cómo muere el hombre que le decía ‘no es no’” (p. 360). En la página 378 hay un claro y aliterador imperio del fonema “s” que genera una atmósfera fonéticamente vaporosa y bisbiseante, muy propicia para la conspiración. En el pasaje que traemos también hay recurrencia del fonema “f”: “Se han sentado en el patio, en unas sillas altas, delante de unas mesas, y bajo unas sombrillas. En una de ellas pone ‘Fuensanta’. El ‘fumadero’ de Ferraz es lugar para conspiraciones, para buscar adeptos antes de que haya fumata blanca. Sánchez ha subido al despacho”. En la página siguiente hallamos otro cúmulo de recursos estilísticos: “A la hora en que normalmente estarían comiendo, aquí solo se comen unos a otros”. A la derivación (“comiendo”, “comen”) se une la antropófaga hipérbole lexicalizada. También se recurre a una dilogía en la página 387: “El partido está partido…”. Otro acumulado de recursos lo tenemos en el siguiente pasaje: “Rodeado de escándalos de corrupción, Rajoy afirma que ‘el PP no es un fin, sino un medio para la sociedad española, una herramienta’. Como ese martillo que rompía los ordenadores de Bárcenas. Asunto por el que la ‘herramienta’ está imputada” (p. 388). Hay dos prosopopeyas, pues se personifica a los “asuntos de corrupción” y a la “herramienta”; además, una metáfora que identifica al partido con una herramienta, que a su vez es comparada con “el martillo…”.

Tales ejemplos ponen de manifiesto un espíritu risueño, que es el que se le adivina a Cintora, quien además ha puesto en evidencia muchos de los males de que está aquejada nuestra política. Ciertamente, visto lo visto y leído lo leído, creo que viene muy a cuento acabar este artículo enunciando las paráfrasis que Rajoy hiciera hace tiempo de Romanones: “¡Joder, qué tropa!”.

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