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Amy Goodman
Columna de opinión
Amy Goodman
Todos los países del mundo se encuentran reunidos esta semana en Bonn, Alemania para debatir los pasos a seguir para la implementación del acuerdo de París, un pacto mundial alcanzado hace dos años para combatir el cambio climático. Todos los países… excepto Estados Unidos. Esta es la primera cumbre sobre cambio climático de alto nivel de las Naciones Unidas en realizarse desde que el presidente Donald Trump anunciara el pasado 1º de junio que iba a retirar a Estados Unidos del acuerdo. Otros dos países que no se habían suscrito al acuerdo hasta el momento, Nicaragua y Siria, ahora lo han hecho. Esto deja a Estados Unidos solo en el mundo, como el único país que se niega a tomar medidas para combatir el cambio climático. Pero cuando se trata de establecer políticas sobre el cambio climático, así como sobre el cuidado de la salud, los impuestos y, con suerte, hasta la guerra, Trump no tiene los mismos poderes dictatoriales que los líderes mundiales autoritarios a quienes tanto admira. Hay una fuerza más poderosa: el pueblo unido en un movimiento masivo. Este movimiento multifacético de estadounidenses que sí se preocupan por el cambio climático está muy presente en Bonn y le está haciendo saber al mundo, tal como indica su lema, que “Seguimos adentro del acuerdo”.

Una delegación oficial de Estados Unidos se encuentra en Bonn. Para consternación de Trump, a pesar de que el acuerdo de París es un documento voluntario y no un tratado vinculante, aun así el proceso para retirarse del mismo lleva cuatro años. En las cumbres anteriores, el enviado especial de Estados Unidos para el cambio climático daba conferencias de prensa con frecuencia. Y aunque varias personas en todo el mundo criticaron el papel de Estados Unidos en las conversaciones sobre el clima durante el período de Barack Obama, al menos se reconocía la existencia del cambio climático provocado por los seres humanos y hubo un compromiso con algún tipo de solución. Cómo pueden cambiar las cosas en un año. La delegación oficial del gobierno de Trump programó una única sesión pública formal durante toda la cumbre, cuyas actividades se extienden durante dos semanas. Democracy Now! participó de la cobertura del foro, que resultó ser justo lo que se podía esperar de un evento sobre cambio climático organizado por el gobierno de Trump.

Cientos de personas esperaban en fila para ingresar al salón y había una fila aparte para los periodistas. Mientras filmábamos la escena, un funcionario de la embajada de Estados Unidos tapó el lente de nuestra cámara con la mano. Las cosas no se veían bien. Al entrar, nos dejaron acorralados en la parte posterior de la sala, mientras que los invitados selectos ocupaban los asientos reservados de la primera fila. Antes de que la delegación oficial hiciera acto de presencia, dos gobernadores demócratas entraron sin previo aviso y se dirigieron a la prensa para condenar el espectáculo de la negación del cambio climático que estaba a punto de producirse.

El gobernador de Washington, Jay Inslee, secundado por la gobernadora de Oregón, Kate Brown, declaró: “Pueden dar esta noticia desde Bonn. Mientras Donald Trump intenta venderles tecnología obsoleta a un mundo implacable y a una ciencia implacable, la tercera mayor economía del mundo está trabajando activamente en la creación de empleos en el sector de las energías limpias. Y esa es la Alianza por el Clima de Estados Unidos, y estoy orgulloso de liderarla. Esto no es más que una distracción. Es algo pasajero. El mundo no está prestando atención, porque no va a escuchar a alguien que afirma que el cambio climático es un invento”. Los gobernadores Inslee y Brown vinieron a la cumbre de Bonn junto con decenas de otros funcionarios electos estadounidenses (alcaldes, gobernadores, senadores y otros) para organizar actividades y manifestar la resistencia popular a la retirada de Trump del acuerdo de París. Tras la declaración, los dos gobernadores se fueron, y la delegación oficial llegó.

El panel, moderado por Francis Brooke, asesor del vicepresidente Mike Pence, y George David Banks, asesor especial del presidente para energía y medio ambiente internacional, estaba integrado por representantes de las industrias del petróleo, gas, carbón y energía nuclear. Mientras pronunciaban sus predecibles sermones en torno a la necesidad de sus destructivos sectores energéticos, tres cuartas partes de la sala se levantaron al unísono, se pusieron de espaldas al panel y comenzaron a cantar una canción tan popular como patriótica, “God bless the U.S.A. / Proud to be an American” (“Dios bendiga a Estados Unidos / Orgulloso de ser estadounidense”, en español), de Lee Greenwood, cambiando la letra para convertir la canción en una sátira contra los combustibles fósiles:

“Dicen ser estadounidenses
pero vemos su avaricia con claridad.
Están matando al mundo entero
por ese dinero que el carbón da.
Nosotros, orgullosamente, nos ponemos de pie
hasta que ustedes lo dejen en el suelo…”


Afuera, cientos de personas a las que no les permitieron entrar al pequeño salón coreaban a voz en cuello en solidaridad. Después de que los manifestantes se marcharan y los panelistas terminaran sus peroratas, logramos hacerles una simple pregunta a cada uno: “Responda sí o no, ¿usted apoya la decisión de Donald Trump de retirarse del acuerdo de París?”. La defensora de la energía nuclear dijo que no estaba de acuerdo con Trump, al igual que el empresario de la industria del gas natural, un ex funcionario del gobierno de Obama. El ejecutivo de la industria del carbón, representante de la multinacional Peabody Energy, se negó a responder. El lobista de la industria del petróleo y el gas dijo que sí, que apoyaba la retirada de Trump, mientras que Brooks y Banks declararon que trabajaban para el presidente, por lo que, por supuesto, apoyaban su decisión.

La salida de Estados Unidos del acuerdo de París es una catástrofe, sin duda. Sin embargo, ha inspirado un abarcativo torbellino de activismo climático, con miles de empresas, universidades, grupos de fe, funcionarios y representantes electos, grupos estudiantiles y destacadas figuras estadounidenses que han asumido el compromiso de combatir el cambio climático. Ante las bravuconadas de Trump y todos sus tuits, esta puede ser la consecuencia más importante de su negación del cambio climático.

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