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Desmantelada en Toledo una plantación subterránea de marihuana de 300 metros cuadrados

Agencias
@DiarioSigloXXI
lunes, 5 de octubre de 2020, 13:48 h (CET)

MADRID, 05 (SERVIMEDIA)


La Policía Nacional ha localizado en una finca del Cerro de los Palos (Toledo) una plantación subterránea de marihuana de 300 metros cuadrados, que es la mayor encontrada hasta ahora por este cuerpo de seguridad.


Según informó la Policía, la plantación estaba oculta en un enorme zulo bajo tierra que se comunicaba con el exterior a través de diferentes orificios de entrada y salida. El habitáculo escondía un sofisticado laboratorio con 1.022 plantas de cannabis.


Como responsables de esta plantación han sido detenidos cuatro varones, uno menor de edad, de un clan familiar de origen rumano. Están acusados de los delitos de tráfico de drogas y defraudación de fluido eléctrico.


La sofisticada y costosa instalación, las medidas de seguridad adoptadas y la elevada cantidad de sustancia estupefaciente intervenida, indican que la intención de los arrestados era dedicarse a la distribución de marihuana a gran escala. De haber continuado con su actividad ilícita, este laboratorio hubiera reportado a los detenidos una cosecha que podría oscilar entre los 150 y los 200 kilogramos de cogollos de marihuana.


FUERTE OLOR


Los arrestos se produjeron después de que a principios del mes de septiembre investigaciones paralelas que se estaban llevando a cabo en las comisarías de Ciudad Real y Alcázar de San Juan revelaban la posible existencia de un nuevo cultivo de cannabis, de grandes dimensiones, que se había instalado en Toledo en agosto.


Así, en apenas veinte días, los agentes localizaron el lugar exacto en el que se ocultaba el cultivo ilegal. Se trataba de una finca situada en el paraje del Cerro de los Palos, muy próximo a la capital toledana, en la que residía un clan familiar de origen rumano. Aunque a simple vista no había nada en la finca que hiciera evidente la existencia del cultivo, ni se divisaba construcción alguna que pudiera albergarlo, se detectó un fuerte y característico olor a marihuana.


Cuando accedieron a la propiedad para realizar el registro, autorizado judicialmente, se localizó un orificio en el terreno, semioculto bajo cartones, palés de madera y cajas, a través del cual se accedía a un zulo. El habitáculo era de aproximadamente 300 metros cuadrados y tenía un sofisticado laboratorio para el cultivo intensivo de cannabis, que obtenía la energía eléctrica para funcionar, a pleno rendimiento, a través de dos conexiones ilegales a la red pública.


La excavación, realizada a cuatro metros bajo tierra, escondía 1.022 plantas de marihuana en diferentes fases de crecimiento, algunas de las cuales estaban ya listas para ser recolectadas. Además, este primer habitáculo estaba conectado con una segunda estancia en la que estaban instalando la infraestructura necesaria para ampliar el laboratorio y que conectaba con otra salida, situada al otro extremo de la finca.


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